
El norte argentino sufrió un proceso catastrófico de defaunación como resultado de tres actividades: la deforestación, la caza y la ganadería. Esta zona estuvo cubierta por una masa continua de bosques subtropicales caracterizados por una gran diversidad biológica que se extendían desde las selvas de montaña o Yungas de Salta, Jujuy, Tucumán y Catamarca hasta los bosques del Chaco Seco y Chaco Húmedo de las provincias de Chaco, Formosa, Santiago del Estero y Corrientes, alcanzando la Selva Paranaense o Mata Atlántica de Misiones. A esta zona la llamamos el Corredor del Yaguareté.
En la actualidad, solo persisten unos pocos fragmentos degradados y empobrecidos de esta gran extensión boscosa que, además, continúan siendo severamente reducidos y su fauna diezmada, en especial en la región chaqueña donde se verifica una de las tasas de deforestación más elevadas del mundo. La extinción total o local de especies clave, en particular de grandes mamíferos y aves, es el corolario de los estragos causados por el ser humano en esta región.
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El yaguareté, depredador tope en este ecosistema, era abundante en el norte argentino y numerosos viajeros han dejado testimonio de su presencia. Uno de los relatos más extraordinarios es el de los hermanos Leach, quienes mencionaron haber visto “no menos de veintisiete tigres en tres días” a la altura de lo que hoy es el Parque Nacional El Impenetrable, mientras navegaban el río Bermejo en el año 1899.
Hoy, en la Argentina subsisten entre 200 y 250 yaguaretés, de los cuales entre 80 y 100 se encuentran en la Mata Atlántica de Misiones. Esta subpoblación, intensamente monitoreada, ha incrementado sus números en los últimos años gracias a los esfuerzos de conservación del Gobierno de Misiones, de la Administración de Parques Nacionales y de organizaciones no gubernamentales como el Proyecto Yaguareté y Red Yaguareté. Otros 100 a 120 individuos habitan las Yungas de Salta y Jujuy y su tendencia poblacional es desconocida; por último, una serie de campañas de monitoreo sugieren que el yaguareté se encuentra casi extinto en la región chaqueña, con menos de 20 individuos presentes en toda su extensión.
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La conectividad entre estas subpoblaciones y con poblaciones de países vecinos se encuentra parcialmente comprometida; la situación más compleja se observa en la subpoblación misionera con un importante grado de aislamiento que ha resultado en una notable estructuración genética. Por el contrario, la subpoblación de las Yungas está aún conectada con las poblaciones bolivianas y la subpoblación chaqueña podría estar conectada hacia el norte con Paraguay y al oeste con las Yungas.
“Para recuperar la conectividad entre los yaguaretés que habitan la Mata Atlántica y las Yungas deben restaurarse poblaciones intermedias en la región chaqueña. Con este fin se han concebido los proyectos que llevamos adelante con esta especie en Iberá y en El Impenetrable y que podrían extenderse a otros parques nacionales, incluyendo El Rey en Salta o Copo en Santiago del Estero, y provinciales como Loro Hablador y Fuerte Esperanza en Chaco”, sostuvieron desde la Fundación Rewilding Argentina, un grupo de conservacionistas y activistas unidos por el respeto por el valor intrínseco de todas las especies que trabaja hace más de 20 años en la protección y restauración de los ecosistemas naturales de nuestro país.
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Y añadieron: “Es importante señalar, sin embargo, que el número actual de áreas protegidas en el Corredor del Yaguareté es insuficiente para asegurar la conectividad entre subpoblaciones y que es urgente crear nuevos parques nacionales y provinciales de gran tamaño donde puedan reintroducirse núcleos poblacionales de yaguareté. Estas nuevas áreas podrían implementarse en los bañados del río Dulce en Santiago del Estero (que se continúan en Córdoba) o los bañados del Quirquincho en Salta”.
Para Sofía Heinonen, bióloga y directora de la Fundación, “el primer desafío que presenta la reconstrucción de la gran población de yaguaretés que históricamente habitó el norte argentino es tener territorios grandes sin amenazas para el yaguareté, es decir parques en donde no se cace, no haya ganadería y que haya muchas presas para que pueda alimentarse. Los parques del norte de Argentina son pocos y chicos. Íbera es la única excepción donde se puede soñar con una población grande. Impenetrable es el otro lugar pero hay que trabajar en bajar amenazas y proteger la orilla norte del río Bermejo”.
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Mientras se avanza con la creación de nuevas áreas para restaurar la presencia del yaguareté, se debe trabajar para que las cuatro subpoblaciones actuales de Mata Atlántica, Iberá (en proceso de ser establecida), Chaco y Yungas se conecten a través de corredores fluviales a lo largo de grandes ríos como el Bermejo, Pilcomayo, Paraguay y Paraná. Para que esto sea posible es fundamental ampliar la protección de las riberas para evitar los desmontes, que actualmente están prohibidos por la Ley de Protección de Bosques Nativos en una franja de apenas cien metros de ancho en cada margen.
