
Una nueva herramienta quirúrgica podría hacer visibles los nervios del cerebro como si se encendieran con luz propia. Así como los resaltadores ayudan a identificar frases importantes en un texto, un fármaco fluorescente llamado bevonesceína beneficia a los cirujanos durante operaciones complejas.
Esta capacidad puede marcar una diferencia crítica en procedimientos donde un movimiento en falso puede causar daños permanentes. Desarrollado por un equipo liderado desde la Universidad de Nuevo México (UNM), el compuesto se encuentra en fase avanzada de ensayos clínicos y demostró resultados prometedores. Según informó la UNM y respaldado por una publicación en Nature Communications, este avance podría transformar la seguridad y precisión en quirófano.
El reto de identificar nervios en cirugía y la necesidad de nuevas soluciones
Durante una intervención quirúrgica, preservar los nervios es tan esencial como no cortar un cable eléctrico en una instalación. Lesionarlos puede ocasionar pérdida de movilidad, sensibilidad o incluso funciones vitales.
Hasta ahora, los cirujanos dependen principalmente de su conocimiento anatómico y de monitores electrofisiológicos que miden la actividad de los nervios, aunque estos métodos no siempre permiten una localización precisa.
“Si podemos ayudar a los cirujanos a ver mejor las cosas, podrán realizar cirugías más rápidas, más eficientes y más seguras”, explicó en un comunicado de la universidad, Ryan Orosco, MD, profesor asociado y otorrinolaringólogo de la Facultad de Medicina de la UNM. Según detalló la institución, esta es precisamente la misión de la bevonesceína: proporcionar una herramienta visual directa que facilite la identificación de los nervios y reduzca las complicaciones postoperatorias.

Bevonesceína: composición, mecanismo y visualización en quirófano
La bevonesceína es una molécula diseñada con una cadena corta de aminoácidos unida a un marcador fluorescente. Tras administrarse por vía intravenosa antes de la operación, el fármaco se adhiere selectivamente al tejido nervioso. Una vez en el cuerpo, actúa como si “iluminara” los nervios desde dentro.
En el quirófano, los cirujanos utilizan microscopios con filtros y luces especiales que emiten una frecuencia de luz capaz de activar la fluorescencia del medicamento. Como resultado, los nervios se iluminan en verde amarillento, en contraste con los tejidos circundantes.
“Podemos visualizarlos cinco, seis, siete u ocho horas después, y aún permanece unido a los nervios, pero se elimina del cuerpo en 12 horas”, explicó Orosco sobre el comportamiento del fármaco en el organismo.
Este sistema de visualización permite ver tramos más largos de nervios que los que podrían identificarse a simple vista, algo especialmente útil en cirugías de cabeza y cuello, donde los nervios están muy próximos a estructuras esenciales.

Resultados del estudio publicado: seguridad y eficacia en pacientes oncológicos
El primer estudio clínico con bevonesceína evaluó su seguridad y eficacia en 27 pacientes con cáncer. Todos fueron sometidos a cirugías de alta precisión, como extirpación de ganglios linfáticos en el cuello, resección de la glándula parótida o tiroidectomías. En estos procedimientos, evitar el daño a los nervios craneales es fundamental.
La investigación confirmó que el fármaco fue bien tolerado por los pacientes y permitió visualizar segmentos nerviosos que normalmente habrían pasado inadvertidos. El estudio de fase 1-2 sirvió para documentar la seguridad del agente y su utilidad intraoperatoria, aunque no midió directamente el impacto clínico a largo plazo.
Ensayo de fase 3 en curso: alcance y expectativas
Actualmente, se desarrolla un ensayo clínico de fase 3 con participación de pacientes del Hospital de la UNM y de otros nueve centros médicos. El objetivo es determinar si el uso del fármaco mejora significativamente los resultados quirúrgicos generales. De acuerdo con Orosco, investigador principal nacional del estudio, se espera que esta fase concluya durante el verano.
Según información proporcionada por la universidad, el ensayo abarca una variedad de procedimientos en la región de cabeza y cuello, lo que permitirá evaluar el rendimiento del fármaco en distintas situaciones clínicas. Si los resultados son positivos, podría abrirse el camino para su aprobación por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA).
Perspectivas futuras: aprobación de la FDA y expansión a otras cirugías
Si el estudio de fase 3 confirma los beneficios clínicos de la bevonesceína, el fármaco podría ser aprobado por la FDA para su uso en cirugías de cabeza y cuello. Una vez aprobado, podría emplearse también en otros tipos de cirugía.
“Una vez que la FDA lo apruebe para una indicación específica, estará disponible. Los cirujanos también pueden usarlo fuera de indicación para lo que deseen. La gran pregunta es: ¿cómo funciona esto? ¿Quién empieza a usarlo y en qué tipos de cirugías?”, reflexionó Orosco.
Más allá de la cabeza y el cuello, los investigadores ven potencial para utilizar esta tecnología en cirugía ortopédica, plástica, de columna vertebral o del sistema nervioso periférico, donde evitar el daño a los nervios también es esencial.

Uno de los próximos pasos en la investigación será probar lupas de aumento especialmente modificadas, similares a las que muchos cirujanos ya usan, como una alternativa más accesible al microscopio quirúrgico. Esta adaptación facilitaría el uso de la tecnología en hospitales con menor equipamiento.
“Probar estas lupas en un ensayo derivado es un paso fundamental y práctico hacia su implementación en el mundo real”, afirmó Orosco. Según la UNM, esta fase podría acelerar la adopción del fármaco en contextos clínicos variados y aumentar el número de pacientes que se beneficien de este recurso.
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