
Pollo, cerdo, res o pescado, pero siempre con arroz. El cereal es tan importante en la dieta cubana que se estima que cada persona en la isla consume unos 60 kilos anuales, una de las cifras más altas de la región.
Según datos oficiales, para cubrir la demanda la nación caribeña requiere unas 600.000 toneladas al año, pero en 2024 apenas logró producir 80.000.
La importación de alimentos de Cuba alcanza los 2.000 millones de dólares anuales, una cifra muy elevada para un país sumido en una crisis económica y bajo sanciones estadounidenses.
La escasez de arroz se tornó tan complicada que, por primera vez en su historia reciente, el régimen autorizó la entrega de tierras a una empresa vietnamita para que siembre el cereal.
Desde el pico de producción de 304.000 toneladas en 2018 “se tocó fondo”, explicó a The Associated Press Nelson González, director del área a nivel nacional del Ministerio de Agricultura durante una entrevista en Los Palacios, uno de los polos arroceros del país en la provincia de Pinar del Río, a unos 150 kilómetros de La Habana.
Para incentivar la producción y alcanzar el autoabastecimiento la dictadura cubana lanzó un programa que incluye estimular a los usufructuarios de tierra privados —mejorándoles el precio de acopio o rentándoles maquinarias—, fomentar que los campesinos de otros rubros agrícolas también siembren arroz, inyectar capital para aumentar el rendimiento de las granjas estatales y buscar cooperación internacional como con la empresa vietnamita.
Por ahora, la producción del llamado “arroz popular” incluye a unos 20.000 pequeños campesinos que plantan en parcelas pequeñas —además de sus otros cultivos— o a los costados de sus fincas.
“¿Qué nos queda pendiente? La elevación de los rendimientos”, reconoció González.
El centro del problema es que Cuba pasó de tener un rendimiento de entre cuatro y seis toneladas por hectárea a fines de la pasada década a producir apenas 1,7 toneladas por hectárea en 2024.

Sin embargo, un reporte del periódico oficial Guerrillero de la provincia de Pinar del Río indicó que en las 16 hectáreas plantadas por los productores vietnamitas con semillas propias se alcanzó un rendimiento de 7,2 toneladas por hectárea.
La entrega de tierras a una contraparte extranjera fue anunciada a mediados de enero y constituyó la primera vez desde el triunfo de la revolución en 1959 en que las autoridades de la isla cedieron parcelas a empresas foráneas para su explotación agrícola.
Los granos se sembraron hace tres meses y el rendimiento fue confirmado por el embajador de Vietnam en Cuba, Le Quang Long, indicó el periódico que agregó que se trata de un plan piloto que podría aplicarse a gran escala.
Se desconoce si las tierras fueron arrendadas o entregadas en usufructo o los términos del acuerdo binacional, pero se informó que el arroz quedará en el país.
Actualmente, las empresas estatales pagan a los productores unos 4.000 pesos cubanos (unos 11 dólares al cambio informal) los 100 kilos de arroz. La producción es muy dependiente de diversos fertilizantes y plaguicidas que deben ser aplicados en un momento exacto de la siembra o la maduración para que no baje radicalmente el rendimiento.
“Cuando usted no tiene los insumos necesarios dice ‘¿para qué voy a sembrar’?‘”, se lamentó Alfredo Sacre González, un usufructuario de 58 años que lleva más de 15 produciendo arroz en sus 40 hectáreas en Los Palacios.
“Necesitamos maquinaria, necesitamos un apoyo, que el precio del arroz sea un poco más alto… que exista una correlación con el dinero que gastamos”, agregó a AP.

Durante años el Estado fue el encargado de proveer desde fertilizantes y plaguicidas hasta maquinaria —tractores, cosechadoras— a los campesinos, que debían vender su producción a las empresas gubernamentales. Pero ahora las autoridades no cuentan con presupuesto para hacer frente a esos requerimientos.
Recién hace un año y medio Sacre logró arrendar un tractor a una empresa estatal, pero como otros productores tiene muchas dificultades para conseguir el efectivo para pagarle a sus trabajadores o los dólares para abonar a los proveedores de insumos importados.
Buena parte de la caída de la producción de arroz se explica por “el corte en los suministros”, reconoció a AP el economista Ricardo Torres, del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de American University en Washington, quien indicó que a nivel macroeconómico es visible la contracción en la importación de químicos de hasta un 80% en los últimos años.
También influyen, agregó, otros factores estructurales que deberían ser cambiados desde la falta de transparencia en la propiedad de la tierra —que en Cuba no se puede comprar o vender libremente—, hasta la imposición de precios tope por parte del régimen que terminan por desestimular a los productores.
Pese a la crisis, la dictadura cubana ha mantenido hasta ahora la entrega a cada ciudadano de unos tres kilos de arroz por mes, pero para completar los requerimientos las familias deben acudir a las ferias o a las tiendas particulares. Pero el precio del kilo de arroz puede llegar a los 800 pesos cubanos (unos 2,30 dólares), muy oneroso para un sueldo promedio equivalente a 14 dólares mensuales al cambio informal.
(Con información de AP)
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