
El ingenio científico puede sorprender por sus caminos, sus métodos y sus conclusiones. Sin embargo, más allá de las curiosidades que atraen al público, las ironías, casualidades y errores han llevado históricamente a detectar soluciones sustanciales para problemas severos. Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de California, han podido producir anticuerpos contra la proteína espiga del SARS-CoV-2 en huevos de gallina, según un estudio publicado en la revista Viruses.
“Se necesitan con urgencia intervenciones efectivas para mitigar los efectos de COVID-19 y probablemente se requieran múltiples estrategias -señaló Rodrigo Gallardo, profesor de medicina avícola del Departamento de Salud y Reproducción de la Población de la Facultad de Medicina Veterinaria de Universidad de California-. Las terapias con anticuerpos extraídos del huevo son una estrategia escalable y de bajo costo para proteger a las personas en riesgo de la infección por SARS-CoV-2″.
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Con entusiasmo, Gallardo indicó al momento de presentación de la investigación que “se pueden producir muchos anticuerpos en las aves. Además de la alternativa económica que significa producir estos anticuerpos en gallinas, se pueden poner a tono con las nuevas variantes muy rápido mediante el uso de antígenos actualizados para hiperinmunizar a las gallinas, lo que permite la protección contra las variantes actuales”.

Los científicos trabajaron con un tipo de anticuerpo llamado IgY que producen las aves, comparable a la IgG en humanos y otros mamíferos. El IgY no causa alergia ni desencadena reacciones inmunitarias cuando se inyecta en personas. Aparece tanto en el suero de las aves como en sus huevos. “Como una gallina pone alrededor de 300 huevos al año, se puede obtener grandes cantidades de IgY”, afirmó Gallardo.
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El equipo de trabajo, para llevar adelante la investigación, inmunizó gallinas con dos dosis de tres vacunas diferentes basadas en la proteína espiga o el dominio de unión al receptor del SARS-CoV-2.
Midieron los anticuerpos en muestras de sangre de las gallinas y en las yemas de huevo tres y seis semanas después de la última inmunización. Los anticuerpos purificados se probaron para determinar su capacidad de bloquear el coronavirus para que no infecte células humanas en el Centro Nacional de Biodefensa y Enfermedades Infecciosas de la Universidad George Mason en Virginia. Tanto los huevos como los sueros de las gallinas inmunizadas contenían anticuerpos que reconocían el SARS-CoV-2.
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“Los anticuerpos del suero fueron más efectivos para neutralizar el virus, probablemente porque hay más anticuerpos en la sangre en general”, concluyó Gallardo.

Otra ventaja del uso de IgY en aplicaciones humanas es que se tolera bien y se puede administrar por vía oral. Además, no se une a los factores reumatoides de las personas; por lo tanto, reduce el riesgo de reacciones inflamatorias como efecto secundario del uso de anticuerpos producidos en diferentes especies.
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Estas características hacen que la IgY de gallina sea una fuente prometedora de nuevas terapias para enfermedades virales humanas como COVID-19, además de las estrategias de vacunación ya en aplicación.
Junto a su equipo, Gallardo está trabajando con colegas de la Universidad de Stanford y de la Universidad de Tecnología de Sydney, para desarrollar la tecnología de anticuerpos a base de huevo.
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El equipo espera implementar estos anticuerpos en un tratamiento preventivo, como un aerosol, que podría ser utilizado por personas con alto riesgo de exposición al coronavirus. “La aparición de nuevas variantes más prevalentes ya ha resultado en una reducción de la eficacia de las vacunas actuales, por lo que es fundamental monitorear de cerca la evolución del SARS-CoV-2 para garantizar que la administración de anticuerpos profilácticos dirigidos contra el COVID y que mantengan su eficacia. Este hallazgo parece ser un camino confiable”, concluye Gallardo.
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