
El 7 de mayo del año pasado el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, confirmó que Estados Unidos había liderado una operación secreta para liberar a los cinco dirigentes de la oposición venezolana que se encontraban refugiados en la embajada argentina en Caracas. Fueron más de 400 días de amenazas y asedio por parte de las fuerzas del ex dictador Nicolás Maduro, quien había recrudecido la persecución contra el entorno de María Corina Machado tras las elecciones del 28 de julio de 2024. Dieciséis meses después, Maduro ya no está. El sucesor de Hugo Chávez se encuentra detenido en una cárcel de máxima seguridad en Nueva York, acusado de narcoterrorismo.
Pedro Urruchurtu, coordinador internacional de la Premio Nobel de la Paz, fue uno de los cinco opositores que estuvieron refugiados en la casa diplomática. En los últimos días visitó Buenos Aires para participar de una serie de eventos sobre democracia y desafíos regionales, en el que fue su primer viaje a Argentina desde el rescate del grupo. En diálogo con Infobae, el dirigente opositor venezolano contó detalles de la persecución que sufrieron y cómo el operativo de rescate -encabezado por Washington- expuso fisuras dentro del aparato represivo venezolano que, con el tiempo, contribuyeron a la caída de Maduro.
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Pero aunque Maduro ya no está en el poder, en cada viaje que hace al exterior, Urruchurtu se encuentra con el mismo reclamo de la diáspora venezolana: “Quieren votar”. En ese sentido, afirmó que cualquier transición debe incluir el registro electoral de los millones de venezolanos que se encuentran en el exterior, así como “justicia, memoria y reparación” como condiciones indispensables para avanzar. Consultado sobre el proceso de diálogo iniciado entre un sector de la oposición y el chavismo, del cual el equipo de Machado decidió no formar parte, sostuvo que se mantienen expectantes y que evaluarán su desarrollo. Pero fue tajante respecto a la postura de su espacio: “Debe derivar en un calendario electoral y las condiciones para que haya una elección presidencial”.
También se refirió al acuerdo petrolero anunciado recientemente por Estados Unidos y Venezuela: advirtió que “la ausencia de institucionalidad y estado de derecho” vuelve insostenible cualquier proyecto económico de largo plazo, aunque remarcó que la oposición no se opone a acuerdos energéticos siempre que exista un gobierno legítimo que los respalde.
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Anticipó, por su parte, que el regreso de María Corina Machado a Venezuela ocurrirá en cuestión de semana: “Su retorno es inminente”.

-Fueron más de 400 días en la embajada argentina en Caracas hasta que lograron escapar en mayo del año pasado. ¿Cómo atravesaron esa situación, y qué puedes contar de lo que fue el rescate?
-Todo lo que se denunció y se supo fue muy grave. Incluso este viaje me ha servido para conocer detalles de dinámicas o situaciones de quienes estaban al frente de las decisiones o quienes estaban buscando solucionar la tragedia que estaba ocurriendo en ese contexto, sumado al terrorismo de Estado que ocurría fuera de la embajada en el país. Enterarte aquí de cosas, de las decisiones o de las dificultades, de la presión del régimen, todo eso obviamente te genera siempre una mezcla de emociones.
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-¿Presión hacia la Argentina?
-Claro. Y hacia nosotros, evidentemente. Entonces es un momento que me ha servido mucho para entender un poco esa parte. Tú, por ser un rehén, no te puedes enterar de todo, porque eso también te afecta. Creo que lo más grave fue el hecho de haber convertido una embajada en una prisión frente a los ojos del mundo. Es decir, omitiendo todo el derecho internacional, violando todas las convenciones habidas y por haber. Fue muy duro; porque fue poco a poco ir apretándote, quitándote las condiciones elementales de subsistencia con la intención de quebrarnos, y probablemente que nos entregáramos. Pero a medida que más nos apretaban, yo creo que más nos ratificábamos nosotros mismos que no nos íbamos a entregar y que íbamos a estar hasta lo último que pudiéramos. Y si nos tocaba quedarnos adentro, morir adentro, pero no entregarnos ni aceptar nada de lo que se nos acusaba injustamente. Hasta que se da el rescate, que evidentemente fue un esfuerzo coordinado de mucha gente dentro y fuera de Venezuela, pero esencialmente donde Estados Unidos jugó un rol decisivo, tanto en el rescate como en toda la movilización que nos permitió salir de allí. Obviamente hay muchos detalles que aún no se pueden saber, porque el nivel de ayuda y de involucramiento de actores fue muy importante y hay gente que sigue ayudando y que sigue manejando información.
