
Robert Behnken y Douglas Hurley, los dos astronautas de la NASA que volaron al espacio esta tarde a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX, son expilotos militares, reclutados al mismo tiempo y casados con astronautas.
Ambos tienen el aspecto tradicional de los hombres de la NASA: corte de pelo estilo militar, una forma de hablar concisa y pausada, y se muestran sonrientes, razonables, competentes y fiables, la marca registrada de los astronautas. Los protagonistas del despegue más esperado de los últimos años se conocieron en el 2000, cuando comenzó su entrenamiento en la agencia espacial.
Behnken, de 49 años, con un doctorado en ingeniería mecánica del Instituto de Tecnología de California, se alistó cuando era estudiante y terminó en la legendaria escuela de pilotos de pruebas de la Fuerza Aérea, en la base Edwards en California. Como coronel, voló 25 aviones diferentes, incluyendo la aeronave de combate F-22.
Doug, de 53 años, también fue coronel, pero como aviador en el cuerpo de marines, donde se erigió como piloto especialista en F-18. Entre 2008 y 2011, cada uno de ellos viajó dos veces, por separado, a bordo del transbordador espacial, el anterior medio de transporte espacial estadounidense.
En 2015, la NASA les asignó su siguiente misión: el primer vuelo tripulado de demostración de la cápsula Crew Dragon, construida por SpaceX, una compañía de California creada por el intrépido millonario Elon Musk y encargada del vuelo programado en principio para 2017.
“Como exalumnos de la escuela militar de pilotos de pruebas, si algún día hubiéramos podido elegir un trabajo de ensueño, habría sido abordar una nueva nave espacial y llevar a cabo una misión de prueba”, dijo Behnken el 20 de mayo, al llegar al Centro Espacial Kennedy desde Houston, Texas, hogar de los astronautas estadounidenses.

En Houston fue donde ambos se asentaron con sus familias. Bob junto a su esposa Megan McArthur y su hijo Theodore, de 6 años. Doug, al igual que su compañero, también se casó con una astronauta, Karen Nyberg, con quien tuvo a Jack, ahora de 10.
El vínculo de amistad que ambos viajeros del espacio comparten es una ventaja para una misión tan arriesgada, en la que quizás tengan que tomar el control de la aeronave, preparada para volar con piloto automático.
Doug es el más meticuloso de la dupla, incluso roza lo maníaco, según Behnken. “Si necesitamos información innecesaria, Doug la tiene”, dijo en un video de la NASA. El propio Doug admite ser especialista en “procedimientos oscuros”. En cuanto a Bob, su amigo destaca un don: “Siempre planea todo”. Y su cara lo dice todo: “No sabe fanfarronear”.

El lunes, el jefe de la NASA preguntó a sus hombres si estaban seguros de subirse al primer vuelo espacial tripulado de SpaceX, la compañía con sede en California creada en 2002. “Ambos dijeron que estaban listos para el lanzamiento”, aseguró Jim Bridenstine, e insistió: “Están Listos”.
Bob y Doug entrenan hace cinco años para emprender la misión que los dejará en la Estación Espacial Internacional y que significó la vuelta de EEUU al espacio por sus propios medios.
Con información de EFE y Reuters
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