
Que la actividad física es un baluarte a la hora de cuidar la salud en el sentido más holístico es un postulado que ya no se encuentra en duda. No obstante, los especialistas siguen analizando la gama de beneficios que cierto tipo de deportes podrían ofrecer para otras determinadas patologías.
Independientemente de cómo le guste a cada uno hacer ejercicio, un nuevo estudio que se publica en la revista Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism realizado por un numeroso grupo de especialistas de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Sydney demostró que realizar ejercicio diario de alta intensidad puede ayudar a las personas que padecen la enfermedad del hígado graso no alcohólico.
Este equipo de investigadores, que llevaron adelante el análisis, tuvo como objetivo determinar el efecto del entrenamiento en intervalos de alta intensidad frente al continuo de intensidad moderada y sus respectivos efectos sobre la grasa hepática en adultos. Un objetivo secundario fue investigar la interacción entre el volumen total de ejercicio semanal y el gasto energético relacionado con la práctica y el cambio en la grasa hepática.
En su documento señalaron que no solo el entrenamiento continuo de intensidad moderada (MICT, por sus siglas en inglés) mejora la salud del hígado, los entrenamientos más cortos e intensos (entrenamiento en intervalos de alta intensidad o HIIT, por sus siglas en inglés) funcionan igual de bien.
La enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD por sus siglas en inglés) es una de las patologías más comunes de este órgano en el mundo y afecta hasta a tres de cada 10 personas. Los pacientes experimentan una acumulación excesiva de grasa en el hígado sin beber mucho alcohol, un desencadenante común de la enfermedad hepática. Desarrollar NAFLD aumenta el riesgo de volverse obeso o sufrir otros problemas de salud.

Debido a la falta de terapias que traten la enfermedad, la mayor parte del enfoque actual se centra en prevenir la NAFLD mediante cambios en el estilo de vida, como perder peso y ponerse en forma. Los autores del estudio revisaron más de 28.000 estudios previos sobre el vínculo entre el ejercicio y la salud del hígado, enfocándose específicamente en 19 que involucraron a 745 personas.
Además, estos estudios examinaron los niveles de grasa hepática utilizando el estándar actual en técnicas de medición no invasivas, como la espectroscopia de resonancia magnética de protones (H-MRS) y la resonancia magnética (MRI). Sus hallazgos revelan que tanto el ejercicio aeróbico regular como los entrenamientos cortos de alta intensidad conducen a una notable reducción de grasa en el hígado. Para las personas que participaron en MICT, sus niveles de grasa en el hígado se redujeron en un 3,14 por ciento, mientras que las personas que participaron en HIIT vieron caer sus niveles de grasa en un 2,85 por ciento.
¿Dónde radica el éxito? Los investigadores señalan que las personas en riesgo de enfermedad hepática pueden mejorar su salud sin la necesidad de largas y agotadoras sesiones de entrenamiento. HIIT se centra en breves sesiones de ejercicio aeróbico de alta intensidad seguidas de períodos de descanso. Esto hace que estos entrenamientos sean más rápidos y generalmente requieren menos energía para completarse. Estudios anteriores muestran que HIIT también puede mejorar la función cardíaca y logra lo que hace el ejercicio normal en una fracción del tiempo.

“La enfermedad del hígado graso no alcohólico es un predictor de trastornos metabólicos, estrechamente relacionada con el desarrollo y la gravedad de diversas enfermedades como la diabetes tipo 2″, revela el autor principal Angelo Sabag, investigador posdoctoral del Instituto de Investigación de Salud del NICM.
“Nuestra revisión demuestra la importancia del ejercicio aeróbico regular como una terapia efectiva en aquellos en riesgo, y se encontró que tanto HIIT como MICT mejoran la grasa hepática en grados similares. Es información útil saber que entrenando más duro en menos tiempo con HIIT, se puede lograr los mismos resultados que MICT, lo cual es ideal para aquellos con un estilo de vida ajetreado y poco tiempo “, agrega el investigador.
“Otro hallazgo interesante fue que incluso si las personas no se ejercitaban en volúmenes suficientes para satisfacer las pautas de actividad física recomendadas, aún podían lograr mejoras clínicamente significativas en la grasa hepática siempre que se ejercitaran regularmente por encima de una intensidad moderada”, concluyó.
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