
La reserva de flujo coronario (CFR, por sus siglas en inglés) indica la capacidad de cada persona de aumentar el flujo sanguíneo cuando es necesario, como durante el ejercicio excesivo o en situaciones de estrés.
Ahora, una reciente investigación del Imperial College de Londres determinó que el flujo coronario reducido está fuertemente asociado con un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas y mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.
Como índice de la gravedad de la enfermedad coronaria, la CFR tiene varias ventajas biológicas y prácticas. En primer lugar, la CFR ofrece un interrogatorio fisiológico global cuantitativo de la circulación coronaria. En segundo lugar, la CFR se puede medir utilizando modalidades no invasivas, que incluyen ecocardiografía, tomografía por emisión de positrones (PET) y resonancia magnética cardíaca (CMR), así como de forma invasiva con flujo Doppler de velocidad y termodilución.
Como resultado, las guías internacionales recomiendan la medición de la reserva de flujo coronario como un método de diagnóstico para la identificación de pacientes con angina microvascular que podrían beneficiarse de una terapia dirigida.

Aunque se ha investigado ampliamente en estados patológicos específicos, la utilidad de los índices de flujo coronario como herramientas de pronóstico no se ha cuantificado sistemáticamente en una amplia gama de patologías y modalidades de medición en un único análisis.
Ahora, un equipo del Imperial College de Londres realizó un metaanálisis de todos los estudios que informan el impacto de una CFR anormal en la mortalidad por todas las causas y los eventos cardiovasculares adversos mayores (MACE), en una amplia gama de procesos patológicos y confirmó en un documento publicado en el European Heart Journal que el flujo coronario reducido está fuertemente asociado con un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas y vinculado a una amplia gama de procesos patológicos.
“Identificamos sistemáticamente todos los estudios entre el 1 de enero de 2000 y el 1 de agosto de 2020, en los que se midió el flujo coronario y se informaron los resultados clínicos”, explicó Mihir A Kelshiker, especialista del Instituto Nacional del Corazón y los Pulmones del Imperial College de Londres y también autor de este documento.
Un total de 79 estudios fueron los incluidos por los científicos para lograr investigar de manera masiva y sistemática el impacto del flujo coronario en el pronóstico de un total de 59.740 individuos cumplieron con los criterios de inclusión.

La mayoría de los estudios incluyeron pacientes con cardiopatía isquémica comprobada o sospechada (58 estudios que incluyeron 57.613 sujetos). Otros grupos comunes de pacientes incluyeron: insuficiencia cardíaca (7 estudios que incluyeron 647 sujetos), trasplantes de corazón (8 estudios que incluyeron 784 sujetos) y diabetes mellitus tipo 2 sin síntomas de enfermedad arterial coronaria (3 estudios que incluyeron 541 sujetos). De estos grupos, se identificaron 15 estudios que incluyeron 10.848 sujetos que cumplieron con los criterios. La duración media del seguimiento fue de 35,7 meses, con un rango de 1 mes a 150 meses.
“En el presente estudio, revisamos y analizamos sistemáticamente los documentos que evaluaron la asociación entre el flujo coronario anormal y los resultados clínicos -completó el especialista-. Descubrimos que, en una amplia gama de patologías y cohortes de pacientes, la CFR alterada se asoció con un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas y eventos cardiovasculares adversos mayores. La CFR normal se asoció con un mejor pronóstico dentro de todos los subgrupos analizados, y cuando se midió utilizando todas las modalidades invasivas y no invasivas clínicamente disponibles”.
En promedio, encontraron que una reserva de flujo sanguíneo anormal generó en las personas un riesgo de muerte 3,7 veces mayor que quienes tenía niveles normales de reserva de flujo sanguíneo, según 16 estudios que incluyeron 8.446 pacientes.
“Este hallazgo es importante porque la mortalidad general es un resultado resistente al sesgo y clínicamente relevante”, aclaró Kelshiker. Además, encontraron que una CFR anormal confirió a los sujetos un riesgo 3,4 veces mayor de eventos cardiovasculares, incluso cuando se ajustaron muchos otros marcadores pronósticos conocidos, como edad, hipertensión, diabetes mellitus, dislipidemia, antecedentes de tabaquismo e infarto de miocardio previo. estudios individuales.
“Descubrimos que, en promedio -continuó Kelshiker-, cada reducción de 0,1 unidades en la CFR se asocia con un aumento del 16 % en el riesgo de muerte. Aunque 0,1 unidades es pragmáticamente una pequeña gradación en el paciente individual, este hallazgo demuestra que la CFR representa un riesgo continuo”, concluyó.
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