En la actualidad es casi imposible que las cuatro subpoblaciones existentes de yaguareté intercambien individuos debido a las grandes distancias que las separan y a la interrupción de los corredores mencionados en varios tramos por barreras infranqueables para la especie como ciudades, represas, carreteras y amplias zonas desmontadas para agricultura y ganadería. Por este motivo es necesario reemplazar la dispersión natural con translocaciones para reintroducir (como en Iberá) y suplementar (como en El Impenetrable) poblaciones, además de incrementar la variabilidad genética (como en la Mata Atlántica de Misiones) cuando sea necesario.
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“En segundo lugar, se presenta como un gran reto cambiar la percepción negativa que tienen los ganaderos dado su rol ecológico clave en el ecosistema y en la cultura de los pueblos originarios. También lo es parar los desmontes para sostener la biodiversidad de los ecosistemas y tener corredores donde estos grandes mamíferos puedan dispersar hacia lugares resguardados (parques naturales)”, subrayó Heinonen en diálogo con este medio.
“En la misma línea -continuó-, readecuar las reglamentaciones de la provincia y nación para poder restaurar la vida silvestre a tiempo es un enorme desafío. Todo impide que se pueda translocar o reintroducir yaguaretés. La leyes de fauna son viejas y estaban hechas para impedir el movimiento de animales entre provincias y países, y solo se permitían en caso de que fuera con destino a zoológicos. Y por último, generar nuevas economías vinculadas al turismo de naturaleza o fijación de carbono y productos de monte a partir de saberes culturales, cosecha de frutos, chauchas, etc. que no implique desmonte o caza”.
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Si bien reconstituir la gran población de yaguaretés que históricamente habitó el norte argentino implica un gran desafío que puede ser abordado aplicando estrategias y herramientas, la situación de la nutria gigante, depredador tope de los sistemas de agua dulce asociados a las masas boscosas del norte, es aún más preocupante. La nutria gigante, históricamente abundante en numerosos cursos y cuerpos de agua mayores de la cuenca del Plata, se encuentra extinta en Argentina; los últimos grupos familiares de la especie fueron registrados en la zona del arroyo Uruguaí, Misiones, en la década de 1980.
“Dentro de la cuenca del Plata la nutria gigante hoy solo sobrevive en la región del Pantanal y, al igual que con el yaguareté, nos hemos propuesto reintroducir esta especie en Iberá y en El Impenetrable. Los ríos Bermejo, Paraguay y Paraná representan importantes corredores para la nutria gigante, como lo sugiere la aparición de un individuo macho en 2021 en el sector del río Bermejo del Parque Nacional El Impenetrable”, sostienen los especialistas.
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Estos corredores acuáticos podrían tener un rol fundamental a la hora de favorecer la recolonización del norte argentino por esta especie, a partir de núcleos familiares reintroducidos en sitios específicos. Además de recuperar a los grandes depredadores es necesario restaurar otras especies cuyas funciones ecológicas están relacionadas con la depredación de pequeños vertebrados, insectivoría, herbivoría, dinámica de nutrientes, captura de carbono y dispersión y depredación de frutos y semillas.

Por lo tanto, desde la Fundación también están trabajando en la reintroducción y suplementación de especies como ocelote, oso hormiguero gigante, ciervo de los pantanos, venado de las pampas, guanaco, pecarí de collar, guacamayo rojo, muitú y tortuga yabotí. La recuperación de estas especies ya está en marcha en Iberá o en El Impenetrable, pero debería extenderse a otros territorios de esta región del norte argentino. Asimismo, se deben sumar otras especies sobre las que aún faltan iniciativas de rewilding como el tatú carreta, los pecaríes labiado y quimilero, el tapir, la taruca, el aguará guazú, el oso de anteojos, el águila harpía, la yacutinga, el pato serrucho y el maracaná afeitado.
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La reintroducción de todas estas especies debe ir acompañada de acciones que eliminen las actividades que motivaron su extinción. “Resulta claro que en los parques nacionales y provinciales la deforestación y la caza son actividades inaceptables pero no sucede lo mismo con la ganadería: las invasiones ilegales de ganado son muchas veces toleradas y no se le presta la necesaria atención al mantenimiento de barreras simples pero esenciales en la periferia de los parques, como alambrados para evitar que estos animales ingresen a las áreas. Esta situación debe resolverse con urgencia ya que muchos parques están invadidos por ganado sin que los responsables de su manejo dimensionen los impactos que esto genera”, subrayan.
“El Corredor del Yaguareté en el norte argentino necesita ser refaunado mediante la reintroducción y suplementación de especies, especialmente aquellas consideradas clave. De esta forma se contribuirá a mejorar la salud de los ecosistemas naturales que aún quedan en pie y a mitigar las crisis ambientales, a la par que se fomenta el desarrollo de las economías locales, el bienestar de las comunidades y la recuperación de la cultura”, concluyen los expertos.
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