
“El régimen está demostrando que no está poniendo ningún límite y su represión es horizontal”, advirtió Javier Larrondo, presidente de la ONG Prisoners Defenders, en declaraciones al programa De buena fuente, conducido por Marian De La Fuente.
La organización, con sede en España, publicó este jueves su informe mensual: 1.306 presos políticos y 40 menores detenidos en Cuba, una cifra récord que llega a horas del quinto aniversario del 11 de julio de 2021, las protestas masivas que el régimen reprimió con la detención de cerca de ocho mil personas.
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En los últimos seis meses ingresaron más de 175 nuevos presos políticos a las listas de Prisoners Defenders. Solo en el último mes, 32 casos fueron verificados, con otros 21 pendientes de confirmación.
El récord de presos políticos en Cuba a cinco años del 11J

Antes del estallido del 11J, Cuba registraba entre 140 y 150 presos políticos por año. Hoy esa cifra supera los 1.300, y los nuevos ingresos mensuales ya sobrepasan lo que antes era el total anual.
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Larrondo detalló que en marzo ingresaron 44 nuevos casos, 28 el mes siguiente y entre 40 y 50 en junio, contando los verificados y los pendientes de confirmación.
El perfil de los detenidos también cambió. Las mujeres, que antes representaban entre el 3% y el 5% de los presos políticos, ya superan el 20% de los nuevos ingresos. Los menores tampoco quedaron al margen: en marzo fueron detenidos Cristian Crespo y Jonathan Muir, y en el último mes se sumaron seis casos más.
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“Los ratios ya no son del 3% de mujeres, 5%. Ya estamos hablando de ratios por encima del 20% de mujeres”, señaló Larrondo. “Estamos hablando de una racha brutal”.
El patrón, según el presidente de Prisoners Defenders, responde a una lógica deliberada: nadie con capacidad de influir —periodistas, pastores, activistas— queda fuera del radar del régimen a medida que se acerca la fecha del aniversario.
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La excarcelación de Luis Manuel Otero Alcántara y la táctica del régimen

El día previo al aniversario, el activista y artista Luis Manuel Otero Alcántara emitió una breve señal de vida. Solo dijo: “Estoy bien”. Su familia no sabía dónde se encontraba.
Para Larrondo, la situación ilustra una diferencia central entre una dictadura y una dictadura totalitaria: en la segunda, el poder viola sus propias normas cuando le conviene, sin necesidad de crear legislación que justifique el atropello.
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“En la totalitaria, el régimen en el poder viola sus propias normas cuando le da absolutamente la gana”, afirmó. “Directamente las viola de facto”.
El objetivo, explicó, es impedir que Otero Alcántara pueda articular cualquier mensaje dentro de Cuba. El régimen no toleraría que alguien que se enfrentó al poder “desde el pacifismo y con argumentos” tuviera siquiera una mínima voz pública.
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“Directamente lo expatrio y punto y pelota”, resumió Larrondo, describiendo la lógica del régimen. “No voy a permitir que se le vea ni siquiera la cara”.
Las fuentes consultadas por De La Fuente desde La Habana indicaron que Otero Alcántara habría salido de prisión junto a otras tres personas, al menos una de ellas enferma, y que las autoridades habrían intentado primero estabilizar su estado físico antes de cualquier aparición pública.
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Las condiciones de detención: desnutrición y maltrato sistemático

Las cárceles cubanas aplican una política sistemática de desnutrición que afecta tanto a presos comunes como políticos, aunque estos últimos sufren condiciones aún más extremas. Según Larrondo, el régimen les niega agua y medicamentos, les roba la comida y los castiga con la privación de alimentos y bebida.
La práctica habitual al momento de una excarcelación es retener al preso entre una semana y diez días para que recupere peso y se le disipen los moratones antes de mostrarlo en público. El objetivo es proyectar una imagen que no refleje la realidad de lo que ocurre dentro.
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“Normalmente lo que suelen hacer es tenerlos una semana, diez días, un poco mejor alimentados y para que se les pasen los moretones, para que se les pase la desnutrición famélica que muchos de ellos tienen”, explicó Larrondo.
El caso del activista Alexander Díaz ilustra los límites a los que puede llegar esa política. Larrondo reveló que ya en 2025 recibió fotografías suyas que lo mostraban en un estado físico devastador: “Tiene un cáncer, tiene hepatitis, está destruido. Este hombre no va a salir vivo de esta”. Todavía le quedaba un año de condena.
“Seamos claros: Alexander tenía que estar muerto”, dijo Larrondo. “Alexander tiene una naturaleza por encima de lo normal”.
El colapso humanitario en Cuba y la política de terrorismo de Estado

