
El 3 de julio de 2018, cuando todavía no eran las seis de la mañana, un oficial de la policía golpeó la puerta de una casa en Chester, Reino Unido. Con la credencial en la mano ingresó al domicilio y, segundos después, le informó a Lucy Letby que quedaba arrestada bajo sospecha de homicidio y tentativa de homicidio. La mujer, que se había desempeñado como enfermera de la unidad neonatal del Hospital Countess of Chester, entró en shock. Primero lloró. Después pasó por su habitación, buscó un par de zapatillas y pidió despedirse de su gato. Finalmente la esposaron y la subieron a un patrullero.
Hasta entonces, Letby era una profesional más del hospital inglés, dedicada al cuidado de bebés prematuros en estado crítico. Había comenzado a trabajar en la institución en 2011 y su legajo no registraba objeciones. El quiebre llegó entre junio de 2015 y junio de 2016: durante ese período, la cantidad de muertes en la sala de neonatología aumentó de forma alarmante. Recién nacidos que colapsaban sin explicación y padres que pasaban de la esperanza al duelo en cuestión de horas. Aunque se trataba de pacientes extremadamente vulnerables, la tasa de mortalidad se disparó de manera llamativa respecto de años anteriores.
En 2017 se abrió la investigación formal. Se la conoció como “Operation Hummingbird” (Operación Colibrí) y fue liderada por la policía de Cheshire. Como medida preventiva, Letby fue retirada de sus funciones clínicas y derivada a tareas administrativas. Con el correr de los meses, los investigadores revisaron historias clínicas, registros de turnos y protocolos de medicación. Lo que en un principio parecían episodios aislados empezó a adquirir otra dimensión: en todos los decesos inexplicables, solo un nombre se repetía en las planillas. Lucy Letby.

El caso de la enfermera asesina serial de bebés sacudió al Reino Unido. A fines de 2020, tras casi cuatro años de investigación, Letby fue formalmente acusada del asesinato de siete bebés y del intento de asesinato de otros diez. En octubre de 2022 comenzó el juicio en el Tribunal de la Corona de Manchester. El 21 de agosto de 2023, después de uno de los procesos judiciales más extensos y conmocionantes del país, un jurado la declaró culpable de asesinar a siete bebés e intentar matar a otros seis.
Según informó la prensa británica, el juez James Goss le impuso una whole life order, es decir, cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. De acuerdo con el magistrado, la enfermera tuvo una conducta “cruel, calculada y cínica” contra “los más pequeños y vulnerables”. Además sostuvo que había actuado con “profunda malevolencia” y sin mostrar remordimiento.
Ahora, un nuevo documental de Netflix vuelve sobre la historia. Con imágenes inéditas del arresto, audios de los interrogatorios y testimonios de investigadores, médicos y familiares de los bebés fallecidos, la producción revisa las pruebas y el proceso judicial. Aunque la condena está firme, el film reaviva una discusión que nunca terminó de apagarse: Letby, ¿fue una infanticida serial o la víctima de un error judicial?

Condena confirmada, debate abierto
Después de la condena, la defensa de Letby —a cargo del abogado Mark McDonald— presentó, sin éxito, sucesivos recursos ante el Tribunal de Apelación alegando que la intensa cobertura mediática había condicionado la imparcialidad del jurado. Todos fueron rechazados. En paralelo, el Gobierno británico puso en marcha una investigación pública independiente para analizar qué ocurrió en el Hospital Countess of Chester y cómo se gestionaron las alertas internas que varios médicos habían elevado entre 2015 y 2016, cuando se registró el pico de fallecimientos.
El punto de mayor impacto llegó en febrero de 2025. Entonces, un panel internacional integrado por 14 especialistas en pediatría publicó un informe en el que aseguró que los fallecimientos podrían explicarse por causas naturales o fallas asistenciales. Tampoco halló pruebas directas de que Letby les hubiera inyectado aire o insulina con intención criminal.
El doctor Shoo Lee, neonatólogo retirado de Canadá y líder del panel, fue aún más contundente: “No hemos encontrado ningún asesinato”, sostuvo.
McDonald, en tanto, calificó el informe como una “prueba abrumadora” de que su clienta fue condenada erróneamente. “Lucy Letby está sentada en prisión por el resto de su vida por un crimen que simplemente nunca ocurrió”, afirmó. A raíz de ese documento, la defensa remitió el caso a la Criminal Cases Review Commission, el organismo encargado de revisar posibles errores judiciales graves, con la intención de que el proceso sea eventualmente reabierto. Por ahora, sin embargo, nada cambió: Letby continúa detenida.
Más allá del informe, existen otros elementos que fueron decisivos para el jurado que condenó a la enfermera y que hoy también están bajo la lupa: los apuntes del cuaderno personal de la enfermera, el rol de los peritos y el contexto de la unidad neonatal que atravesaba una crisis silenciosa.

