Un estudio determinó que las personas que se alimentan regularmente con alimentos y bebidas altos en azúcar tales como chocolates, golosinas y gaseosas muestran más probabilidades de aumentar de peso, sufrir enfermedades cardíacas y morir en la mediana edad, en comparación con aquellos que se abstuvieron de estos productos.
Para llegar a esa conclusión, científicos de la Universidad de Oxford rastrearon los hábitos de más de 116 mil personas durante 15 años para comprobar si habían requerido internación por afecciones cardiovasculares o si habían muerto.
PUBLICIDAD
Así es como descubrieron que las personas que ingerían regularmente barras de chocolate, bebidas azucaradas y snacks altos en grasas mostraron más probabilidades de aumentar de peso, sufrir enfermedades cardíacas en la mediana edad y algunos casos hasta morir.

El estudio, publicado en la revista científica BMC Medicine, destacó que dos dietas aumentan el riesgo de enfermedades del corazón: aquella alta en grasas saturadas, entre ellos chocolates, manteca y carne procesada en lugar de frutas frescas, verduras y fibras; y la segunda con alimentos con azúcares procesados, jugos de fruta y gaseosas azucaradas, azúcar de mesa y queso con alto contenido de grasa.
PUBLICIDAD
Los científicos advirtieron que los que adoptaban la primera dieta tenían un 7% más de probabilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular en la mediana edad, mientras que el segundo grupo tenía un 4 por ciento más de probabilidades de padecer este tipo de afecciones.
Según los investigadores, los hombres menores de 60 años, fumadores y de entornos más pobres fueron los que más consumo de chocolates, dulces, alimentos altos en grasas y pan blanco mostraron.
PUBLICIDAD

En Argentina, la enfermedad cardiovascular lidera el ranking de muertes en adultos con 280 decesos por día, unos 100 mil fallecimientos anuales y en las últimas décadas se ha visto reducido su mortalidad entre 20 y 30% mediante diversas intervenciones basadas en la evidencia.
En 2017 fallecieron más de 97.000 personas por afecciones cardiovasculares, liderando el ranking del total de las causas de muerte con 28.5%. Al focalizarnos en los años de vida perdidos (entre los 30 y 70 años), la enfermedad cardiovascular es responsable de la mayor cantidad de muertes prematuras (35% en hombres y el 28% en las mujeres, primera causa en ambos sexos).
PUBLICIDAD
Desde el año 2000 al 2010, en la Argentina se redujo la tasa de mortalidad cardiovascular en hombres un 22% (de 271.4 a 211.6 por cada 100.000 habitantes). Según el estudio del ¨Global Burden of Disease¨ (GBD), esta reducción de mortalidad se adjudica mayoritariamente a una mejora en la calidad y el acceso a la salud.

Por su parte, unas 7.6 millones de personas en Gran Bretaña padecen enfermedades cardíacas, de los cuales 4 millones son los hombres y 3,6 millones las mujeres. En Estados Unidos, la cifra se sitúa en 30,3 millones.
PUBLICIDAD
Es la principal causa de muerte en el Reino Unido, matando a uno de cada cuatro hombres y una de cada cinco mujeres. Para esta investigación, los científicos pidieron a participantes en Inglaterra, Escocia y Gales de entre 37 y 73 años que completaran cuestionarios en línea sobre sus dietas diarias hasta cinco veces entre 2006 y 2010. Después, compararon la información recopilada con los números de pacientes que habían sido hospitalizados o murieron entre 2017 y 2020.
De acuerdo a Carmen Piernas, doctora en Nutrición y Epidemiología de la Universidad de Oxford, principal autora del estudio, “las personas deben ser conscientes de los peligros detrás del azúcar. Las enfermedades cardiovasculares son una de las principales causas de muerte y discapacidad en todo el mundo y la mala alimentación es un factor importante”.
PUBLICIDAD
“Las pautas dietéticas más comunes se basan en los nutrientes que se encuentran en los alimentos en sí mismos y esto puede ser confuso para las personas. Nuestros hallazgos ayudan a identificar alimentos y bebidas específicas que se consumen de manera diaria y que pueden aumentar el riesgo de enfermar del corazón y morir”, precisó.

