
La herida por las desapariciones durante la última dictadura militar muchas veces queda abierta y es imposible de cerrar hasta no tener respuestas. El pasado martes, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró una identificación parcial de 12 personas entre los restos óseos que fueron hallados en el ex centro de detención clandestino conocido como “La Perla”, en Córdoba.
En ese marco, el primer identificado fue Mario Alberto Nívoli. Se trata de un hombre oriundo de Ucacha, una localidad cordobesa al sur de la provincia, que fue secuestrado el 14 de febrero de 1977 cuando tenía 28 años. Estudió Ingeniería Química en la Universidad Nacional del Litoral (U.N.L.) y comenzó su militancia política en la Juventud Universitaria Peronista (J.U.P.) - Montoneros. Se casó en Santa Fe y luego fue padre de dos hijos para volver a su provincia.
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Según su familia, todo ocurrió cuando un grupo de tareas irrumpió en su casa del barrio General Paz, en la ciudad de Córdoba. Desde entonces, su familia no supo nada más de él hasta este 10 de marzo, cuando llegó la noticia de que sus restos estaban en donde hoy funciona la guarnición militar de La Calera.
Su hija, María Soledad Nívoli, relató en diálogo con la radio Cadena 3 cómo fue todo el proceso, cómo recibió la noticia y todo lo que vivió durante estos cuarenta y nueve años de búsqueda. “Lo primero que sentí fue un llanto explosivo”, afirmó. El mensaje provino del abogado Ramiro Fresneda, quien le comunicó la noticia.
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Para la familia Nívoli, la espera se extendió por 49 años y estuvo marcada por la incertidumbre. María Soledad tenía apenas cuatro meses cuando ocurrieron los hechos; su hermano, dos años. La madre y los abuelos criaron a los hermanos en un entorno signado por la búsqueda constante y la transmisión de valores vinculados a la memoria, la verdad y la justicia. La confirmación de la identidad de Nívoli cerró un ciclo de incertidumbre para sus allegados. La hija expresó que, tras recibir la noticia, sintió un alivio desconocido: “Ya no soy más una hija de desaparecidos. Mi papá dejó de ser desaparecido. Ahora soy huérfana de padre. Mi papá está muerto”.
El hallazgo de los restos de Nívoli en “La Perla” permitió a su familia poner fin a décadas de búsqueda. La identificación realizada por el EAAF confirmó que los restos pertenecen al hombre secuestrado en 1977, lo que posibilitó a sus allegados dejar de considerarlo desaparecido y comenzar el duelo por su muerte. Durante el extenso proceso, la familia mantuvo la esperanza pese al paso del tiempo.
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El procedimiento que permitió la identificación se sustentó en un meticuloso trabajo científico. Participaron profesionales del Departamento de Geología de la Universidad Nacional de Río Cuarto y especialistas del EAAF, entre ellos Anaís Linares y Silvana Turner. Se llevaron a cabo excavaciones, análisis de archivos y comparación de imágenes aéreas para determinar el lugar exacto donde realizar los trabajos de campo.

La familia manifestó gratitud hacia quienes impulsaron la investigación, tanto en el ámbito judicial como en el académico y social. María Soledad Nívoli enfatizó el rol de los investigadores y de los organismos de derechos humanos: “Nunca perdieron el norte de la necesidad de seguir buscando indicios que permitieran encontrar a nuestros familiares”, sostuvo.
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El impacto de la noticia fue transversal. Para la hija de Mario Nívoli, la confirmación implica una transformación profunda. “Cambia todo para nosotros, pero también para nuestra comunidad, para nuestra sociedad. Es la certeza de que había que seguir buscando y de que esto recién empieza, porque hay muchos más allí”, afirmó en relación a las restantes víctimas de La Perla.
El trabajo científico fue realizado en cooperación con el Servicio de Antropología Forense del Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial de Córdoba (institución judicial) y el Juzgado Federal N.º 3, a cargo del juez Hugo Vaca Narvaja. En representación del Ministerio Público Fiscal, participaron la Unidad Fiscal de Derechos Humanos de Córdoba, a través de María Laura Bazo Queirolo y Facundo Trotta.
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El operativo comenzó en septiembre de 2025. Las excavaciones se realizaron en el terreno de la guarnición militar de La Calera, en búsqueda de posibles enterramientos vinculados con el ex centro de detención clandestina. Esta fecha corresponde a la decisión judicial de iniciar nuevas búsquedas para esclarecer casos irresueltos, en línea con las investigaciones judiciales en curso. Las tareas incluyeron la notificación a los familiares directos antes de brindar detalles públicos sobre los resultados.

Según las autoridades judiciales, una vez completado el proceso de notificación a las familias, se dará mayor información sobre las identidades de las personas halladas. La identificación parcial de los doce restos representa un avance en la reconstrucción de la verdad sobre los crímenes cometidos en ese período.
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“La Perla” funcionó como centro clandestino de detención entre 1976 y 1978, bajo la órbita del Tercer Cuerpo de Ejército. Se estima que por sus instalaciones pasaron entre dos mil y dos mil quinientas personas, la mayoría permanece desaparecida. El hallazgo y la identificación de restos en ese lugar constituyen un aporte a los procesos de verdad, memoria y justicia en la Argentina.
A pesar del dolor, la familia Nívoli considera que la identificación representa un acto de reparación. “Es una sensación de justicia. Decirles a quienes secuestraron y mataron a mi papá que ya no pueden seguir cometiendo ese crimen. Lo siguieron cometiendo durante todos estos años al mantenerlo desaparecido”, expresó María Soledad.
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En la actualidad, la madre de la familia padece una enfermedad neurodegenerativa avanzada. Los allegados planean comunicarle la noticia, conscientes de que se trata de un momento de enorme carga emotiva para todos. El proceso, lejos de cerrar la herida, otorga un nuevo significado a la lucha por la memoria y la reparación.
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