El cine de superhéroes ha dominado la taquilla de los últimos veinte años y aunque en los últimos dos ha mostrado algunas flaquezas, todavía queda mucho por mostrar en este género tan rendidor y lleno de posibilidades. Lo que está más a la moda hoy es el multiverso, un tema que ya excedió a los superhéroes y llegó a tener en Todo en todas partes al mismo tiempo como ganadora de los premios Oscar 2023. Flash es una nueva propuesta cinematográfica que aprovecha este fenómeno del multiverso para aprovechar, justamente, una de las líneas del personaje que existía previamente en los cómics. Lo que entrega es un producto desparejo, pero muy ambicioso y por encima de cualquier otra cosa, terriblemente entretenido. Evitando cualquier juego de palabras, es notable la velocidad que la película tiene.
Barry Allen/Flash (Ezra Miller) es un superhéroe que lidia con los problemas de su vida cotidiana y al mismo tiempo responde al llamado de la justicia cuando lo necesitan y nadie más está disponible. Luego de una misión visita la casa de sus padres, atormentado por el asesinato de su madre (Maribel Verdú) y el encarcelamiento de su padre (Roy Livingstone). Llevado por la emoción intensa que esto le produce, Flash viaja accidentalmente en el tiempo. Batman (Ben Affleck) le advierte luego de los peligros que esto conlleva y le pide que no lo vuelva hacer. Pero Barry hace caso omiso del consejo y vuelve para cambiar la línea temporal y evitar la muerte de su madre. Esto desatará consecuencias inesperadas y la apertura de una nueva realidad que no es otra cosa más que uno de los infinitos multiversos posibles.

No es un misterio oculto que esta producción cuenta con varias novedades dentro del Universo Cinematográfico de DC. Desde la muy publicitada presencia de Michael Keaton interpretando nuevamente a Batman (en línea directa con los films de Tim Burton), así como la aparición de Sasha Calle como Kara Zor-El/Supergirl. Tampoco es secreto que Flash se encuentra con otra versión de sí mismo y ambos deben ayudarse a resolver los conflictos que esa nueva realidad ofrece. Hay mucho más, pero todo eso no se ve en ningún avance, así que, deberá mantenerse en secreto. No hay fan de DC Comics que no vaya a sentirse interesado y agradecido por lo que el largometraje le ofrece, más allá de las apasionadas controversias que cada nuevo título del género suele producir.
Flash comienza con algo de humor y cierta tensión entre lo clásico y lo moderno. Hasta el propio título del film es intervenido por la autoconciencia de la historia. Es un tómalo o déjalo que deberá resolver el espectador en los primeros quince minutos de Flash. Bastante complicada es la primera escena de acción, donde los efectos visuales son muy artificiales y feos, en franca contradicción con la perfección de muchos otros que la película tiene, empezando por el hecho de que hay dos Ezra Miller en docenas de tomas y no hay nada allí que parezca un truco. Flash elige un tono de comedia bufonesca que enojará o alegrará a distintos públicos. Esa escena inicial es clara con respecto al tono. Cuando Flash sea comedia, será cruda e incluso vulgar, pero cuando sea acción y drama, lo hará con respeto y de forma efectiva.

La entrada de Keaton primero y de Calle, después, ilumina la trama. Keaton demuestra que en el mundo de los superhéroes también se necesitan actores y Keaton demuestra que siempre ha sido el mejor Batman de la pantalla grande. Andy Muschietti en la dirección y el guión de Christina Hodson lo respetan como a un verdadero maestro. Es el Batman de Tim Burton sin alteraciones. Sasha Calle también se luce en su rol, marcada por la oscuridad, sin payasadas y también con un enorme respeto por el personaje y la tradición. El resto, claro, está hecho para el público actual, o al menos para lo que se cree es el público actual.
Ezra Miller está en modo doblemente histriónico y es demasiado intenso, pero no por error, sino por una decisión muy clara. Es posible que todos salgan contentos de ver Flash, tanto los rupturistas más cínicos como los conservadores más convencidos. Pero nadie puede acusar a este largometraje de apostar poco o ir a lo seguro.

Menos liviano y tonto que los films livianos de superhéroes, y menos solemne que los títulos más oscuros y pesados del género. Es posible que sean los héroes invitados los que salven al film, pero no se ven forzados, sino como parte integral y necesaria de la historia. A veces es mejor una historia despareja, pero con muchas ideas que una efectiva y sin riesgo. Y es importante repetirlo, a pesar de que dura dos horas y veinticuatro minutos, Flash da la sensación de ser una película corta. Ser entretenido de principio a fin es un trabajo mucho más complicado de lo que se cree. Ningún admirado del mundo DC, Flash o Batman, puede quedarse afuera de este evento.
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