
A medida que la pandemia por COVID-19 avanzaba, los especialistas comenzaron a ver cuadros de lo que luego denominaron COVID prolongado, long COVID o síndrome post COVID. Se trata, ni más ni menos, de afectaciones en órganos que van más allá del sistema respiratorio y que son propias del cuadro inflamatorio sistémico que provoca el SARS-CoV-2 en el organismo.
Estudios realizados en este tiempo llegaron a reconocer más de 200 síntomas, entre los que se destacan embotamiento, lentitud mental, pérdida de memoria, niebla mental, confusión o esfuerzo excesivo para lograr recordar algo, así como también están quienes refieren cuestiones físicas como fatiga, tos persistente y taquicardia, entre otros.
Y dado que otros trabajos dieron cuenta de que “se produjo al menos un síntoma de secuela en el 50,1% de los sobrevivientes del COVID-19, hasta 12 meses después de la infección”, los expertos coinciden en asegurar que “las secuelas físicas y mentales a largo plazo son un problema de salud pública cada vez mayor”.
Ahora, una nueva revisión de estudios publicada en la revista revisada por pares Current Medical Research and Opinion reveló que las mujeres son “significativamente” más propensas a sufrir de COVID prolongado que los hombres y que, además, experimentarán síntomas sustancialmente diferentes.

Los investigadores de la Oficina del Director Médico del Equipo de Salud de la Mujer de Johnson & Johnson, que llevaron a cabo el análisis de datos de alrededor de 1,3 millones de pacientes, observaron que las mujeres con COVID prolongado presentan una variedad de síntomas, incluidos problemas de oído, nariz y garganta, trastornos del estado de ánimo, neurológicos, cutáneos, gastrointestinales y reumatológicos, además de la típica fatiga.
Los pacientes masculinos, sin embargo, eran más propensos a experimentar trastornos endocrinos como diabetes y trastornos renales.
“Se observaron diferencias desagregadas por sexo para las secuelas de COVID-19 y el síndrome de COVID prolongado -señalaron los autores en la publicación de sus conclusiones-. Pocos estudios de COVID-19 informan datos desglosados por sexo, lo que subraya la necesidad de más investigaciones/informes sobre la enfermedad de COVID-19 basados en el sexo”.
Para los investigadores, “el conocimiento sobre las diferencias sexuales fundamentales que sustentan las manifestaciones clínicas, la progresión de la enfermedad y los resultados de salud de COVID-19 es crucial para la identificación y el diseño racional de terapias efectivas e intervenciones de salud pública que sean inclusivas y sensibles a las posibles necesidades de tratamiento diferencial de ambos sexos”.
Y al momento de analizar los motivos de sus hallazgos, refirieron que “las diferencias en la función del sistema inmunitario entre mujeres y hombres podrían ser un factor importante de las diferencias sexuales en el síndrome de long COVID”. “Las hembras desarrollan respuestas inmunitarias innatas y adaptativas más rápidas y robustas, que pueden protegerlas de la infección inicial y la gravedad. Sin embargo, esta misma diferencia puede hacer que las mujeres sean más vulnerables a enfermedades autoinmunes prolongadas”, aseguraron.

Para la revisión, los investigadores restringieron su búsqueda de artículos académicos a los publicados entre diciembre de 2019 y agosto de 2020 para COVID-19 y entre enero de 2020 y junio de 2021 para el síndrome de COVID prolongado. El tamaño total de la muestra que abarca los artículos revisados ascendió a 1.393.355 individuos únicos.
Si bien la cantidad de participantes parece grande, sólo 35 del total de 640.634 artículos en la literatura proporcionaron datos desglosados por sexo con detalles suficientes sobre los síntomas y secuelas de la enfermedad COVID-19 para comprender cómo las mujeres y los hombres experimentan la enfermedad de manera diferente.
Aun con sus limitaciones, los autores señalan que esta síntesis de la literatura disponible se encuentra entre las pocas que desglosan las condiciones de salud específicas que ocurren como resultado de enfermedades relacionadas con COVID por sexo. Muchos estudios examinaron las diferencias de sexo en la hospitalización, el ingreso en la UCI, el soporte de ventilación y la mortalidad. Pero la investigación sobre las condiciones específicas causadas por el virus y su daño a largo plazo en el cuerpo fue poco estudiada en lo que respecta al sexo.
El documento también señala factores que complican la situación y que merecen un estudio adicional. En particular, las mujeres pueden correr un mayor riesgo de exposición al virus en ciertas profesiones, como la enfermería y la educación. Además, “puede haber disparidades en el acceso a la atención basadas en el género que podrían afectar la historia natural de la enfermedad, lo que generaría más complicaciones y secuelas”.
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