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-¿Te imaginabas en ese entonces que hoy, poco más de un año después, Venezuela iba a estar en esta coyuntura? Me refiero esencialmente a ya sin Maduro en Miraflores, y detenido en una cárcel de Estados Unidos.
-Yo creo que después del 28 de julio del 2024, por el nivel de terror que se sembró y la represión y el control desmedido y todo esto, sí parecía que era insostenible esa dinámica por mucho tiempo. Creo también que lo más importante de nuestro rescate y salida de la embajada es que evidenció primero unas grietas que existían ya en el aparato represivo. Y luego, les generó a ellos una gran contradicción y un gran temor. Nuestro escape vino a ser una suerte de un primer golpe muy fuerte al aparato represivo en su propia cara y que ahí se dieron cuenta que había cosas que había que tomarse en serio. Luego, por supuesto, con todo el despliegue militar en el Caribe, llegó un punto en el que nosotros sabíamos que algo iba a pasar. Eventualmente, sabíamos que todo este despliegue tenía un propósito. Quince meses después, yo creo que haber salido de allí era lo correcto, por lo que el régimen estaba pensando hacer contra nosotros, que era desaparecernos. Este año en el exilio también nos ha hecho entender que esto era un proceso en desarrollo, que era indetenible y que todavía estamos viendo un proceso y donde nosotros jugamos un rol clave a partir del liderazgo de María Corina para que esto derive en una transición de verdad, pero que evidentemente la salida de Maduro era indispensable.
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-¿Crees que esas fracturas también facilitaron la captura de Maduro?
-Sí, sin duda. Y creo que hoy son las mismas contradicciones y fracturas que también están afectando al régimen. Porque primero es el mismo régimen que sigue en el poder, pero un régimen que hoy por sobrevivir ha tenido que negarse a sí mismo, su naturaleza ideológica y sus relaciones históricas. Y eso evidentemente les está generando fricciones, grietas, cuestionamientos, contradicciones, porque es un régimen que hoy se ve obediente ante los Estados Unidos; mismos Estados Unidos que hasta hace un año condenaban públicamente e insultaban. Creo que es un sistema donde, producto de una misma dinámica mafiosa como la de ese régimen, los grupos de poder chocan entre sí, buscan sobrevivir. Y eso revela una fuerte contradicción que yo creo que en el caso de Maduro se vio. Y creo que ahora también lo seguimos viendo con un aparato represivo que después del 3 de enero está bastante aplacado. No desmantelado porque sigue en pie, pero ha tenido que ceder, ha tenido que aplacarse, y por eso hemos visto una reducción dramática de la persecución como la vimos en ese terrorismo de estado desplegado. No quiere decir que no estén fastidiando, que no estén vigilando, que no estén esperando el momento para si fuera necesario ir más allá. Pero claramente hoy tienen una presión encima que les genera mucho estrés, mucha tensión, en un contexto donde ellos saben que están más débiles que nunca.
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-¿Y cuán sostenible es esto?
-Mira, yo creo que después de los terremotos, el régimen demostró que no tiene la capacidad ni tampoco la intención de gestionar de una manera eficiente, porque no puede, es su naturaleza.
-¿La intención en qué sentido?
