Uno de los más grandes robos de la historia reciente ocurrió en silencio en una fábrica de La Plata el pasado 17 de abril. La firma Rolidar, dedicada a producir margarina y grasa de vaca para panificados y medialunas, fue el blanco de un asalto tipo comando. Cuatro hombres entraron a su planta en la calle 27. El botín fue fabuloso. Se llevaron 200 millones de pesos, junto a 100 mil dólares que estaban dentro de una caja de seguridad, que también sustrajeron junto a los dispositivos DVR de tres cámaras de seguridad.
El robo fue más que un robo: fue una aventura. Los delincuentes “lograron escalar al techo del lugar y realizar un boquete en la parte superior de la oficina de administración, para luego romper la puerta de la oficina contable”.
Luego, “hicieron un segundo boquete en el techo de la oficina de tesorería”, asegura un informe del caso. En el camino, los hampones destrozaron varios sensores de movimiento.
El dueño de la empresa recibió un reporte de alarma esa madrugada. A la fábrica, curiosamente, la custodiaba un vigilador de una empresa privada.
Tres de esos hampones siguen prófugos. Uno de ellos cayó. El fiscal Juan Cruz Condomí Alcorta lideró una investigación para hallarlo. Su nombre es Héctor Domingo González, de 45 años, oriundo de Berazategui. La DDI platense de la Policía Bonaerense lo capturó el pasado 7 de mayo. En las últimas horas, Condomí Alcorta logró su prisión preventiva.
González, precisamente, era el vigilador a cargo aquella noche.

La primera prueba que lo incriminó vino del dueño de la fábrica. El hombre declaró que había recibido una alerta por actividad en los sensores aquella noche, con González de turno y que, efectivamente, llamó al vigilador.
Luego, declaró un empleado de una empresa de monitoreo tercerizada, que llamó a la planta el 17 de abril a las 2 al recibir las alertas. El sereno con el que se comunicó le dijo: “En este momento está todo normal, pero sigo revisando, seguro está todo bien y que cualquier cosita los llamo”. Luego, cortó la llamada.
El nombre que figuraba en el sistema de vigilancia, precisamente, era el de Héctor.
Otro empleado de la firma de monitoreo lo contactó. “Yo le dije que volviera a mirar, que si quería lo volvía a llamar en unos minutos, le volví a enfatizar sobre las zonas y le insistí si estaba todo en orden, lo deje al tanto de las zonas anuladas y me dice que había revisado todo el lugar y no había encontrado nada”, declaró este empleado en la fiscalía del caso.
Otros en la cadena de mando preguntaron. González insistía con su versión: todo normal. Lo mismo dijo en su indagatoria: “Recuerdo que a esa hora estaba lloviznando, salí, miré, pero no vi nada, tampoco escuché ruidos raros”, insistió.
Sin embargo, se refirió a fallas en las cámaras, a un intenso ruido de compresores y calderas. “La versión exculpatoria del imputado, huérfana de otros elementos que la respalden, no alcanza -aquí y ahora- a conmover el plexo de cargo”, aseguró el juez Pablo Raele, que optó por no creerle.
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