
Desde que empezaron a recuperarse los primeros pacientes que contrajeron SARS-CoV-2, mucho se habló sobre las consecuencias a largo plazo que dejaba la infección en la mayoría de quienes la habían padecido.
Es lo que aquellos que los especialistas dieron en llamar como COVID prolongado, long COVID o síndrome post COVID se trata, ni más ni menos, de afectaciones en órganos que van más allá del sistema respiratorio y que son propias del cuadro inflamatorio sistémico que provoca el SARS-CoV-2 en el organismo.
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Con el devenir de la pandemia se vio, además, que muchas personas se veían afectadas en su salud mental, siendo el embotamiento, la lentitud mental, pérdida de memoria, confusión, o la llamada “niebla mental” las principales manifestaciones.
Ahora, un metanálisis completo y actualizado de las consecuencias y secuelas para la salud de los sobrevivientes del COVID-19 concluyó que “las secuelas físicas y mentales a largo plazo son un problema de salud pública cada vez mayor” y reconoció que “existe una incertidumbre considerable sobre su prevalencia, persistencia y predictores”.
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Para estudiarlo, investigadores realizaron búsquedas en PubMed, Embase y Cochrane Library hasta el 30 de septiembre de 2021 e incluyeron estudios observacionales que informaron la prevalencia de secuelas del COVID-19.
Analizaron un total de 151 estudios con 285.407 participantes de 32 países y hallaron que “se produjo al menos un síntoma de secuela en el 50,1% de los sobrevivientes del COVID-19 hasta 12 meses después de la infección”.
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Las conclusiones de la investigación fueron publicadas en la revista Nature y dan cuenta de que las secuelas más comunes incluyeron anomalías en la tomografía de pulmón (en el 56,9% de los casos) y pruebas de función pulmonar anormales (45,6%). Esas consecuencias de la infección fueron seguidas de síntomas generalizados, como fatiga, síntomas psiquiátricos -principalmente depresión- y síntomas neurológicos, como déficits cognitivos y deterioro de la memoria.
El análisis de subgrupos mostró, además, que los participantes con un mayor riesgo de secuelas a largo plazo eran mayores, en su mayoría hombres, que vivían en un país de altos ingresos, con un estado más grave en el momento de la infección aguda.
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Así, vieron que las personas con infección grave sufrieron más trastornos del sueño, déficits cognitivos, deterioro de la concentración y disfunción gustativa, mientras que los sobrevivientes con infección leve tenían una alta carga de ansiedad y deterioro de la memoria después de la recuperación.
“Nuestros hallazgos sugieren que después de la recuperación del COVID-19 agudo, la mitad de los sobrevivientes todavía tienen una gran carga de secuelas físicas o mentales hasta por lo menos 12 meses. Es importante proporcionar una gestión de intervención y prevención urgente y adecuada para evitar secuelas persistentes o emergentes a largo plazo y promover el bienestar físico y psiquiátrico de los sobrevivientes de COVID-19″, resaltaron los investigadores en la publicación de sus conclusiones.
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Para los autores del trabajo, “comprender la carga de salud a largo plazo del COVID-19 es esencial para permitir la identificación y el tratamiento oportuno de los pacientes afectados y la asignación adecuada de recursos de atención médica”.
Las investigaciones de epidemiología longitudinal y seguimiento descubrieron una gran variedad de secuelas a largo plazo en los sobrevivientes de la pandemia de COVID-19, y el presente estudio destacó que “en ausencia de un tratamiento efectivo, la persistencia de estas secuelas puede causar un sufrimiento crónico o incluso permanente en los sobrevivientes de COVID-19, afectando negativamente su calidad de vida y retrasando el regreso al trabajo de quienes estaban en edad laboral”.
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Debido a la naturaleza novedosa de la pandemia de COVID-19, todavía están surgiendo evidencias de secuelas a largo plazo. Teniendo en cuenta que el SARS-COV-2 está en el mismo clado de beta-coronavirus que el SARS-CoV-1 y el MERS-CoV, es posible que algunos de los problemas crónicos que enfrentan los sobrevivientes del SARS y el MERS también se apliquen a los sobrevivientes del COVID-19.
En ese sentido, estudios previos habían demostrado que se identificó que los sobrevivientes del SARS tenían un estado de salud y una capacidad de ejercicio notablemente más bajos un año después de la enfermedad aguda, y el 24% todavía experimentaba una capacidad de difusión pulmonar disminuida en ese momento. Mientras que otro estudio de seguimiento de 15 años de sobrevivientes de SARS indicó un tiempo de recuperación de dos años después de la rehabilitación para el daño intersticial pulmonar y el deterioro funcional para resolver.
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Asimismo, se demostró que las enfermedades físicas crónicas aumentan el riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos, por lo que las secuelas a largo plazo en cualquier sistema del cuerpo pueden afectar aún más la salud mental de los sobrevivientes.
A diferencia que lo que ocurre con los otros coronavirus, la pandemia de SARS-CoV-2 está en curso, por lo que existe incertidumbre sobre la prevalencia relativa de los diferentes síntomas, su duración y los factores que los predicen.
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