-De lavarse la cara, de si hubiera podido lavarse la cara y mostrarse como una gerente. Para diferenciarse del sistema del que ella fue parte, pero al final ratificó lo que el régimen es. Es decir, no hubo respuesta ante los terremotos y la respuesta que hubo fue tardía y fue ineficiente. Entonces, yo creo que incluso en un contexto donde Estados Unidos claramente ve en Venezuela una oportunidad, por la energía, por el petróleo, por todo lo que estamos viendo, al mismo tiempo se dan cuenta de que esto no es sostenible a largo plazo. Si no tienes institucionalidad, si no tienes estado de derecho, si no tienes garantías… Eso te complica mucho una lógica donde Estados Unidos requiere una Venezuela estable y un socio estable; lo de hoy representa todo lo contrario a orden y estabilidad. Nadie confía, la gente los detesta, la comunidad internacional los ve con duda y con temor, y eso no es sostenible para ninguna inversión a largo plazo. Partiendo además de que es un país que está bastante mermado en sus capacidades. Es decir, hoy para producir petróleo tienes que dejar a medio país sin electricidad. Reconstruir el sistema eléctrico toma tiempo. Es un régimen que ha demostrado que no tiene la capacidad de avanzar. Primero, porque probablemente no puede; y segundo, porque no tiene una vocación reformista, tiene una vocación de sobrevivir al sistema actual. Y yo creo que en esa dinámica de supervivencia, el régimen lo que está apostando es a que pase el tiempo e intentar superar esta etapa, pero consolidarse en el poder. Y ahí es donde entra de alguna manera la agenda democratizadora, donde entra el liderazgo de María Corina, de la oposición, de todo lo que estamos haciendo, como garante de que aquí al final haya una elección presidencial, que es lo que puede dar estabilidad real al sistema.
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-Vos sos el coordinador internacional de María Corina. ¿Qué postura observas de parte de la comunidad internacional respecto a este momento de transición en Venezuela?
-Después de casi tres décadas de este proceso, en la comunidad internacional hay cierto escepticismo, cierta duda sobre el horizonte. Pero al mismo tiempo hay una plena conciencia en que hay un liderazgo legítimo, en que hay un movimiento y una sociedad venezolana que confía en ese liderazgo y que hoy, sin duda, hay una posibilidad de una transición y que al final ellos también necesitan una Venezuela democrática para tener estabilidad en el hemisferio. Sobre todo porque tienes también a los regímenes de Cuba y de Nicaragua, que son un problema, y donde una Venezuela democrática puede significar un bastión precisamente para tener una región no solo próspera, sino segura, porque el régimen viene a desestabilizar a la región, esa es la realidad. Entonces, yo creo que hay un entendimiento de que esto, por un lado, tiene que salir bien, porque una Venezuela democrática beneficia a muchos actores. Y también hay una intención de contribuir a la reconstrucción de Venezuela, porque al final la reconstrucción va más allá del petróleo. Y yo creo que los países de la región entienden esa oportunidad, pero la asocian a que tiene que haber democracia y respeto a los derechos humanos. Todavía hay presos políticos, como es el caso del argentino Germán Giuliani. Yo creo que hay un entendimiento y una disposición de acompañar la transición y de reincorporar a Venezuela en el sistema democrático, pero entienden que esto pasa porque haya una elección. Algunos quieren hacer creer que la agenda es contradictoria entre lo económico y lo democrático. Nosotros creemos que más bien es complementaria: la agenda democrática va de la mano con la agenda económica.
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-En el último tiempo cambió la tendencia política de gran parte de los países de la región que, en su gran mayoría, están alineados entre sí y con Estados Unidos. ¿Esto colabora a este momento de Venezuela, y la búsqueda de elecciones?
