
Luego de las múltiples investigaciones en torno al COVID, los especialistas saben que, ante la infección con el virus, éste interactúa con todas las membranas del organismo. Ingresa a las células, rediseña las membranas internas en vesículas de doble membrana (DMV) y regiones de membrana contorneada (CM) para facilitar su replicación. Este patrón de conducta de reordenamientos de membrana es común entre los virus de ARN de cadena, aunque las estructuras específicas varían según la especie.
Ahora, una nueva investigación realizada por especialistas de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón y el Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico del Departamento de Energía reveló que el virus que causa el COVID-19 toma el control masivo del sistema de procesamiento de grasa del cuerpo, creando depósitos celulares de grasa que le permiten al virus secuestrar la maquinaria molecular del cuerpo y causar enfermedades.
Después de que los científicos descubrieran el importante papel de la grasa en la conducta del virus, usaron medicamentos para bajar de peso y otros compuestos dirigidos a la grasa para tratar de detener su progresión en el cultivo celular. Separado de su combustible graso, el virus dejó de replicarse en 48 horas. Los autores del artículo, de reciente publicación en Nature Communications, advirtieron que los resultados están en cultivos celulares, no en personas. Aún queda mucha más investigación pendiente para ver si tales compuestos son prometedores para los diagnosticados con COVID. Pero los científicos, califican el trabajo como “un paso significativo hacia la comprensión del virus”.

El equipo se embarcó en el estudio basándose en las observaciones de que las personas con un índice de masa corporal alto y condiciones como la enfermedad cardiovascular y la diabetes son más sensibles a la enfermedad.
Estudió el efecto del SARS-CoV-2 en más de 400 lípidos en dos líneas celulares humanas diferentes. Los científicos encontraron un cambio masivo en los niveles de lípidos, con algunas grasas aumentando hasta 64 veces. En una línea celular, casi el 80 por ciento de las grasas fueron alteradas por el virus; en el otro, se cambiaron niveles de poco más de la mitad.
Los lípidos más afectados fueron los triglicéridos, cruciales para la salud, ya que permiten almacenar energía y mantener membranas saludables en las células. Esto también es crítico para el virus COVID. “Los lípidos son una parte importante de cada célula. Literalmente nos mantienen unidos al mantener las células intactas y son una fuente importante de almacenamiento de energía para nuestros cuerpos -explicó Jennifer Kyle, científica biomédica del Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico (PNNL) que se especializa en la medición de lípidos-. Son un objetivo atractivo para un virus. Cuando necesitamos energía, las células descomponen los triglicéridos en materia prima útil: tres ácidos grasos que contiene cada molécula de triglicérido”.

El equipo descubrió que el SARS-CoV2 no solo aumenta la cantidad de triglicéridos en nuestras células. El virus también cambia gran parte de nuestro sistema de procesamiento de grasa, modificando la capacidad del cuerpo para utilizar la grasa como combustible. Los científicos fueron más allá y observaron los efectos de 24 de las 29 proteínas del virus en los niveles de lípidos. El minucioso trabajo de laboratorio se realizó en OHSU y luego las células se enviaron a PNNL para su medición y análisis.
El equipo identificó un puñado de proteínas virales cuyo efecto sobre los niveles de triglicéridos fue particularmente fuerte. Con base en los hallazgos, los especialistas buscaron en las bases de datos e identificaron varios compuestos que podrían tener el potencial de alterar el sistema de procesamiento de grasa del cuerpo.
Varios demostraron ser efectivos para detener la replicación del virus en el laboratorio. De hecho, un medicamento para bajar de peso aprobado, Orlistat, un inhibidor de la lipasa, detuvo la replicación viral. Un compuesto experimental conocido como GSK2194069 también detuvo el virus. Estos y otros compuestos funcionaron contra todas las variantes de SARS-CoV2 probadas: alfa, beta, gamma y delta.
“A medida que el virus se replica, necesita un suministro continuo de energía -completó Tafesse, cuyo equipo también ha observado cambios en los lípidos como resultado del virus Zika y el VIH-. Más triglicéridos podrían proporcionar esa energía en forma de ácidos grasos. Pero no sabemos exactamente cómo el virus usa estos lípidos para su beneficio. A la luz de la naturaleza evolutiva del SARS-CoV-2, es fundamental que comprendamos la biología básica de su ciclo de vida para iluminar vías adicionales de protección y terapia contra este patógeno pandémico global, que se propaga rápidamente y muta con facilidad”, concluyó.
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