El panorama que describe Larrondo va mucho más allá de las cárceles. Cuba atraviesa un colapso generalizado que abarca los servicios más básicos: hospitales sin insumos, calles sin recolección de basura por falta de gasóleo, apagones extendidos y una población que cocina con leña en la vía pública.
Las imágenes que circularon en los días previos al aniversario mostraban a habitantes de La Habana durmiendo en los soportales durante la noche para escapar del calor, en una ciudad sin infraestructura funcional.
Los hospitales, según los testimonios recogidos por el programa, operan con cubos de agua sucia junto a las camas, colchones en condiciones deplorables y sin sábanas.
Frente a ese cuadro, Larrondo fue categórico en su diagnóstico político: “Lo que están haciendo es generar una política de terrorismo de Estado”. El régimen, sostuvo, ya no busca consolidar el poder sino sobrevivir.
“Ya no es mantener el poder, ya es ver cómo sobrevivo, porque van a, evidentemente, van a sucumbir”, afirmó.
En ese contexto, el gasto en tecnología de represión no se detiene. Mientras la población carece de lo esencial, el régimen destina recursos a drones para sobrevolar protestas e identificar participantes. El conglomerado militar GAESA, señaló Larrondo, mantiene decenas de miles de millones de dólares en el exterior.
La vigilancia digital y el control orwelliano de la población

Uno de los cambios más profundos de los últimos cinco años es la transformación del aparato de inteligencia cubano. El régimen siempre mantuvo fichas ideológicas de sus ciudadanos, alimentadas por los Comités de Defensa de la Revolución y las organizaciones de masas. Ahora esas fichas incorporan una dimensión digital de alcance mucho mayor.
“Están catalogando toda su vida online, sus relaciones con otros, su mensajería con otros, sus llamadas”, detalló Larrondo. El resultado es un sistema de vigilancia prospectiva que permite identificar a los disidentes antes de que actúen y enviar una señal de advertencia al resto de la población.
La inversión en ese sistema ha sido, según el presidente de Prisoners Defenders, cuantiosa y sostenida a lo largo de los últimos cinco años. El objetivo no es solo castigar a quienes se manifiestan, sino disuadir a quienes podrían hacerlo.
“A aquellos que son desafectos y lo manifiestan en público, directamente darles una lección a todo el resto de que nadie ose hacer algo así”, explicó.
Para Larrondo, el resultado es un Estado que ya no se parece a ninguna dictadura convencional. “Lo de Cuba ahora se ha puesto orwelliano total”, sentenció.
Las perspectivas de una nueva movilización espontánea

A cinco años del 11J, la pregunta que sobrevuela el aniversario es si el pueblo cubano volverá a las calles. Larrondo identifica dos factores que determinan las posibilidades de una nueva movilización: la infiltración del régimen en las organizaciones opositoras y la naturaleza espontánea de las protestas.
El primero opera como freno. El régimen destina un esfuerzo sistemático a infiltrar tanto a la oposición dentro de Cuba como a los grupos en el exterior. “Si para el gobierno americano han pasado inadvertidos numerosos espías, imagínate para la pobre oposición”, señaló.
El segundo, en cambio, actúa como ventaja. Cuando una protesta no tiene organización formal ni liderazgo visible, el régimen pierde sus principales herramientas de desarticulación. Sin una organización que identificar ni un titular que perseguir, la represión selectiva se vuelve más difícil.
“Cuando es espontánea y no la ha creado ninguna organización concreta, es más fácil que espontáneamente la gente siga un principio muy básico, que es salgamos a la calle”, explicó Larrondo.
El propio 11J de 2021, recordó, respondió a esa lógica. Todo apunta a que fue espontáneo, y esa característica fue precisamente lo que le dio su fuerza y su alcance masivo.
La sociedad cubana, advirtió, carga además con un daño estructural generado por décadas de régimen: “Tiene un daño antropológico generado por el propio régimen” que dificulta que la iniciativa de una organización concreta concite el apoyo de todo el pueblo. La espontaneidad, concluyó, tiene más posibilidades de lograrlo que cualquier convocatoria organizada.
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