
El fin del verano marca el regreso a la rutina, un proceso que implica reajustar hábitos y reorganizar el día a día. “Con la vuelta a clases y a las múltiples actividades, es común que tanto niños como adultos experimenten una sensación de desajuste que, si no se maneja adecuadamente, puede generar estrés y fatiga.
Comprender los mecanismos biológicos y psicológicos detrás de esta transición nos permite abordarla de manera más eficiente y menos abrupta” sostiene la doctora Andrea Abadi, directora del Departamento Infanto Juvenil de INECO.
La importancia de la adaptación progresiva
Los ritmos circadianos, que regulan los ciclos de sueño y vigilia, se ven alterados durante las vacaciones debido a cambios en los horarios de descanso y exposición a pantallas.

Investigaciones en neurociencia sugieren que la alteración del sueño puede afectar la memoria, la concentración y el estado de ánimo. Para mitigar estos efectos, es recomendable comenzar a regular los horarios de sueño al menos una semana antes del inicio del ciclo escolar, acostándose y despertándose progresivamente más temprano.
“Además, reducir el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir es clave, ya que la luz azul de las pantallas inhibe la producción de melatonina, la hormona encargada de regular el sueño. Un ambiente relajante antes de acostarse, con actividades como la lectura o la meditación, facilita la transición al descanso nocturno” agrega la doctora Abadi.
Evitar la sobrecarga de actividades

El regreso a la rutina suele venir acompañado de una agenda llena de compromisos: escuela, tareas, deportes, clases extracurriculares, entre otros. Sin embargo, diversos estudios en psicología del desarrollo advierten sobre los efectos negativos de la sobrecarga de actividades en los niños, incluyendo estrés, ansiedad y disminución del tiempo de juego libre, esencial para el desarrollo cognitivo y emocional.
“El juego no solo es una actividad recreativa, sino una herramienta fundamental en el desarrollo infantil. La neurociencia ha demostrado que jugar estimula funciones ejecutivas clave, como la planificación, la resolución de problemas y la regulación emocional. Además, fomenta la creatividad y la socialización, aspectos cruciales para el bienestar de los niños” explica la doctora Abadi.
Estrategias para una transición equilibrada
Para facilitar el proceso de adaptación y evitar que el descanso del verano desaparezca en la primera mañana de clases, se pueden implementar algunas estrategias basadas en evidencia científica:





En definitiva, el regreso a la rutina no tiene por qué ser sinónimo de caos y estrés. Con una planificación adecuada y considerando la importancia del bienestar infantil, se puede lograr una transición más armoniosa que preserve los beneficios del descanso y promueva un desarrollo saludable.
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