-El contexto actual creo que es producto de una realidad regional donde no se puede entender la democracia sin seguridad, son conceptos hoy asociados. El crimen organizado como nunca se ha desplegado en la región, con Venezuela como uno de sus principales promotores a través del régimen. Obviamente, la migración sigue siendo un asunto muy serio; la tragedia de Venezuela también se ha traducido en que un tercio del país haya tenido que emigrar. Cuando uno ve el signo ideológico hoy en la región va muy asociado a eso. Más allá de que obviamente vemos una región más inclinada hacia la derecha, pero que al mismo tiempo se entiende de que no se puede terminar de concretar o consolidar una región segura, como muchos de estos gobiernos aspiran, si no tienes una Venezuela democrática. En el caso de Colombia, está claro, nosotros lo hemos dicho, pero creo que los mismos colombianos están claros de que jamás va a haber paz duradera en Colombia si no hay democracia en Venezuela. Mientras tengas un régimen que le dé cobijo a los enemigos del Estado colombiano, va a ser muy difícil construir la paz. Y lo mismo uno puede pensar en otros contextos de otros países. Entendiendo que hay una nueva dinámica regional en la que Estados Unidos también está mirando al hemisferio, como nunca antes. Estados Unidos durante mucho tiempo miró a otro lado en el mundo. Hoy hay una visión hacia el hemisferio muy importante. Toda su doctrina de seguridad y política exterior se está dirigiendo también a este hemisferio. Y eso creo que también marca un interés especial en muchos de estos gobiernos, que también tienen a Estados Unidos como su principal socio y aliado estratégico. A veces puede haber diferencias de criterio, en la dimensión temporal de cuándo se dan los cambios o cómo se concretan. Pero al final, yo creo que todos entienden que cuanto antes exista una Venezuela democrática, más fácil será consolidarse estos propios gobiernos, que también muchos van a enfrentar dinámicas de reelección o elecciones internas a diferentes niveles. Y por eso yo creo que están muy conscientes de que una elección presidencial en Venezuela en el corto plazo puede ayudar a contribuir a mejorar el clima en la región, en un contexto donde claramente los vientos son favorables hacia gobiernos más aliados a las ideas que defendemos, de libre mercado, propiedad privada, de democracia, etcétera. Pero donde al final el componente de seguridad va intrínsecamente asociado. No se puede pensar la región sin el concepto de seguridad.

-¿María Corina, y ustedes, su equipo, mantienen un canal de diálogo con la Casa Blanca?
-Siempre ha habido comunicación. A través del Departamento de Estado, pero también obviamente de la administración de la Casa Blanca, ha habido siempre comunicación. En algunos casos ha habido cooperación en información, facilitando dinámicas de información que ayuden también a entender mejor el panorama. Pero en general sí, siempre hay una comunicación, y además no solo a nivel del Gobierno de los Estados Unidos, también a nivel del Congreso, donde la causa venezolana es de las, creo yo, más bipartidistas que hay hoy. También en la opinión pública. El de Venezuela es un tema muy sensible por razones obvias en Estados Unidos. Pero sí, hay comunicación y hay interacción a diferentes niveles, porque al final nosotros también representamos a una parte muy importante de la ecuación, que es la del liderazgo legítimo que los venezolanos respaldan y en el que confían. Y al final, toda transición, para que sea exitosa, depende de un componente de aceptación popular que hoy nosotros somos capaces de garantizar, sobre todo porque podemos, y allí el regreso de María Corina a Venezuela es indispensable, canalizar la energía que hay hoy en el país hacia un proceso electoral donde la gente pueda elegir el gobierno que quiere tener.
-Hace pocos días, Estados Unidos y el gobierno interino anunciaron un acuerdo petrolero. ¿Cuál es la postura de ustedes ante este acuerdo?
-Evidentemente Venezuela tiene un potencial energético que se pierde de vista, y es parte de lo que históricamente ha caracterizado nuestra identidad como nación: el petróleo. Pero va más allá del petróleo. El potencial energético es enorme. María Corina tiene mucho tiempo hablando de la idea del hub energético de las Américas y de todo el potencial que tiene Venezuela para desarrollarse. Porque al final, la reconstrucción de Venezuela incluso va más allá de la recuperación de la industria petrolera, es mucho más compleja. Y Venezuela tiene mucho para ofrecer en función de garantizar esa reconstrucción con participación de muchos actores. Obviamente, queremos abrir los mercados, queremos que vengan a invertir a Venezuela, queremos que haya esa inversión para el beneficio de