
"Vas desde que tenés uso de razón. Vas desde que sos tan chico que no podés acordarte de cuál fue la primera vez. Vas como quien va al patio de su casa, pero no. Porque ir allá es distinto. Es afuera. Es, ni más ni menos, dejar atrás tu puerta y tu casa. Vas y te asombras con los colores brillantes, con el caos de formas, con los olores dulces almacenados todos juntos", escribe Eduardo Sacheri, autor del libro que dio origen a la película argentina ganadora del Oscar "El Secreto de sus Ojos". Pero ese texto es diferente. La nostalgia, los sueños y ambiciones infantiles son los protagonistas de este pequeño relato cuyo tema central no es difícil de adivinar: el kiosco.
Se trata nada menos que de una tradición argentina. Un emblema cultural. Resulta ese escenario que sirve para sacar de apuros a cualquiera -y en muchos casos, a cualquier hora- es el lugar donde se tejen nuevos vínculos. Resulta uno de los establecimientos adorados por los niños más chicos. Practicamente no existen en Europa y su variedad de productos permite que se los considere imprescindibles en cada barrio en más de una ocasión.
El kiosco no sólo se reduce al comercio en sí. Engloba toda una filosofía, una cultura. Al margen del establecimiento, el propio dueño puede llegar a convertirse en un personaje mítico del barrio y hasta el local puede ser testigo del paso de generaciones en las familias vecinas. Un mundo aparte, un mundo conocido, cercano.
El breve texto de Sacheri se escribió en el marco de la 1° muestra fotográfica de "Kioscos Argentinos", que fue inaugurada en Plaza San Martín -en el barrio de Retiro– el 13 de octubre y que podrá visitarse hasta el 13 de noviembre. Es una exposición original que busca rendir homenaje a este ícono que forma parte de la identidad de este país, y sus miles de formas y personalidades, desde los maxikioscos porteños hasta lo pequeños locales de adobe de Tilcara.

Esta exposición está compuesta por 37 imágenes que fueron tomadas por fotógrafos a lo largo y ancho de la Argentina. Su objetivo es reflejar las distintas fisonomías de estos puestos y la increíble cantidad y variedad de kioscos que pueblan el territorio: desde maxikioscos enormes en algunas esquinas, carritos en parques, hasta ventanas en una típica casita de barrio o parajes en medio de rutas inhóspitas, oásis de colores y azúcares.
"Vas porque te maravilla esa constelación de olores ricos, de tesoros opulentos. Hay una heladera con puerta de vidrio llena de gaseosas. Y otra heladera acostada que está tapada de helados desde el piso hasta arriba de todo. Y unos mostradores atiborrados de golosinas de todos los colores del mundo. Vas mientras soñás que un día vas a tener tanta plata que vas a sacar un billete de los grandes y, con un gesto ampuloso, vas a decirle al señor que atiende que te llevas todo. '¿Todo?', va a preguntarte. 'Todo', vas a confirmar sin aspavientos", continúa el escrito de Sacheri, que confirma esas sensaciones y sentimientos que producen estos lugares durante los años de infancia.

Alfajores blancos y negros, gaseosas de todos los tipos y sabores, chocolates caros y baratos, caramelos duros, caramelos blandos, caramelos ácidos y dulzones, chicles sin azúcar, chicles para hacer globos extra large, galletas light y bizcochos para acompañar el mate, helados de palito y en pote, álbumes de figuritas, fósforos y encendedores, hamburguesas y super panchos. ¿Hay algo que no se pueda encontrar en un kiosco? Pocas cosas, muy pocas.
Mientras que en otras ciudades del mundo este formato de negocio se ubicaba en glorietas y locales designados en parques, en la Argentina los kioscos nacían desde las mismas casas de familia, que abrían la ventana para comerciar con los vecinos. Desde Buenos Aires se expandieron a todo el territorio, y fueron los epicentros de la venta de golosinas y cigarrillos en todo el país.

"Yo creo que es un rasgo de identidad único que tiene nuestro país, lo destacan los extranjeros y lo sentimos los argentinos cuando viajamos al exterior", aseguró Hernán Tchira, uno de los curadores de la obra, en diálogo con Infobae. "No existen kioscos como los nuestros, ni la figura del 'kiosquero del barrio', que es el gurú, el consejero, el que te da una mano siempre sin esperar nada. En lo personal nunca vi un kiosquero interesado en que gastes 15 en lugar de 10 pesos. Ellos están ahí, siempre, con enorme vocación. Sin duda se merecían este homenaje, y mucho más".
Coincide el co-curador Julio Suaya: "El kiosco es un territorio de nuestra infancia. Eran los Reyes Magos de los 365 días, solo que no venían, teníamos que ir a él. Era el banco final del contenido de nuestra alcancía… Visto hoy el kiosco era también un promotor de valores, pues se abría como un premio por una buena nota, buenas conductas, ayudar en la casa, no pelearse con los hermanos".

El kiosco del pueblo, la esquina del barrio, el abierto 24 horas, el del colegio. "Los kioscos son el símbolo de la mínima expresión del entrepreneur o microemprendedor argentino. En la actualidad hay más de 100.000 kioscos ubicados en cada rincón del país, que forman parte de la vida diaria de los argentinos, los que abastecemos diariamente" contó Marcelo Siano, gerente general de Consumo Masivo y Filiales Sur del Grupo Arcor, empresa que había publicado estas imágenes en el libro "Kioscos Argentinos" publicado por su 65° aniversario.
"Salimos a recorrer el país en busca de todos los tipos de kioscos que hay, todos cuentan algo, desde una pequeña ventana improvisada en una casa, hasta el más diseñado y prolijo. De Recoleta hasta el impenetrable Chaco. Todos son nuestros, todos hablan del ser argentino, todos tienen mil historias dentro, vamos desde niños y eso se mantiene para siempre. Nuestra vida en la calle arranca ahí, sin dudas. Estamos trabajando para llevar la muestra a otras provincias, la verdad es que el proyecto es federal, tiene todos los colores de la Argentina", agregó Tchira.

Lo cierto es que los kioscos son el resultado de personas que apuestan su capital a un nuevo negocio, quizás algo pequeño al interior de una casa, para ir creciendo de a poco, desde espacios en las grandes ciudades hasta en los pueblos más rurales. Son eclécticos, algunos desprolijos e improvisados, otros diseñados a la perfección. Sin ellos las calles argentinas serían otras.
Este espíritu se refleja en esta muestra, que fue producida por Nah! Contenidos y curada por Julio Suaya y Hernán Tchira. Incluye fotografías realizadas por Luis Abadi, Gastón Bernabe Genco, Maximiliano Blanco, Bernardina Boveri, Christian Granja, Beto Kitsner, César Marini, Guido Piotrkowski, Cristina Tomoff, Marcos Urisa y Julieta Weller.
Cuándo: desde el 13 de octubre hasta el 13 de noviembre.
Dónde: Plaza San Martín, barrio de Retiro.
Entrada libre y gratuita
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