
Las elecciones en Nicaragua terminaron este domingo tal cual comenzaron: sin ninguna expectativa de sus resultados. Con muchos meses de anticipación el régimen de Daniel Ortega desnaturalizó el proceso electoral con el propósito de quitarle cualquier garantía de credibilidad, eliminar la competitividad que pudiera tener y que solo concluyera de una forma posible: la reelección de él y su esposa, Rosario Murillo, como presidente y vicepresidente por un periodo más.
Este será el cuarto periodo consecutivo de Daniel Ortega en el poder, quien para el 2026 acumularía 30 años como jefe de Estado en periodos no consecutivos. De esta forma se colocaría como la persona que más tiempo ha sido titular del gobierno en la historia de Nicaragua.
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Urnas Abiertas, una organización de observación electoral independiente, calculó en 18.5 por ciento la participación ciudadana, lo que deja un abstencionismo de 81.5 por ciento. Para este cálculo, el organismo ciudadano integrado por especialistas de diferentes disciplinas, dice haberse apoyado 1,450 personas que actuaron como observadores anónimos en todo el país.
Informó que este domingo se registraron 200 hechos de violencia en el contexto electoral, en 203 centros de votación observaron el uso vehículos el Estado para trasladar votantes u otras actividades partidarias, en 71 centros de votación había propagada partidaria. Destacó asimismo la intimidación de fuerzas paraestatales del Frente Sandinista en las afueras de los centros de votación, agresiones a periodistas independientes, y la presencia de civiles armados dentro de recintos electorales.
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El Consejo Supremo Electoral ha informado que con casi la mitad de las actas escrutadas, Ortega obtiene el 75% de los votos. Nadie en Nicaragua esperaba otro resultado que no sea la victoria oficial de Daniel Ortega, a pesar que según la empresa encuestadora Cid Gallup, solo el 19 por ciento de los nicaragüenses votaría por él en unas elecciones libres y justas.
Su victoria radica en eso precisamente: en que las elecciones que culminaron este domingo ni fueron libres ni justas, según ha denunciado la oposición nicaragüense y organismos de derechos humanos nacionales e internacionales.
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“Las peores elecciones posibles”, pronosticó a la víspera el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro. “Una farsa”, le ha llamado la oposición, que pidió a los ciudadanos abstenerse. “Pantomima”, la denominó la tarde de este domingo el presidente estadounidense Joe Biden.
Estados Unidos y Costa Rica fueron los dos primeros países en desconocer los resultados de las elecciones que organizó el régimen de Daniel Ortega.
En las votaciones de este domingo fue excluida la oposición real a través de la proscripción de sus tres partidos políticos y el encarcelamiento de siete de las personas que manifestaron su intención de disputarle la presidencia a Daniel Ortega. La encuesta de Cid Gallup, publicada pocos días antes de las votaciones, asegura que cualquiera de los siete candidatos presos le hubiese ganado a Ortega en elecciones libres.
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Ortega compitió contra los candidatos de cinco partidos muy pequeños, que generalmente han sido aliados de su régimen.
“Se acaba de presenciar un proceso electoral que no cumplió con los estándares internacionales de calidad electoral”, expresó a través de un comunicado la opositora Alianza Cívica, cuyo partido fue ilegalizado por el régimen de Ortega y al menos tres de sus posibles candidatos están presos. “Felicitamos al pueblo nicaragüense que decidió no avalar el montaje del Consejo Supremo Electoral quedándose en casa”.
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Daniel Ortega, por su parte, se mostró satisfecho con el desarrollo de las votaciones durante una comparecencia trasmitida en cadena obligatoria de radio y televisión, poco después de votar a eso del mediodía junto a su esposa, Rosario Murillo.
“Estas elecciones que se están votando el día de hoy, nosotros venimos de votar en estos momentos, son, gracias a Dios, una señal, un compromiso de la inmensa mayoría de los nicaragüenses, de votar por la paz y no por la guerra, y no por el terrorismo”, dijo Ortega.
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La jornada, sin embargo, estuvo precedida de una ola de arrestos durante la noche del sábado y la mañana del domingo, que llevaron a la cárcel al menos a 15 opositores.
