
San Pablo sufre desde hace tres años una de las sequías más intensas de su historia reciente. Esta circunstancia ha provocado que sus reservorios principales, de los que depende el abastecimiento de millones de personas, estén cerca de vaciarse por completo.
La ciudad de San Pablo, la urbe más poblada de América Latina ha visto reducirse de manera alarmante sus fuentes de agua. De acuerdo con las estimaciones oficiales, alrededor de 22 millones de personas residen en el área metropolitana y dependen de un sistema de represas que hoy muestra escenas desoladoras: cursos casi secos, suelos agrietados y paisajes marcados por el avance de la sequía.
Sumado a la falta de lluvias, que por tercer año consecutivo se mantiene según el Instituto Nacional de Meteorología (INMET), intervienen otros factores que han agravado el problema.

El crecimiento acelerado de la población, la contaminación, la gestión ineficiente de los recursos hídricos y una infraestructura defectuosa forman un cóctel que amenaza la seguridad hídrica de quienes habitan la región. Por si fuera poco, aunque Brasil posee el 12% del agua dulce del planeta, la mayor parte de estos recursos se concentra en la región amazónica, muy alejada de los grandes centros urbanos como la capital paulista.
En respuesta a la gravedad de la situación, las autoridades estatales decidieron en octubre endurecer aún más las restricciones. Los habitantes de la ciudad brasileña podrían ver recortado el suministro hasta 16 horas diarias, es decir, cuatro horas más de lo que ya se aplicaba.
Además, no se descartan cortes rotativos si los niveles de los embalses continúan disminuyendo.
El impacto de esta crisis no solo es visible en la infraestructura. Los residentes de los alrededores del sistema Jaguari–Jacareí, como el empresario Daniel Bacci, manifiestan su preocupación: “Desde agosto el nivel del agua solo baja. Es muy alarmante; cada día vemos cómo se reduce”, relató a la agencia de noticias AFP. Incluso, las lluvias recientes no lograron revertir la tendencia a la baja, profundizando la incertidumbre.

Mientras tanto, operadores como Sabesp han puesto en marcha medidas de emergencia: desde finales de agosto, la presión de agua baja por las noches y, según datos de la compañía, se han economizado 53.360 millones de litros, lo que equivale al consumo mensual de más de nueve millones de personas.
Por su parte, los organismos fiscalizadores Arsesp y SP Águas supervisan la aplicación rigurosa de las restricciones, impidiendo que estas sean levantadas sin una autorización formal.
En el plano meteorológico, las previsiones del Centro de Gestión de Emergencias de la municipalidad anticipan lluvias esporádicas y una masa de aire frío que podría atenuar levemente la situación. Sin embargo, los especialistas advierten: es improbable que, antes de 2026, se logre una recuperación sustancial de las reservas.
(Con información de AFP)
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