
Está comprobado que la ciencia y la tecnología son fundamentales e indispensables para el avance hacia un futuro más sostenible. La industria cosmética no es ajena a este hecho. Es por eso que la biotecnología busca ponerse al servicio de la cosmética para elaborar productos de belleza de alta calidad pero basados en ingredientes naturales.
A pesar de que la biotecnología parece un término innovador, se trata de una de las industrias más antiguas.
Hoy muchas empresas de cosmética extraen células madre de una planta de manera no invasiva. Luego de la obtención de una pequeña proporción, se puede multiplicar a través de diferentes procesos y disfrutar de productos de cosmética sin impactar en el medioambiente.
Las células obtenidas después pueden ser producidas mediante biotecnología, por lo que no es necesario volver a utilizar la naturaleza para su extracción.
A un cosmético se lo considera “bio” cuando su fórmula está compuesta por, al menos, un 80% de ingredientes de origen vegetal y un 10% de ellos provienen de agricultura ecológica.
Los bosques de Borneo, la isla más grande de Asia y la tercera del mundo, albergan una de las biodiversidades más ricas de la Tierra, formada por más de 15.000 especies de plantas y de 1.400 animales.
Sin embargo, desde el año 2000 sus bosques perdieron aproximadamente un 39% por cultivo de aceite de palma, algo que pone en riesgo su ecosistema.

Es por eso que, para el doctor Jean-Marc LeMaitre, director de investigación del Instituto Inserm, dedicado a la Salud e Investigación Médica, la biotecnología aplicada a la cosmética juega un papel preponderante.
Los parabenos o el triclosán, por ejemplo, muy utilizado en productos que se emplean de manera diaria, son perjudiciales para el medioambiente. Sus consecuencias ambientales han sido investigadas por la Universidad de Córdoba y la Universidad de Islas Baleares en España. Los estudios que realizaron demostraron su presencia en el mar y el daño que estos químicos causan en los ecosistemas marinos. Lo mismo sucede con las siliconas, muy usadas en productos faciales y capilares.
En la actualidad, el interés por una cosmética sostenible se encuentra en constante crecimiento. Cada año se suman nuevos consumidores con una conciencia clara sobre la preservación del ecosistema.
En el estudio “Natural & Sustainability segmentation”, realizado por Beiersdorf a nivel mundial, se abordó la naturalidad y la sostenibilidad en el cuidado personal y de la piel como tendencias de consumo sólidas y en crecimiento. Este análisis sobre las preferencias actuales del consumidor reveló la naturalidad y la sostenibilidad como factores motivadores de compra cada vez más relevantes y posicionó al consumidor español como uno de los más concientes con los aspectos relacionados con el cuidado del medioambiente en Europa.
A la hora de comprar productos para el cuidado personal y de la piel, el estudio demostró que, a nivel global, el segmento de la naturalidad está en constante crecimiento ya que la naturalidad pasó a ser la segunda característica que más valoran los consumidores, solo por detrás de la eficacia. Por orden, las propiedades más importantes serían: la eficacia (35%), la naturalidad (27%) y la asequibilidad (16%). Otros aspectos menos relevantes serían: practicidad (6%), placer en el uso (5%), su disponibilidad (3%) o su facilidad de almacenaje (2%).
Ethel Eljarrat, investigadora del IDAEA-CSIC (Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua), afirmó a Vogue de España que, al momento de ir a una perfumería “deberíamos fijarnos en la no presencia de microplásticos (aparecen especialmente en pastas de dientes y jabones de manos) en la formulación”.

“Cada año, en Europa, se producen 3.000 toneladas de microplásticos para estos usos, que acaban en el mar. La fauna marina los ingiere y los compuestos químicos que contienen llegan a sus tejidos. Como no se metabolizan, los van acumulando”, agregó.
“Hay que tener en cuenta muchos factores sobre cómo se ha elaborado: cuánta energía y agua se han empleado en el proceso, cuántos residuos ha generado, qué materiales hay en el envasado (y agua, y emisiones...), cómo se distribuye (la famosa huella de carbono) y, finalmente, qué se hace con esa crema después del consumo: si la fórmula es biodegradable, el envase es reciclable o reutilizable”, agregó la doctora María Jesús Lucero, profesora del departamento de Farmacia y Tecnología Farmacéutica de la Universidad de Sevilla.
Además, para la doctora Lucero, uno de los principales objetivos tiene que ver con las nuevas formulaciones: “Habrá que sustituir los ingredientes contaminantes por otros que no pierdan eficacia”, concluyó.
El cuidado del medioambiente suma nuevos adeptos y la cosmética es probablemente una de las empresas que más trabaja para lograr productos que generen conciencia sobre la importancia del ecosistema.
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