la gente. Pero claramente, para que eso ocurra tiene que haber institucionalidad, transparencia, estado de derecho, garantías, y al final un gobierno legítimo que te dé justamente la estabilidad que requieres para inversiones a largo plazo. Como lo hemos dicho, sí preocupa quizás el alcance y la falta de información sobre algunas dinámicas dentro de ese acuerdo. Pero al mismo tiempo, nuestro mensaje ha sido muy nítido: primero, quienes firman por el lado venezolano son los enemigos de Estados Unidos que hoy están en Miraflores. Y eso lo hace muy peligroso porque este es un régimen que puede aprovecharse de esa circunstancia, no solamente para tomar parte de ese dinero y usarlo para la corrupción, que están acostumbrados, y volver siempre a su naturaleza, si partimos de que su lógica es sobrevivir. Y luego para fortalecer el aparato represivo. Todo eso puede jugar en contra de esa dinámica; incluso contra los propios Estados Unidos y contra la región. Entonces, el tema no es que haya un acuerdo o no. Nosotros estamos más que dispuestos a hablar con nuestros aliados y acordar relaciones mutuamente beneficiosas para el desarrollo del país. Pero eso tiene que sentirlo la gente. Si esto se hace para fortalecer al régimen y no a la gente, tenemos un problema. Y luego, insisto, esto no es sostenible para nadie, porque incluso el acuerdo, en el mejor de los casos posibles, en el papel, que esté expresado de la mejor manera posible, hoy tienes una realidad en la que para producir barriles de petróleo tienes que dejar a medio país sin luz, sin electricidad. El sistema eléctrico está destruido porque el régimen lo destruyó. La industria petrolera está destruida porque el régimen la destruyó. Entonces, hacerlo con el régimen que destruyó todo no pareciera ser algo sostenible en el tiempo. Nosotros seguimos viendo y seguiremos viendo a Estados Unidos como un aliado clave en este proceso, pero para que esto realmente rinda los frutos y sobre todo, para que cumpla el propósito que tiene Estados Unidos, que tiene que ver con su interés y la seguridad de la región, necesita un gobierno legítimo y democrático en Venezuela. De lo contrario, mucha gente cercana al régimen se puede beneficiar, y así aprovecharse incluso de la buena fe que puede tener Estados Unidos, valiéndose de su interés en invertir en Venezuela, pero no para ayudar a Venezuela. Si esto no beneficia a la gente y la gente no siente que el petróleo que está bajo el suelo, que es de los venezolanos, le beneficia, pues entonces estaríamos perdiendo una oportunidad.
-También se inició un proceso de diálogo entre cierto sector de la oposición y el chavismo, del cual ustedes decidieron no participar, pero sí aclaró María Corina que se mantendrían expectantes. ¿Cómo viene transcurriendo?
-Ciertamente, nosotros decidimos no participar por la manera como se configuró, la manera como se anunció, y evidentemente, como no se nos consideró ni se nos informó oportunamente mientras estábamos haciendo todo el esfuerzo que se hizo en Panamá, que fue muy importante y que deriva en esta idea del gran acuerdo nacional. Pero al mismo tiempo, como dices, hemos decidido estar atentos y vigilantes, porque al final creemos que si este mecanismo es beneficioso para Venezuela y ayuda en la causa que nos lleve a una elección presidencial y a la democracia, y a consolidar la transición, pues evidentemente será positivo para el país. Ahora, en la medida que sea para la libertad de Venezuela. Si esto lo que ayuda es a fortalecer al régimen, a darle tiempo, oxígeno, como el régimen ha hecho siempre, evidentemente seremos muy firmes en que lo único posible que vamos a aceptar es que haya libertad para Venezuela. Por ahora hemos visto algunos pasos importantes: está todo este tema del Poder Judicial, del Tribunal Supremo de Justicia, el Comité de Postulaciones. Está obviamente todo el tema del poder electoral, y al final esto tiene que derivar, en primer lugar, en que sea un cambio realmente sustantivo, y que realmente garantice la independencia de estos poderes. Pero que además derive en un calendario electoral y las condiciones para que haya una elección presidencial en Venezuela. Además, hacemos énfasis en que sea presidencial, porque el régimen va a buscar jugar a la tentación de convocar cualquier otro proceso para distraer. Pero aquí tiene que haber una elección presidencial de primera mano, y creo que eso es fundamental para avanzar en esa dirección. Así que, ojalá por el beneficio del país y por el bien de Venezuela, este mecanismo funcione, porque creo que si sale bien, todos los venezolanos van a salir beneficiados.

-¿Hay plazos atrás de este mecanismo? ¿Y ustedes consideran que hoy la situación está dada para poder marcar eventualmente una fecha de elecciones?
