
La cooperación espacial de China en América Latina ha pasado de ser una cuestión científica a una iniciativa con implicaciones estratégicas globales. A través de acuerdos bilaterales y multilaterales, el régimen de Xi Jinping ha implantado una red de infraestructura espacial que, aunque se presenta como civil, cumple una función vital en la vigilancia satelital y la recopilación de inteligencia para el Ejército Popular de Liberación. Este entramado abarca estaciones terrestres, radiotelescopios y centros de procesamiento de datos, integrados bajo la doctrina china de “guerra informatizada” para lograr superioridad en el espacio y elevar la capacidad militar global.
China ha situado el desarrollo espacial como eje prioritario de su estrategia nacional. La expansión de su “Corredor Espacial de la Franja y la Ruta” responde a directrices estatales orientadas a la autosuficiencia tecnológica y el control absoluto del dominio espacial, apoyadas por leyes internas y una fusión entre intereses civiles y militares. En este contexto, la Conciencia Situacional Espacial —la capacidad de identificar, clasificar y rastrear objetos en el espacio— se sostiene en la función estratégica de las infraestructuras terrestres. Así, el dominio del espacio ha dejado de ser un objetivo limitado a la exploración, para convertirse en factor clave para planificar operaciones militares y proteger intereses globales.
El Comité Selecto sobre China del Congreso de Estados Unidos publicó esta semana una nueva investigación que revela cómo el régimen de Beijing utiliza infraestructura en América Latina para avanzar sus capacidades espaciales y la recolección de inteligencia. El informe, titulado “Pulling Latin America into China’s Orbit” (Atrayendo a América Latina hacia la órbita de China), corresponde a la segunda entrega de los análisis del comité sobre la actividad de Beijing en el hemisferio.
“Gran parte de la vida cotidiana estadounidense depende de los satélites sobre nosotros. Por eso, las operaciones espaciales de China son motivo de seria preocupación. China solo invierte en operaciones espaciales en América Latina para avanzar su agenda y socavar a Estados Unidos en el espacio”, señaló John Moolenaar, presidente del Comité Selecto.
“El presidente Trump ha actuado de manera decisiva para enfrentar la influencia nociva de China en el hemisferio occidental, y nuestros aliados deben actuar con prontitud sobre las recomendaciones de este informe y frenar la expansión de la infraestructura espacial china”, agregó.
De hecho, el mandatario republicano convocó a una cumbre presidencial en el hotel Doral de Miami para articular un bloque regional que pueda desarmar la ofensiva de Beijing en América Latina. La cita será el 7 de marzo, y ya fueron invitados los presidentes Javier Milei (Argentina), Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia), Nayib Bukele (El Salvador), Daniel Noboa (Ecuador) y Tito Asfura (Honduras).
La investigación del comité reveló que China ha desarrollado una extensa red de estaciones terrestres espaciales y telescopios de uso dual en varios países latinoamericanos. Esta red se utiliza para recopilar inteligencia y reforzar la capacidad de combate del Ejército Popular de Liberación.
América Latina en la estrategia espacial china
La posición de América Latina es esencial en la expansión espacial de China. A diferencia de los modelos occidentales sustentados en redes de socios globales, China carecía de infraestructuras espaciales fuera de sus fronteras, lo cual restringía su capacidad para vigilancia continua y recopilar inteligencia sobre satélites rivales, especialmente los estadounidenses. Para salvar esta desventaja, ha priorizado acuerdos con gobiernos regionales que permiten ampliar su presencia y asegurar el seguimiento en tiempo real de activos espaciales estratégicos. De este modo, la región se ha integrado en la cobertura global china y en la obtención de datos críticos durante la totalidad de la órbita de los satélites por el hemisferio occidental.

El compromiso chino con América Latina figura en sucesivos libros blancos y planes de acción conjunta. El informe del Comité recuerda que desde 2008, los convenios han avanzado de transferencias tecnológicas simples a una integración profunda orientada por plataformas multilaterales como CELAC y declaraciones conjuntas, incluyendo la Declaración de Wuhan 2024. Estos instrumentos proveen respaldo legal y diplomático y avalan la permanencia a largo plazo de infraestructura y personal chino en la región.
Cooperación civil y su función militar encubierta
Las iniciativas se presentan formalmente como proyectos de cooperación civil: monitoreo ambiental, comunicaciones, navegación o educación científica. Sin embargo, la infraestructura resultante es de doble uso. La integración de científicos y técnicos locales, junto a la formación y la gestión compartida, justifica públicamente los “desarrollos conjuntos”, mientras que los acuerdos contemplan cláusulas que permiten a entidades como la China National Space Administration y la China Satellite Launch and Tracking Control General operar sistemas tecnológicamente avanzados supervisados, de manera directa o indirecta, por el Ejército Popular de Liberación.
Así, laboratorios universitarios y radiotelescopios con fines astronómicos refuerzan la red de recopilación de inteligencia militar. El multilateralismo proclamado en foros y la aceleración digital regional favorecen la dependencia tecnológica, difuminando la frontera entre la actividad científica y los intereses militares.