El cuaderno: ¿confesión o desahogo?
En los allanamientos que se hicieron tanto en la casa de Letby, la policía encontró algunos cuadernos y varios papeles manuscritos con frases que luego ocuparon las tapas de los diarios: “Yo los maté”, “Soy mala, lo hice”.
La fiscalía consideró esas notas como una confesión escrita. De hecho, durante el juicio, esos fragmentos fueron leídos en voz alta y analizados en detalle. La conclusión fue que no podían entenderse como meras expresiones de angustia, sino como manifestaciones de responsabilidad directa.
Sin embargo, el documental revela que en esas mismas anotaciones también aparecían frases en sentido contrario, que no fueron tenidas en cuenta: “Me siento muy sola”, “No hice nada malo”, “Es una injusticia”, “Calumnias”, “Discriminación”. Según la defensa, se trataba de “anotaciones caóticas”, que la enfermera escribió en un momento de profunda angustia, cuando había sido apartada de la unidad neonatal y sentía que su carrera se desmoronaba.
De hecho, en el interrogatorio policial que muestra el film, Letby explicó que aquellas palabras eran parte de un ejercicio terapéutico sugerido por el servicio de apoyo ocupacional del hospital. “Escribí eso porque la situación me superaba. Sentí que cuestionaban mi forma de trabajar y que quizá los había dañado sin querer, y eso me hizo sentir culpable. Pero no por haber hecho algo, sino por cómo me hicieron sentir”, declaró. “Me gustaba mi trabajo”.

Una unidad neonatal bajo presión
El contexto en el que ocurrieron las muertes es otro de los puntos sobre los que hace foco el documental. Si bien la unidad neonatal del Hospital Countess of Chester estaba habilitada para funcionar, atravesaba una fuerte crisis. Años antes, un informe del Royal College of Paediatrics and Child Health ya había señalado deficiencias en el funcionamiento del sector, incluyendo errores en la colocación de tubos respiratorios.
Durante el debate se mencionó que la neonatología atendía a un número elevado de bebés en estado crítico y que las enfermeras realizaban horas extras. Letby cumplía turnos de hasta 14 horas. El film recupera los mensajes que les enviaba a sus colegas después de algunos fallecimientos: “Pasamos una noche horrible, a veces nuestro trabajo es muy triste. Murió la bebé Z”. En el interrogatorio, la policía le señaló la aparente contradicción entre el detalle de esos intercambios y su afirmación posterior de no recordar ciertos aspectos clínicos. También le cuestionaron la búsqueda a los padres de esa víctima en Facebook. “No recuerdo haber hecho esas búsquedas”, respondió.
La coincidencia entre su presencia en los turnos y los colapsos fue un eje central de la acusación. Para la fiscalía, esa simultaneidad era significativa. La defensa, en cambio, sostuvo que se trataba de una unidad pequeña, que Letby hacía horas extra y que por su experiencia se le asignaban los casos más complejos. “Lo extraño hubiera sido que Lucy no estuviera si algo malo pasaba”, afirmó su abogado en el documental.
La acusación también subrayó que, tras su apartamiento, la mortalidad descendió. De acuerdo con la defensa, en ese período la unidad bajó de categoría y dejó de recibir a los pacientes más graves, lo que modificó el perfil de riesgo.

La batalla de los expertos
El uso de pruebas médicas fue uno de los pilares de la condena y, al mismo tiempo, uno de los aspectos más discutidos del caso. Entre los testigos clave estuvo el pediatra jubilado y reconocido perito Dewi Evans, convocado por la fiscalía para analizar los historiales clínicos de los bebés.
Durante el juicio, Evans sostuvo que ciertas características físicas observadas en las víctimas “mostraban marcadas similitudes con el patrón de colapso y muerte asociado a embolia gaseosa”, una hipótesis que sugería la posible inyección deliberada de aire en el torrente sanguíneo.
Su intervención fue objeto de debate. Uno de los puntos que hoy se discuten es la utilización de literatura médica para respaldar esa teoría. Evans citó investigaciones del neonatólogo canadiense Shoo Lee sobre embolias gaseosas en recién nacidos. En el documental, Lee afirma que su trabajo fue mal interpretado y que los casos analizados en el debate no encajaban con los criterios clínicos descritos en sus estudios.

Esa discrepancia fue uno de los detonantes para que se conformara el panel internacional de 14 expertos que revisó los historiales médicos en 2025.
En su informe, el panel detalló “numerosos problemas” en la atención médica brindada a los 17 bebés incluidos en el proceso. En uno de los casos, concluyó que el llamado “Niño 1”, un gemelo de un día por cuyo fallecimiento Letby fue condenada, habría muerto por una trombosis asociada a un retraso en la administración de una infusión. En otro, señaló que una bebé de 10 semanas presentaba complicaciones vinculadas al síndrome de dificultad respiratoria y a una enfermedad pulmonar crónica.
En medio de esas revisiones y contrapuntos, la condena permanece intacta. Es decir, para la Justicia británica, Lucy Letby es una infanticida serial.
Para su defensa, en cambio, se trata de un error judicial.
El debate sigue abierto.
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