-En la elección del 28 de julio del 2024, en las peores condiciones posibles logramos lo que logramos. Es decir, más que listos estamos para afrontar un proceso electoral. Obviamente, hay que hacer unos ajustes a la dinámica para garantizar que es un proceso libre y competitivo. En teoría, este mecanismo establece unos plazos. En teoría, este mes de septiembre vamos a ver un avance más que tiene que ver, hasta donde se ha dicho, sobre habilitación de dirigentes políticos, retorno del exilio de muchos, habilitación de las tarjetas de los partidos políticos, en fin, lo indispensable para el ejercicio de los derechos civiles y políticos. Una vez se conforme el Consejo Nacional Electoral nuevo, que esperamos sea representativo realmente del país y un poder independiente, pues allí debería surgir un calendario electoral. Pero digamos, siempre hay un mínimo posible, un estándar mínimo que garantice un proceso transparente y libre, y eso se puede hacer relativamente rápido si hay voluntad política. Yo creo que sí es factible, pero tenemos que avanzar en esa dirección.
-Hace unos meses María Corina presentó un plan nacional para la futura Venezuela. ¿Ustedes hoy ya están listos para gobernar si se celebraran elecciones en el corto plazo y resultaran ganadores?
-Absolutamente. Este programa es mucho más que un programa. De hecho, parte de esta idea del Hub Energético de las Américas forma parte del hub de energía, donde hay un gran equipo trabajando permanentemente con grandes expertos. Y así como este, todas las áreas. Hemos identificado áreas prioritarias, obviamente. Y también hemos identificado plazos, incluso las primeras cien horas, los primeros cien días. Es decir, todo lo que hay que hacer inmediatamente se toma el poder. Y estamos más que listos para eso. Evidentemente, esto pasa porque haya elecciones, y se elige al gobierno democráticamente. Pero sí, los equipos están listos, los expertos, las primeras medidas, la visión de desarrollo. Se ha invertido mucho tiempo en esto.
-¿En qué estarían enfocadas esas primeras medidas?
-Bueno, obviamente hay un tema humano, social, que es dramático. Desde el punto de vista socioeconómico, hay que atender muy rápido. Evidentemente, el tema de servicios públicos también, y poner orden en las finanzas, en la economía, para atraer lo más rápido que se pueda todo el capital que pueda ayudar en la reconstrucción del país, sobre todo incluso después de los terremotos. Y también el área de seguridad, y la reconstrucción institucional para garantizar la estabilidad del gobierno. Hay algunas que tienen más urgencia que otras por el país que vamos a recibir, pero al mismo tiempo, hay una visión de desarrollo a largo plazo. Yo creo que eso es lo más relevante. También le hemos puesto mucho empeño al rol de la diáspora, y cómo la diáspora se va a insertar en este proceso de reconstrucción, independientemente de que regrese pronto o no al país, todo lo que pueda aportar con experiencia, inversión, capital y, evidentemente, con el retorno, la reunificación familiar.
-¿Cuando viajas, ya sea por Estados Unidos, América Latina o Europa, qué es lo primero que te plantea la diáspora para el futuro del país?
-Primero te dicen que la gran mayoría está lista para volver, pero primero tiene que salir el régimen. O sea, ponen eso como condición. Esa idea de que no están más en el poder. Porque está el dolor, el duelo, de lo que ha sido la persecución. Luego hay un tema que además ha sido intencional por parte del régimen, que es toda esta negación del derecho a la identidad y de la imposibilidad que tienen los venezolanos hoy de obtener sus documentos, su pasaporte, su cédula, existir básicamente… Ser atendidos por un Estado que está al servicio de ellos. Y luego quieren votar, quieren elegir. Es evidente que para nosotros la principal y fundamental condición de cualquier proceso electoral tiene que ser que se abra el registro en el exterior. Estamos hablando que son cerca de cinco millones de venezolanos que estarían habilitados para votar y que hoy no pueden hacerlo. Es el estado más grande de Venezuela. Y la inmensa mayoría quiere votar. Probablemente lo tenga que hacer fuera de Venezuela. Algunos volverán, pero no parece que vayan a ser la mayoría inmediatamente. Por lo tanto, en la medida que nosotros le brindemos a los venezolanos la garantía de su derecho a participar, eso va a ser muy importante, porque además va a ser una señal muy nítida de que efectivamente estamos hacia una transición. No podemos concebir un proceso como el que viene sin la diáspora incorporada. Esa es una condición esencial: tiene que permitirse el derecho al voto de la diáspora venezolana.