En este contexto, el régimen de Xi Jinping ha implantado al menos 11 infraestructuras vinculadas al Ejército chino repartidas entre Argentina, Venezuela, Bolivia, Chile y Brasil. En Argentina, la Estación Espacio Lejano (Neuquén), construida bajo un acuerdo de 50 años de exclusividad y financiada con más de 54.000.000 de dólares, cuenta con una antena de alta ganancia de 35 metros, capaz de interceptar señales de satélites extranjeros y garantizar una sincronización precisa para aplicaciones espaciales y militares. El Observatorio Felix Aguilar (San Juan) y la estación en desarrollo de Río Gallegos amplían el papel en la vigilancia y el análisis de datos. El proyecto CART, también en Argentina, fue cancelado en 2025 por presiones internacionales ante sospechas de uso militar.


En Venezuela, las estaciones de El Sombrero (Guárico) y Luepa (Bolívar) son gestionadas formalmente por agencias civiles, pero fueron construidas y operan con tecnología asociada a la defensa china, permitiendo el seguimiento de satélites nacionales y facilitando el acceso de Beijing a infraestructura crítica tras la incorporación venezolana al programa lunar chino.


En Bolivia, las estaciones de La Guardia (Santa Cruz) y Amachuma (La Paz) están dotadas de antenas parabólicas de hasta 13 metros y laboratorios de análisis de imágenes, gestionados por ingenieros bolivianos formados en China y técnicos chinos residentes. Los contratos vigentes hasta 2028 garantizan el aprovechamiento dual de los datos recabados, incluyendo funciones militares.


En Chile, la presencia china se refleja en el Centro de Datos Astronómicos de Santiago, donde se emplean supercomputadoras de Huawei y colaboran científicos con vínculos en la defensa china en sistemas de rastreo espacial. En 2025 se cancelaron proyectos en el Atacama por motivos de seguridad, pero la utilización de algoritmos empleados en laboratorios de procesamiento mantiene la exposición tecnológica. La estación satelital de Santiago utiliza tecnología de rastreo avanzado capaz de detallar la localización precisa de objetos espaciales y abre la puerta a futuros usos militares.


Brasil alberga la estación de Tucano y el Laboratorio conjunto en Serra do Urubu, iniciativa que asocia empresas nacionales, tecnológicas chinas y universidades locales. Protocolos de intercambio de datos permiten el seguimiento de satélites en órbita baja y geoestacionaria, reforzando tareas civiles y permitiendo usos militares directos. La cooperación con la Fuerza Aérea Brasileña para entrenamiento y simulación orbital solidifica el vínculo estratégico, mientras que el proyecto BINGO en Serra do Urubu introduce algoritmos capaces de interceptar y categorizar señales de interés militar.

Implicancias estratégicas y riesgo militar para la región
China ha consolidado la capacidad de recolectar inteligencia, efectuar seguimiento satelital y apoyar operaciones de misiles de largo alcance desde bases en América Latina, alterando el equilibrio estratégico mundial. Estaciones terrestres, radiotelescopios y tecnologías de rango láser satelital dotan al Ejército Popular de Liberación de herramientas para localizar, identificar y, potencialmente, interferir o neutralizar activos espaciales rivales. Estas infraestructuras permiten alimentar los sistemas de comando militar chino con datos precisos para direccionar operaciones y actualizar objetivos en tiempo real.
Al operar en las mismas bandas de frecuencia que los sistemas militares estadounidenses y triangular posiciones de aviones y buques mediante análisis de señal, se eleva el riesgo de vigilancia indetectable y posible sabotaje a infraestructuras esenciales. La integración de operaciones científicas y militares fomenta la transmisión avanzada de datos para armamento como misiles balísticos intercontinentales y vehículos hipersónicos, completando el ciclo de comando y control desde el hemisferio sur. Plataformas móviles como la flota Yuanwang amplían la cobertura incluso fuera del alcance de las estaciones fijas.
Riesgos estratégicos y debate regional
La proliferación de infraestructura de doble uso genera inquietudes sobre soberanía, transparencia y dependencia tecnológica en los países anfitriones. Suspensiones de proyectos en Chile y Argentina han respondido a presiones internacionales y advertencias sobre el empleo de centros científicos como nodos de inteligencia militar. El debate se centra en la falta de mecanismos de control local y la opacidad de los acuerdos, aspectos que imposibilitan la supervisión independiente y el control sobre el destino final de los datos.
Actores estatales e internacionales recomiendan aumentar las garantías legales, realizar auditorías técnicas y fomentar iniciativas alternativas en cooperación espacial. Estados Unidos ha propuesto supeditar su propia cooperación científico-defensiva a que los países latinoamericanos restrinjan el acceso chino a instalaciones sensibles y apliquen controles estrictos para asegurar que la infraestructura controlada por China no ponga en riesgo intereses estratégicos regionales.
La expansión de la red espacial china en América Latina confirma que alianzas civiles pueden cimentar plataformas decisivas para acciones militares, permitiendo a Beijing vigilar y potencialmente neutralizar sistemas estratégicos de cualquier potencia sin limitaciones geográficas.
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