El metanálisis, llevado adelante también por los científicos Min Gao, Susan Jebb, Paul Aveyard, Gina Ambrosini, Aurora Perez-Cornago, Jennifer Carter y Xinying Sun, halló que aquellos que comían más chocolate, dulces, mantequilla y pan blanco probablemente eran hombres, más jóvenes y de origen pobre.
PUBLICIDAD
También tendían a ser fumadores, menos activos físicamente, que vivían con obesidad o tenían presión arterial alta.
Los participantes que consumían bebidas gaseosas, jugos de frutas y conservas tenían un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad, a pesar de que tendían a ser físicamente activos. De todas maneras, este grupo se mostró menos propensos a ser fumadores o vivir con obesidad, presión arterial alta, diabetes o colesterol alto.
PUBLICIDAD
Las mujeres, menores de 60 años o aquellas que eran obesas en particular, tenían un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, si consumían una dieta alta en estos alimentos.
Los participantes fueron reclutados para el proyecto del Biobanco del Reino Unido entre 2006 y 2010. Tuvieron que informar periódicamente las comidas y refrigerios que inicoporaban durante las 24 horas anteriores en dos a cinco ocasiones semanales.
Piernas aconsejó: “Nuestra investigación sugiere que comer menos chocolate, dulces, mantequilla, pan bajo en fibra, bebidas endulzadas con azúcar, jugo de frutas, azúcar de mesa y conservas podría estar asociado con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular o muerte durante la mediana edad”.
“Esto es consistente con investigaciones previas que han sugerido que comer alimentos que contienen menos azúcar y menos calorías puede estar asociado con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular’', añadió.
De acuerdo a la doctora en nutrición, “los hallazgos de este estudio podrían usarse para crear consejos dietéticos basados en alimentos que podrían ayudar a las personas a comer de manera más saludable y reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares”.

El profesor Naveed Sattar, médico científico y cardiovascular de la Universidad de Glasgow, opinó: “Los hallazgos no solo se relacionan con el azúcar sino también con la grasa. Muchos tipos de dulces y, en particular, los chocolates, que también están cargados de grasas saturadas”.
“El azúcar en sí no es malo, lo necesitamos para alimentar el cerebro, las células inmunitarias y los músculos, y no podemos vivir sin él”, dijo.
“Los hallazgos de este estudio se corresponden más o menos con muchos otros estudios relevantes y, en conjunto, sugieren incorporar muchas ‘frutas fáciles’ cuando se trata de mejoras dietéticas para mejorar la salud. Muchos de estos los he hecho yo mismo: cambiar a pan y cereales con alto contenido de fibra y cereales menos endulzados, comer menos chocolate y reemplazarlo por comer más frutas y verduras, y rara vez, si es que nunca, beber jugo de frutas azucarados, preferentemente cambiar a bebidas bajas en calorías y agua”, aconsejó.
SEGUIR LEYENDO:
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Descubren en el espacio una molécula que podría explicar el origen de la vida en la Tierra
Es un tipo de azúcar que identificaron en una nube cercana al centro de la galaxia, lo que aporta información sobre los procesos químicos previos a la aparición de organismos

¿Se puede prevenir la demencia?
El estudio LatAm-FINGERS realizado en once países de América Latina identificó que hay hábitos concretos que pueden proteger la salud cerebral. La importancia de una evidencia científica regional

El Perito Moreno deja de ser el glaciar inamovible: su retroceso ya se observa desde el espacio
Una imagen satelital del programa europeo Copernicus muestra lo que los científicos venían registrando desde 2018. Sus ubicaciones en el Lago Argentino durante la última década

Descubren en Tailandia un dinosaurio gigante de cuello largo de hace 150 millones de años
La vértebra fue encontrada en la Formación Phu Kradung y permitió a los científicos documentar el hallazgo

Científicos registran por primera vez un episodio de expansión del fondo marino en el océano Índico
Un equipo obtuvo datos inéditos gracias a instrumentos capaces de medir movimientos y actividad sísmica con precisión