-Cuando ocurrió lo del terremoto hubo bastante controversia por el posible retorno de María Corina Machado. Ella incluso se refirió a su intento de regresar. ¿Manejan plazos para su retorno?
-Su retorno es inminente. Es inminente primero porque es una decisión que está tomada desde hace mucho. Desde que salió al Nobel ya estaba pensando el día que iba a volver. Y como ella dijo, tuvo que salir para no solamente ir al Nobel, aunque llegó tarde, pero llegó, sino para atender una agenda importante, verse con aliados, conocer gente que solo conoció en pantallas durante años, después de dos años sin salir y era importante también para el rol de la causa. Pero ella lo hizo siempre pensando en su vuelta casi que lo más pronto posible dentro de esa lógica. Entonces, es inminente porque es una decisión, pero es inminente también porque ya el momento político así lo exige y es cuestión de poco tiempo para que la veamos dentro del país. Obviamente es normal que existan las dudas sobre su seguridad, la seguridad del equipo, etcétera. Pero venimos de una campaña inédita como la fue la del 2023 y la de 2024, donde al final la confianza y el secreto de todo esto es la gente. Y María Corina al final lo que quiere es estar con la gente, y esa va a ser su mejor protección en un contexto como este, donde al final el régimen, si decide hacerle algo, tendrá que responder por eso. Su decisión de volver no solo es inminente, eso va a ocurrir pronto, creo que en semanas lo vamos a ver, en pocas semanas. Y al final, como ella lo ha dicho, su tarea fundamental va a ser canalizar la energía para que haya una elección y la gente pueda votar una presidencial.
-Ya sin Maduro en el poder, y con el gobierno interino habiendo tenido que dar un giro muy evidente, ¿cómo te imaginas el futuro del chavismo?
-Nosotros no podemos conseguir una transición si no hay justicia. Ese es el punto de partida. Tiene que haber memoria, tiene que haber verdad, tiene que haber justicia, tiene que haber reparación, y tiene que haber mucho entendimiento y tiene que asumirse la responsabilidad de lo que se hizo. A partir de ese punto de partida podemos hablar de cómo vamos a ser un país democrático. Las ideas políticas van a poder ser expresadas, siempre en función de ese marco de justicia y de lo que ha representado esta huella para el país. El ejemplo de Panamá es muy claro. En ese encuentro había fuerzas que al principio incluso fueron parte del chavismo, y están ahí. Si hay un compromiso serio con la democracia, con defender las instituciones y con no repetir el pasado tan doloroso, bueno, si usted juega bajo reglas democráticas, podrá tener obviamente una existencia democrática. Y yo creo que ahí entrará la voluntad política de mucha gente para que eso sea así. Lo que sí queda claro es que quienes destruyeron el país y lo hicieron con toda la intención del mundo, también tendrán que rendir cuentas, porque sin justicia no vamos a ir a ningún lado. Y por eso es que ni transición con presos políticos, ni transición con injusticia, ni transición con olvido, porque va a ser muy complicado avanzar si no asumimos esa realidad. Por eso el aparato represivo tiene que desmantelarse.
-Te hago la última. Al principio de la entrevista te preguntaba si dieciséis meses atrás, cuando ustedes estaban en la embajada argentina en Caracas, te imaginabas una coyuntura como la de hoy sin Maduro en el poder. ¿Cómo te imaginas a Venezuela dentro de los próximos dieciséis meses?
-La veo, si no ya con un proceso presidencial en desarrollo o ya realizado, con un proceso de campaña hasta ese momento. Veo una sociedad civil más abierta que nunca, participando, incidiendo. Y veo una transición como una posibilidad ya en desarrollo real también. Yo creo que de aquí a quince meses, Venezuela va a estar atravesando un momento mucho más optimista y mucho más sólido en materia de su democracia. Por supuesto, con grandes retos, no lo dudo, pero la veo encaminada en ese sentido. Por eso soy optimista en que el regreso de María Corina y el rol de liderazgo va a empujar en esa dirección y por eso creo que en unos quince meses el contexto y la dinámica va a ser otro y vamos a estar listos para estar gobernando el país, y además para ser un socio confiable para Estados Unidos y para el mundo.
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