El asesinato de Roberto Samcam expone la “operación colegiada” entre la inteligencia cubana y Ejército nicaragüense

Javier Meléndez, experto en seguridad, explica cómo operan el G2 cubano y la contrainteligencia nicaragüense en el exilio

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Las investigaciones sobre el asesinato
Las investigaciones sobre el asesinato del nicaragüense Roberto Samcam apuntan a una operación del Ejército de Nicaragua y el G2 cuando. (Foto CR Hoy)

El asesinato en Costa Rica del mayor en retiro y opositor nicaragüense Roberto Samcam reavivó las denuncias sobre operaciones conjuntas entre el Ejército de Nicaragua y el G2 cubano en el espionaje y asedio a opositores en el exilio.

La investigación judicial en ese país habla de una “operación colegiada” entre la Dirección de Contrainteligencia Militar nicaragüense y la inteligencia cubana, un patrón que para especialistas no es nuevo.

Javier Meléndez, Director de Expediente Abierto y fundador del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, con tres décadas de experiencia en seguridad, sostiene que “la relación entre Daniel Ortega y los servicios de inteligencia cubanos fue constante y agresiva, y no se detuvo en los años 90, cuando se inició el proceso de reforma del sector defensa y seguridad en Nicaragua”.

Meléndez explica que estas denuncias se sostienen tanto en antecedentes históricos como en hechos recientes. “Desde los años 80, Nicaragua estuvo en la esfera soviética y uno de sus principales colaboradores en armas e inteligencia fue Cuba. Miles de militares sandinistas se entrenaron en Cuba, Alemania, Rusia y otros países del bloque soviético”, señala.

Javier Meléndez, Director de Expediente
Javier Meléndez, Director de Expediente Abierto. (Crédito: Cortesía)

A su juicio, con el regreso de Ortega al poder en 2007, el Ejército “volvió a subordinarse completamente a la familia Ortega-Murillo, retomó abiertamente sus relaciones con Cuba y las consolidó también con Rusia y China”.

El caso de Roberto Samcam, asesinado en junio en San José de Costa Rica, se ha convertido en un ejemplo de estas operaciones extrafronteras.

Samcam fue militar sandinista en los años ochenta y, desde su salida del Ejército, crítico con la dictadura Ortega-Murillo y opositor activo desde el exilio. Su muerte, investigada como crimen político, puso en evidencia la capacidad del régimen de extender la represión más allá de Nicaragua.

Meléndez recuerda que existen paralelos con otros episodios en la región. “Si vemos el punto máximo de infiltración, el asesinato de opositores, tenemos dos casos recientes en las democracias más sólidas de América Latina: el asesinato en Chile del teniente venezolano Ronald Ojeda, donde se investiga coordinación del G2 cubano con el Tren de Aragua, y el asesinato de Roberto Samcam en Costa Rica, donde se menciona la coordinación de los servicios nicaragüenses”.

Para el analista, la paradoja es que las democracias más fuertes de la región han demostrado debilidad para enfrentar operaciones transnacionales organizadas desde regímenes autoritarios.

El G2, oficialmente Dirección de Inteligencia Militar de Cuba, es el aparato encargado de la seguridad interna y externa del régimen castrista. Su fama se basa en la infiltración y desestabilización de opositores, una “huella” que, según Meléndez, también está presente en Nicaragua.

“Es un comportamiento típico: infiltración y desestabilización de grupos opositores. El G2 cubano es sofisticado y muy eficiente fuera de Cuba. Durante la Guerra Fría su fortaleza no era el poder militar sino sus servicios de inteligencia”, explica.

“Cuando comenzó la represión en 2018 y 2019, mucha gente vio a cubanos operando en el terreno junto a grupos paramilitares. En Venezuela pasa lo mismo: la seguridad de Maduro descansa más en los servicios cubanos que en los propios”, indica.

El especialista advierte que el exilio opositor nicaragüense también ha sufrido infiltración. “Sobre todo en 2019 y 2020, cuando hubo un exilio masivo hacia Costa Rica, no se puso atención a señales claras de espionaje activo del Frente Sandinista”, señala.

Cita el caso del excoronel Donald Mendoza, alias “Cara de Piña”, famoso por secuestros en los años noventa, quien “logró infiltrarse durante 4 o 5 años en Costa Rica” y ahora, según fuentes, se ha desplazado a Estados Unidos.

Pese a este escenario, Meléndez defiende la incorporación de la disidencia sandinista a la lucha por la democracia. “Absolutamente, digo que sí. Es un riesgo, claro: trabajar con disidentes siempre implica riesgo de infiltración, pero hay que correrlo”. dice.

“No creo que se pueda salir del régimen sin la colaboración de gente que conocía bien al sandinismo”, añade. Al mismo tiempo subraya que deben excluirse de la oposición quienes participaron en violaciones atroces de derechos humanos, dejando paso a nuevas generaciones de liderazgos.

En 2018 se denunció la
En 2018 se denunció la presencia de agentes cubanos en la represión contra ciudadanos que protestaban contra le régimen de Daniel Ortega. (EFE/ Alberto González)

El espionaje, afirma, opera con métodos clásicos de inteligencia. “El principal objetivo de estos aparatos es generar temor, miedo y dudas dentro de la oposición. Y han sido exitosos. El ecosistema opositor está lleno de desconfianza porque el régimen ha invertido recursos y tiempo en infiltrar todo tipo de plataformas”.

Según el analista, las embajadas y consulados nicaragüenses sirven como base operativa, al amparo de la inmunidad diplomática, replicando esquemas que Rusia y otros países han usado históricamente.

Meléndez insiste en que no se trata de hechos aislados. “Este tema del espionaje y la represión transnacional es complejo. Los exiliados buscamos países con libertad, pero esos países a veces no están preparados para este tipo de eventos”, indica.

“En una democracia, los servicios de inteligencia funcionan para proteger la integridad territorial y prevenir amenazas, no para vigilar o espiar opositores políticos. Pero los regímenes autoritarios usan esa herramienta para extender su represión más allá de sus fronteras”, dice.

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