¿Cuántas chances hay de ser atropellada por un avión? ¿Y cuántas chances hay de sobrevivir a ese tipo de accidente? En ese sentido, Yésica Acuña se cree única. La tarde del 30 de octubre del 2021 la chica salió de su casa en las afueras de Villa General Belgrano, Córdoba, a ver un show de acrobacias de dos avionetas. Los pilotos habían estado toda la semana preparando una rutina para un espectáculo sorpresa que darían en ese momento durante una fiesta de casamiento que se desarrollaba en un campo cercano. “Todos esos días cada vez que escuchábamos el ruido salíamos a la puerta para ver como practicaban. Creo que iban a dibujar un corazón y las iniciales en el aire con humo”, recuerda la joven de 30 años en diálogo telefónico con Infobae.
Yésica salió a la puerta de su casa junto a su hija Isabella de 3 años como muchos vecinos del barrio que estaba pegado al aeródromo de Villa General Belgrano. “Mi nene de 3 meses Leah quedó durmiendo en la cuna”, cuenta la joven cordobesa, que en el momento del accidente estaba por cumplir 27 años. El casamiento se desarrollaba en una estancia cercana y ese sábado a la tarde el cielo estaba despejado. Nada complicaba la visibilidad de los pilotos. “Habían practicado casi todos los días anteriores y lo hicieron muy bien. No sé lo que pasó esa tarde”, dice Acuña.
Los 15 segundos fatales
Entonces, Yésica vuelve a los segundos fatales que cambiaron para siempre su vida y la de su hija Isabella. “De golpe en un inicio de la caída libre de la avioneta siento como un ruido raro. Creo que el piloto se le apagó el motor y no lo pudo volver a encender. Apenas segundos después los ojos de la joven vieron a la aeronave precipitarse al suelo. “Fue un flash. Primero creí que iba a caer en otro lado. Pero, al instante ya la tenía encima. Atiné a empujar a mi hija para que no le diera de lleno. A la joven madre y a Isabella las golpea el ala del avión. Eso las salvó. “Si nos pegaba el fuselaje no creo que hubiera podido contarla”, se sincera Yésica.

Toda la secuencia quedó grabada por el celular de la chica. En apenas 15 segundos se ve la pirueta del avión y el desplome sobre Yésica y su hija. En el audio del clip se escucha a Isabella que dice: “Mirá cómo hace, ¿da la vuelta?”. Enseguida, la nariz del avión les apunta en forma directa. -¡Ay Dios, ay Isa... ay Isa!!, grita Yésica. Algunos perros ladran y llega la explosión del final y el celular que deja de filmar.
En el instante antes del choque, Yésica pudo ver los ojos claros del piloto que se le venían encima. “Es que hizo la pirueta muy cerca de donde estábamos por eso lo vi. Tras el impacto quedé desmayada. El hombre que se desplomó con la avioneta quedó en estado vegetativo irreversible. Eso te demuestra la magnitud de la caída”, explica Acuña.
¿Qué pasó después? “Sentí un dolor muy fuerte. El peor de mi vida. -cuenta Yésica-. No podía moverme. Y sentí que fueron segundos, pero después me contaron que estuve un par de horas desmayada. Isabella también primero se desmaya, pero después empieza a sufrir y a llorar. Sentía que no tenía las piernas, de la cintura para abajo tenía todo dormido. Cuando vi a Isa tirada ni siquiera me salía el llanto, solo gritaba que alguien la viera o la agarrara, porque no sabía qué le había pasado. Fue horrible”, agrega.

Las secuelas del accidente
Yésica sufrió dos fracturas de fémur y de pelvis, y debió ser operada en dos ocasiones. Tras el siniestro, permaneció casi un mes en un hospital y luego, estuvo en un hogar municipal de rehabilitación durante tres meses hasta que recibió el alta. “Durante todo ese tiempo pude ver muy poco a Isabella. Y mucho menos a mi bebé. Casi no me reconoció cuando pudimos volver a estar juntos”, admite la joven cordobesa.
Yésica tiene una pierna más corta que la otra. Eso lo intenta paliar con una serie de plantillas. “Tengo dolores recurrentes y marcas en las piernas que todo el tiempo me recuerdan el accidente -dice Yésica-. Es más en uno de sus embarazos posteriores no pude trabajar desde el cuarto mes. Los médicos tenían miedo que mis caderas no resistieran el parto. Por eso, además, programaron una cesárea”.
Isabella sufrió fracturas de cadera y politraumatismo de pulmón y logró recuperarse tras una larga internación. “Es increíble el cuerpo de los chicos. Son muy flexibles. Mi hija logró una mejoría total. Casi no tiene secuelas del accidente”, cuenta Yésica.
A la joven ni se le ocurre viajar en avión, ni siquiera en los de pasajeros. “Trabajo en un complejo de cabañas muy cerca del aeródromo también y cada vez que pasa una avioneta tengo que estar bajo techo. Si estoy a cielo abierto y la veo me da miedo. Siento como se me eriza la piel y me falta el aire”, describe la chica.
El accidente también detonó la vida amorosa de Yésica. Mientras estaba internada se distanció del padre de Isabella. “Me enteré que venía a visitarme junto a una de sus ex novias. Ahora, con el tiempo nos llevamos mejor por el bien de nuestros hijos”, explica. Al mismo tiempo, su actual pareja que, estaba en el casamiento cuando la avioneta se desplomó sobre la joven y su hija, corrió hacia el barrio y enseguida trato de ayudar. “Durmió cerca mío todo el tiempo que estuve en el hospital y en recuperación”, recuerda.

Detalles de la causa
Yésica llegó a un acuerdo y recibió una indemnización al igual que su hija. “Mi plata la use un tiempo para pagar el alquiler y otros gastos corrientes. La de Isabella la tenía que usar por orden judicial para comprar una casa y un auto, pero el dinero no alcanzó. “La vivienda sigue en construcción y es muy difícil de terminar. En cuanto al coche, hice una mala compra y lo tengo parado”, explica.
Durante el proceso iniciado, la Junta de Seguridad en el Transporte, de la Dirección Nacional de Investigación de Sucesos Aeronáuticos y la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) informaron que el piloto involucrado poseía licencia aeronáutica pero no la habilitación especial para vuelos acrobáticos. Con esas pericias, en junio de 2022 el fiscal federal decidió imputar a ambos pilotos en carácter de autores en base al artículo 221 del Código Aeronáutico, por realizar funciones aeronáuticas sin habilitación y efectuar vuelos arriesgados, con el agravamiento de las lesiones en dos personas.
“Era un caso sin jurisprudencia, ya que no hay en el mundo un caso de un avión que se haya caído en la calle y haya atropellado a alguien”, describió la abogada de Yésica en los medios cordobeses en el momento del juicio. La causa tenía tres imputados, los dueños de la aeronave y los dos pilotos, tanto el que protagonizó el siniestro como el que conducía la segunda avioneta. Con los tres se llegó a un acuerdo económico. El sobrevuelo excedía el perímetro del aeroclub y lo hacía sobre un barrio. A su vez, el avión no estaba asegurado para este tipo de acrobacias.
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