
Durante décadas, la fertilización de los suelos pampeanos se centró en los nutrientes principales: nitrógeno, fósforo y, en menor medida, azufre. Sin embargo, estudios recientes advierten que la disponibilidad de micronutrientes, en particular el zinc, empieza a marcar la diferencia entre rendimientos estables y pérdidas productivas.
Un relevamiento de la Unidad Integrada Balcarce —conformada por el INTA, el Conicet y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata— detectó que un tercio de los lotes analizados en el sur bonaerense presenta menos de 0,80 partes por millón (ppm) de zinc.
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Esta cifra contrasta con los valores medios y altos que predominaban en 2011, y plantea un escenario preocupante para la producción de trigo y cebada.

“Hoy el zinc comienza a mostrar señales de deficiencia en suelos donde históricamente no representaba una limitante. El escenario actual obliga a repensar las estrategias de diagnóstico y manejo para evitar pérdidas económicas y nutricionales en los cultivos”, explicó Hernán Sainz Rozas, especialista en fertilidad de suelos del INTA Balcarce.
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Pérdidas y costos
Las consecuencias de esta carencia se reflejan en el rinde. Un déficit de zinc puede reducir entre un 5 % y un 15 % la producción si no se aplica fertilización.
El cálculo es contundente: en un suelo con 0,75 ppm y un objetivo de 7.000 kilos por hectárea, la merma alcanza hasta 840 kilos. Esa pérdida supera ampliamente el costo de aplicar zinc, que ronda los 18 a 20 dólares por hectárea.
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Diagnóstico preciso
La clave, según los especialistas, es anticiparse. “El método más confiable es la determinación de zinc extractable en muestras tomadas a 20 centímetros de profundidad, preferentemente en presiembra”, recomendó Pablo Barbieri, también investigador del INTA Balcarce.
Dada la alta variabilidad del nutriente, aconseja tomar entre 25 y 35 submuestras por lote, con instrumental de acero inoxidable para evitar contaminación.
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Opciones de fertilización
Las estrategias de reposición son variadas: mezclas sólidas, fertilizantes compuestos, formulaciones líquidas, tratamientos de semillas o aplicaciones foliares. En el caso del trigo, la extracción promedio es de 200 a 320 gramos de zinc por hectárea, lo que puede compensarse con aplicaciones de entre 0,5 y 1 kilo.
Una alternativa que gana espacio es la combinación con fósforo, ya sea en fertilizantes sólidos compuestos o mediante recubrimientos de fertilizantes fosfatados con soluciones líquidas que incluyen zinc en forma de óxido u orgánica. “Esto mejora la distribución del micronutriente en el suelo y permite una absorción más eficiente por parte del cultivo”, detalló Barbieri.
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Una inversión a futuro
Los datos del laboratorio de suelos del INTA Balcarce confirman que dos tercios de los suelos pampeanos ya presentan niveles medios a bajos de zinc. Lo que antes era un problema del norte de la región se extiende ahora con claridad al sur bonaerense, una de las zonas clave para el trigo y la cebada del país.
“Fertilizar no solo repone lo exportado, sino que mejora el capital nutricional del suelo a largo plazo. El objetivo debe ser elevar los niveles hasta 1,3 ppm para evitar restricciones futuras”, concluyó Barbieri.
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Para Sainz Rozas, la advertencia es clara: “Invertir en diagnóstico y reposición inteligente puede evitar pérdidas importantes y potenciar los suelos del sur bonaerense”.
Fuente: Inta
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