
La imagen tradicional de quienes disfrutan de la soledad o escogen la soltería suele estar marcada por prejuicios y estereotipos negativos. Sin embargo, investigaciones recientes divulgadas por Psychology Today desafían estos supuestos. Las personas que valoran su tiempo a solas o no temen permanecer solteras presentan rasgos de personalidad positivos y no encajan en los perfiles problemáticos que la sociedad suele atribuirles.
De acuerdo con los hallazgos presentados por Psychology Today, tanto quienes buscan de manera activa momentos de soledad como quienes permanecen tranquilos ante la posibilidad de una vida sin pareja estable, tienden a mostrar bajos niveles de neuroticismo y mayor apertura mental.
Estos resultados refutan la creencia de que la preferencia por la soledad o la soltería surge necesariamente de dificultades emocionales. Por el contrario, los estudios señalan que estos individuos suelen ser estables emocionalmente y están abiertos a nuevas experiencias.
El estereotipo del solitario
La figura del solitario hostil o socialmente disfuncional ha sido ampliamente difundida en la cultura popular. Anneli Rufus, autora citada por Psychology Today, sostiene que estos clichés no reflejan la realidad de los verdaderos solitarios. Quienes disfrutan de estar solos lo hacen por elección y encuentran satisfacción en su independencia.
La hostilidad y el resentimiento aparecen, en cambio, en quienes experimentan la soledad de modo forzado, como resultado del rechazo o la exclusión social.

Herramientas para medir la soledad y la soltería
Para comprender mejor estas diferencias, los investigadores han desarrollado escalas específicas. Por ejemplo, Birk Hagemeyer y su equipo crearon para su estudio una herramienta para medir el “deseo de estar solo”, que evalúa cuán relajada y satisfecha se siente una persona cuando está a solas. Quienes puntúan alto en esta escala suelen coincidir con afirmaciones como “me gusta estar completamente solo” y rechazar frases tipo “me siento incómodo cuando estoy solo”.
Por otra parte, el trabajo de Stephanie Spielmann y sus colegas diseñaron una escala para medir el “temor a estar solo”, centrada en la ansiedad ante la idea de vivir sin pareja. Este enfoque se dirigió a quienes no temen la soltería, es decir, aquellos que rechazan ideas como “si termino solo en la vida, probablemente sentiré que hay algo mal en mí”.
Cómo se realizaron los estudios
Los estudios analizados por Psychology Today contemplaron varios grupos. Para medir el “temor a estar solo” participaron 301 adultos reclutados en línea, con una edad promedio de 29 años, y 147 estudiantes universitarios canadienses, con una media de 19 años. La mayoría eran solteros o no mantenían una relación estable.
Para explorar el “deseo de estar solo”, las investigaciones se realizaron en Alemania con adultos que llevaban al menos un año en pareja. Un grupo incluyó a 476 participantes con una edad promedio de 35 años y otro, a 578 parejas heterosexuales, con una media de 42 años.
A todos los grupos se les evaluaron las cinco grandes dimensiones de la personalidad: neuroticismo, apertura, extraversión, afabilidad y escrupulosidad. Además, se midieron variables como la sociabilidad, la autoestima basada en relaciones y la sensibilidad al rechazo, así como soledad y depresión.
Los resultados revelan que quienes disfrutan de la soledad o no temen la soltería presentan niveles especialmente bajos de neuroticismo y mayor estabilidad emocional. Ambos grupos tienden a ser más abiertos a nuevas experiencias y, en el caso de quienes no temen la soltería, se observa más afabilidad y escrupulosidad respecto a aquellos que sí la temen.
Llama la atención que las personas sin miedo a la soltería resultan más extrovertidas que quienes sí la temen, desafiando la idea de que la soltería se asocia a la introversión. Las personas que prefieren pasar tiempo solas no difieren en extraversión respecto a otros, aunque sí muestran menor sociabilidad, una diferencia sutil pero significativa.

Autonomía y bienestar emocional de quienes eligen la soledad
El análisis de otras características refuerza la imagen positiva de estos grupos. Las personas que no temen la soltería no presentan una sensibilidad especial al rechazo ni se hieren con facilidad. Su autoestima no depende de sus relaciones amorosas y manifiestan menores niveles de soledad y depresión.
Según datos recogidos por Psychology Today, suelen establecer estándares altos en sus relaciones y terminan vínculos insatisfactorios con mayor facilidad, lo que sugiere mayor autonomía y autoconfianza.
Desafíos sociales y transformaciones culturales
A pesar de estos aspectos positivos, la percepción social hacia quienes prefieren la soledad o la soltería sigue siendo negativa. Estas personas suelen ser juzgadas con mayor severidad y pueden enfrentar hostilidad. Su preferencia por la independencia desafía los mandatos culturales sobre el valor de las relaciones románticas y la vida en pareja, generando incomodidad en algunos sectores de la sociedad.
Sin embargo, a medida que más individuos reconocen y aceptan públicamente su satisfacción con la soltería o la soledad, el panorama cultural podría cambiar. La visibilidad de personas felices sin pareja y de quienes disfrutan de la independencia puede favorecer una mayor aceptación social y ampliar los modelos de vida valorados colectivamente.
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