
Para comprender el fenómeno del cambio climático y como este afecta a los animales marinos, un equipo de investigadores, dirigido por Brad Seibel, profesor y experto en fisiología marina de la Universidad del Sur de Florida, investigaron un evento ocurrido hace 20 años en California. En ese entonces, unos calamares gigantes, que históricamente viven en latitudes más tropicales, aparecieron en cantidades récord cerca de la costa. Estos voraces comedores se dieron un festín con merluza, pez roca y otras especies comercialmente importantes, interrumpiendo la cadena de suministro local. En ese momento, no había una razón clara de por qué sucedió, y los científicos establecieron que los calamares llegaron debido a una combinación de cambio climático y sobrepesca.
En lugar de que el cambio climático causara la migración, un evento de El Niño llevó temporalmente agua más cálida a la costa. Esto puede considerarse como un modelo de cambio climático de corta duración. La temperatura del agua permitió a los calamares expandir su área de distribución hacia el norte, donde pudieron aprovechar nuevas fuentes de alimentos, a pesar de que había muchos alimentos en las regiones tropicales.
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Este evento, llevó a que el grupo de investigadores, analicen más a fondo las respuestas de diferentes animales al calentamiento de los océanos en un artículo recientemente publicado en Nature Climate Change
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“Los migradores verticales, organismos que se desplazan por el océano, se oponen a la narrativa básica, que se basa en gran medida en estudios de animales costeros. A medida que los océanos continúan calentándose, es probable que los migradores verticales, los cuales viven en zonas tropicales como los calamares, expandan su hábitat hacia el norte. Esto no significa que necesariamente abandonen sus zonas tropicales nativas. No era que no tuvieran suficiente oxígeno o que hacía demasiado calor para ellos más al sur; antes del evento de El Niño, hacía demasiado frío para ellos en el norte”, comentó Seibel.
Las especies costeras experimentan un suministro bastante constante de oxígeno en aguas bien mezcladas con la atmósfera, en comparación con los migradores verticales, que viven en la profundidad durante el día. Allí es frío y oscuro, y hay menos oxígeno. Estos, viajan hacia la superficie relativamente cálida del océano por la noche para comer, donde el oxígeno es abundante y es más seguro buscar alimento.
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“Este estudio es un buen ejemplo del hecho de que las conclusiones que a menudo sacamos de organismos bien estudiados y fáciles de capturar pueden no ser ciertas para la mayor diversidad de especies y estilos de vida que se encuentran en los océanos”, indicó Matthew A. Birk del Departamento de Biología de la Universidad Saint Francis en Pensilvania, Estados Unidos.
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Los investigadores concluyeron que las tasas metabólicas de los migradores verticales se vieron afectadas por la temperatura entre 4 y 5 veces más que la mayoría de las especies costeras. Por ejemplo, cuando los calamares están en profundidad no hacen mucho, pero cuando migran a aguas menos profundas para comer sus tasas metabólicas aumentan significativamente.
Al incorporar los efectos de la temperatura en las tasas metabólicas de los migradores en sus modelos, los científicos descubrieron que el cambio climático ampliará el hábitat disponible hacia el norte y el sur entre 10 y 20 grados de latitud al final del siglo. “Realmente necesitamos profundizar en la fisiología animal y comprender mejor las formas en que varias especies evolucionan y se adaptan a las condiciones ambientales. La narrativa básica en los últimos años ha sido que a medida que el océano se calienta y pierde oxígeno, los animales que se encuentran en él serán expulsados de su hábitat nativo y se trasladarán a aguas más frías en latitudes más al norte. Pero esto es una simplificación excesiva”, concluyó Seibel.
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