
En un contexto de incertidumbre global marcado por el conflicto en Medio Oriente, la economía argentina enfrentaría una combinación de riesgos y oportunidades que impactarían tanto en las variables macroeconómicas como en el sector agropecuario. Según un informe elaborado por CREA, el fenómeno de “flight to quality” podría encarecer el acceso al financiamiento externo, especialmente de cara a los vencimientos de deuda previstos para 2027, al tiempo que el aumento de los costos energéticos presionaría sobre la inflación.
En el plano productivo, el agro ya comenzaría a sentir el impacto del encarecimiento de insumos clave: el precio del gasoil habría aumentado un 22% en lo que va del año, mientras que la urea se habría encarecido un 63%, deteriorando las relaciones de precios de cara a la campaña fina.
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Sin embargo, el escenario también presentaría factores positivos. El alza del petróleo —con el Brent subiendo un 71% en el año— impulsaría la balanza comercial energética, que proyectaría un superávit de USD 12.000 millones para 2026. A su vez, acuerdos comerciales recientes favorecerían las exportaciones ganaderas, mientras que se esperaría una campaña agrícola en torno a las 148 millones de toneladas.

En este marco, el fortalecimiento del peso habría estado vinculado tanto a la acumulación de reservas —con compras por USD 3.989 millones— como a una política monetaria más restrictiva. La recomposición de la confianza en la moneda local habría permitido ampliar la base monetaria, aunque con retrocesos en términos reales frente a la inflación.
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No obstante, en la previa electoral, la demanda de dinero habría mostrado una caída significativa, lo que llevó a las autoridades a reforzar el sesgo contractivo. El Banco Central habría mantenido elevados encajes bancarios, mientras que el Tesoro habría absorbido liquidez mediante la emisión de deuda, incluso convalidando tasas de interés más altas para retirar pesos del mercado, puntualiza el informe de CREA.
Este conjunto de medidas, configuraría una política monetaria contractiva, que en teoría contribuiría a contener la inflación y estabilizar el tipo de cambio, pero al mismo tiempo limitaría el crédito y la actividad económica. De hecho, uno de los efectos más visibles ya sería el estancamiento del financiamiento al sector privado, señala el estudio de CREA.
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A nivel general, el crédito habría mostrado una fuerte expansión entre fines de 2023 y mediados de 2025, con un crecimiento del 75% en préstamos personales y de tarjetas. Sin embargo, desde la segunda mitad de 2025, ese dinamismo se habría desacelerado drásticamente, con tasas de crecimiento cercanas al 0,2% mensual.
En contraste, el sector agropecuario presentaría una dinámica diferenciada. Al tratarse de una actividad exportadora, habría encontrado en el financiamiento en dólares una alternativa atractiva, alcanzando niveles récord de endeudamiento por USD 3.028 millones. Esta estrategia resultaría conveniente bajo un escenario de estabilidad cambiaria, aunque implicaría riesgos ante eventuales devaluaciones.
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De cara al futuro, el desafío del Gobierno sería sostener la acumulación de reservas sin comprometer la actividad económica, puntualiza el informe de CREA. En ese sentido, se anticiparían medidas orientadas a reducir tasas y encajes para dinamizar el crédito. Mientras tanto, en el agro, la mayor estabilidad macroeconómica comenzaría a traducirse en mejores expectativas de inversión, con un 20% de los productores considerando que sería un buen momento para invertir.
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