
Mónica Dawidowicz nació en un ghetto en Bielorrusia en 1941 y apenas nació, sus padres la entregaron a una familia protectora polaca. Ellos murieron en el campo de exterminio nazi Majdanek dos años después y recién cuando era adolescente pudo conocer su verdadera historia.
Desde entonces, Mónica habla de su verdad, la comparte y realiza actividades como sobreviviente. Esta vez, de la mano de El Museo del Holocausto de Buenos Aires lo hizo en los penales 40, de Lomas de Zamora, y 43, de La Matanza, frente a unas 300 personas privadas de su libertad. Este taller se realiza con motivo del programa “Pabellones Literarios para la Libertad” que impulsa el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires y el Servicio Penitenciario Bonaerense.
“Ustedes también tienen que buscar superarse y que este tiempo de encierro no sea encerrarse, sino pensar de qué manera aprovechar cada día y cada momento, para ustedes, para ser más ustedes, para encontrarse más a ustedes. Todos tienen familia, algunos tendrán hijos, dedicarles a ellos los mejores momentos que tengan”, les dijo.

Luego de haber trabajado el libro “El diario de Ana Frank” en el espacio del taller de literatura, se realizó esta actividad en conjunto, con su testimonio a través de una conferencia por Zoom. Fue una hora y media en la que contó su vida, lo que padecieron su madre y padre, frente a la audiencia conmovida que también tuvo el espacio para hacerle algunas preguntas.
“Esta actividad en los pabellones ha sido muy rica para todos y esperamos que sea una inspiración para las personas privadas de su libertad, para que puedan desafiarse y aprender de los errores. La propuesta está alineada con una de las misiones centrales del Museo del Holocausto de Buenos Aires: que la historia nos enseñe a ser mejores personas y a mejorar como sociedad”, aseguró Marcelo Mindlin, presidente del Museo del Holocausto de Buenos Aires.
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La historia de Mónica
A pesar de haber sido criada sin conocer su verdadera identidad, siempre sospechó que había “una historia oculta”. Tenía 14 años cuando supo lo que vivieron sus padres, lo que hicieron por ella y el trágico final.
Todo lo cuenta en el libro que publicó en 2016, “Todos mis nombres”, una charla íntima en la que permite establecer un diálogo y reflexionar sobre las preguntas y contradicciones que plantea su historia y la de su familia.
La mujer reconstruyó su infancia a partir de documentos e historias de terceros: como Raquel en 1941 en el gueto de Lida, hoy Bielorrusia. Fue entregada a la familia polaca no judía por los huecos en el alambrado y desde entonces inició un viaje que la vería cambiar de nombre y hogar muchas veces, hasta reunirse con su familia en la Argentina una década después.
Contar para no olvidar
“Nací en un ghetto de Lida cuando ya el ejército alemán, con las SS, habían entrado a esa ciudad. Fui la tercera hija de mis padres que, al entender que no podrían protegernos, decidieron entregarnos a familias no judía”, relató la mujer que hoy tiene 80 años. Ella y su hermana mayor lograron sobrevivir al exterminio de los nazis.

Contar la historia es para ella el legado de sus padres y la manera de mantener viva la memoria. Por eso, fue parte de las actividades fueron llevadas adelante por un grupo de talleristas, con la coordinación de Cristina Fernández Cuesta. En representación del Museo, participaron los directores Jonathan Karszenbaum y Fabiana Mindlin, la coordinadora de Actividades Osnat Glusman y la responsable de comunicación, Brenda Ficher.
En el caso del penal 40, estuvieron el jefe del Penal, Jesús María Agüero; el subdirector de Asistencia y tratamiento a cargo de la unidad 43, Mario Torres; el subdirector de administración subprefecto Eduardo Carballo; los subjefes de penal, Juan Segovia y Ángel Merele; la coordinadora de cultura y educación, Daniela Acevedo, y el coordinador del evento, José Buonomo. También participó Roberto Conti, a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal 7 de Lomas de Zamora y uno de los impulsores del proyecto.
En el caso de la actividad en el penal 43, estuvieron el prefecto mayor y director, Gastón Espaltro; el jefe de zona conurbano sudoeste, Christian Leonardo Fernández; el secretario del complejo conurbano sudoeste, Nicolás de Gregorio; el subdirector, Ignacio Cerda Tarantino, y el jefe del Servicio Penitenciario Bonaerense, Xavier Areses.
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