“Hemos vivido una noche de terror, otra noche de los cuchillos largos, reina el miedo, la incertidumbre, la impunidad. El hostigamiento policial y paraestatal es casi permanente en todos los departamentos del país. Hay más de 20 detenciones arbitrarias e incidentes violentos que estamos documentando”, expresó en un comunicado el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH).
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Los periodistas Mileydi Trujillo y Elvin Martínez, de la plataforma digital Masaya al Día, fueron detenidos por la policía durante tres horas en la ciudad de Masaya y llevados a una estación policial donde los obligaron a ponerse el traje azul con que visten a los presos y les tomaron fotografías.
Poco después de su liberación, Martínez señaló que los policías les quitaron sus teléfonos celulares y justificaron su detención porque estaban “haciendo entrevistas, llamando a la población al no voto”. “Simplemente estábamos haciendo un recorrido, tomamos fotografías de los Centros de Votación y así sucesivamente”, explicó Martínez.
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Durante el día se vieron centros de votación prácticamente vacíos, y otros con algunas filas de votantes, principalmente en la mañana, con policías, militares y trabajadores del Estado.
“No hay asistencia significativa a las urnas”, señaló Jesús Tefel, miembro de la opositora Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB). “Donde hemos visto largas filas de votantes son policías y militares. Hay centros de votación donde concentran un grueso de trabajadores del Estado para la foto”.

El ex presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, denunció en su cuenta de Facebook como “sainete electoral” el proceso que se vivió en Nicaragua.
“Hoy, el mundo entero será testigo de la coronación de la dictadura en Nicaragua. El sainete electoral está en curso: unas “elecciones” sin más candidatos que los del régimen; unos “comicios” con toda la oposición en la cárcel y con la soldadesca en la calle; un proceso que hace mofa de los métodos e instrumentos de la democracia, manipulándolos. Y, por supuesto, todo ello mientras el régimen desafía socarronamente a la Comunidad Internacional, sintiéndose amparado por (pocas) naciones que comparten su desprecio por la libertad y los Derechos Humanos”, señaló Solís.
Para estas elecciones se eliminó de la ley la figura de “observación electoral” y se sustituyó por la de “acompañantes electorales”. El Consejo Supremo Electoral acreditó a 232 acompañantes electorales de 27 países y 600 periodistas nicaragüenses y extranjeros, todos considerados aliados o amigos. El Centro Carter, que tradicionalmente ha observado las elecciones en Nicaragua, y en esta ocasión fue excluido, ha llamado a estos acompañantes “turistas electorales”.
Además de negar la participación de las misiones electorales como la OEA, Unión Europea y el Centro Carter, entre otras, el régimen de Ortega impidió el ingreso al país de numerosos periodistas de medios internacionales que pretendían viajar a Nicaragua para cubrir las elecciones.
Tampoco los medios nacionales independientes fueron acreditados por el Consejo Supremo Electoral, y varios periodistas independientes denunciaron que fueron impedidos de dar cobertura por “no estar acreditados por el Consejo Supremo Electoral”.
Los acompañantes electorales provienen de Estados Unidos, Canadá, Abjasia, Osetia del Sur, Rusia, Alemania, Bélgica, España, Francia, Reino Unido, Italia, México, Argentina, Colombia, Chile, Paraguay, Perú, Uruguay, Costa Rica, Honduras, Guatemala, Puerto Rico, República Dominicana, Panamá, Venezuela, Inglaterra, Cuba, Italia, Brasil y otros, informó la autoridad electoral.
Durante el acto de acreditación fueron visibles los gestos de proselitismo político que realizaban muchos de los acompañantes electorales. Cuando se tomaban fotografías hacían la señal de “dos” con sus manos. “Dos” es el número de la casilla del Frente Sandinista y las iniciales de Daniel Ortega Saavedra, por lo que se ha vuelto un gesto y número profusamente usado en la propaganda electoral sandinista.
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Farsa electoral en Nicaragua - Por Mariano Caucino
Daniel Ortega: de la revolución progresista a la dictadura perfecta - Por Santiago Cantón
Nicaragua, crónica de un fraude anunciado - Por Héctor Schamis
Las pobres perspectivas de Nicaragua - Por Raúl Ferro
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