
No tendrá un recinto semivacío como ocurrió el año pasado. Lejos de repeler a la casta, el Gobierno se aseguró para esta noche un hemiciclo completo y gradas para los invitados especiales para mostrar, en esta tercera asamblea legislativa de Javier Milei, a un Presidente al mando del control político del país.
La oposición, sin demasiada reacción, definió en las últimas horas que tendrá una delegación presente para escuchar el discurso presidencial, sin expectativas y con la certeza de que serán, en minoría, el blanco de la mayoría de las críticas. Por más hegemonía política que consiga, siempre el oficialismo necesitará reeditar el fantasma del pasado.
Milei se enfocará en una agenda refundacional. Es el único camino. Con una inflación que no logra perforar los números que había prometido y un crecimiento económico desigual que no crea empleo genuino, la Casa Rosada explotará uno de sus principales activos: ser visto, aún en su tercer año de gestión, como un actor nuevo en la política al que hay que darle tiempo.
A lo largo de una hora de discurso, el Presidente celebrará los pactos que lo llevaron a vivir el mejor mes político desde que llegó a la Casa Rosada. Arrasó en las votaciones en el Congreso, sin ningún tipo de sobresaltos, en su momento de mayor fortaleza política, y hasta dejó sin autoridades al kirchnerismo en el Senado, en la estocada final para seguir mermando el poder que supo tener Cristina Kirchner.
Milei reflotará la idea de cambio en un evento autocelebratorio. “El Gobierno más reformista de la historia”, repetirá una y otra vez. Se aseguró la presencia de al menos unos 230 legisladores, para evitar la imagen de soledad política que le depararon los dos años anteriores. Los organizadores, entre la Cámara de Diputados y la Presidencia de la Nación, temen que Juan Grabois, que ya anunció que va, se convierta en el Facundo Manes del año pasado, y saben que seguramente los representantes de la izquierda meterán ruido. Ya está entrenada la tropa libertaria para contestar.

A pesar del hermetismo, se esperan anuncios para el agro, el sector más beneficiado por las políticas públicas del Presidente. “Estén bien atentos al discurso de Milei del domingo”, anticipó Manuel Adorni al campo el viernes pasado, después de participar junto a Karina Milei de la inauguración de una nueva línea de molienda de la exportadora Louis Dreyfus Company en Timbúes. ¿Baja de retenciones? Es una de las especulaciones. Lo cierto es que seguramente se presenten anuncios para el sector, que fue el rubro de mayor incidencia en el crecimiento económico. La contracara fueron la industria y el comercio, con números negativos que no logran remontar. Después de recargar la pelea contra los industriales esta semana, el Presidente volverá sobre el apodo “empresaurios” para contraponer modelos. No habrá hombres de negocios entre los invitados, al menos no en la formalidad de las entidades que los agrupan. Sí, miembros de la Corte Suprema, cuerpo diplomático, con seguridad especial para los embajadores de Estados Unidos y de Israel, y gobernadores. Fueron invitados todos, incluido Axel Kicillof, pero no irá. Algunos en Presidencia especulaban con la presencia del riojano Ricardo Quintela, que quedó en contestar.
El temido segundo semestre
Entre los posibles anuncios que se barajaban en el oficialismo estaba la tan anunciada reforma impositiva, el punto quinto del Pacto de Mayo que hasta ahora el Gobierno se resistió a presentar como un proyecto en sí.
El Presidente avanzará en las iniciativas que le quedaron frenadas en el pasado: desde una reforma educativa a las privatizaciones de empresas públicas como Aerolíneas Argentinas, Correo Argentino y Radio y Televisión Argentina (RTA). En esta última ya se inició otro capítulo de retiros voluntarios. También aparece en carpeta una reforma judicial, e incluso podría volver a explorar un acuerdo para ocupar las dos vacantes en la Corte Suprema tras la frustrada gestión del año pasado. Las últimas votaciones en el Senado lo dejaron a tiro de lograrlo, sin la dependencia de un acuerdo con Cristina Kirchner. Está claro que eso tampoco iba a ocurrir.

En el oficialismo consideran que les quedan pocos meses para avanzar. “El segundo semestre ya te puede deparar cualquier cosa”, se anticipan, sobre un devenir económico adverso y el inicio, sobre fin de año, de la campaña electoral para 2027. Las elecciones de medio término en Estados Unidos son otra cara del apuro. Una sonora derrota de Donald Trump podría romper el fino hilo que sostiene la estabilidad cambiaria argentina. Por eso el Gobierno se jugará una carta a la reforma electoral. “Es ahora o nunca”, dicen en Balcarce 50 para eliminar definitivamente las elecciones internas.
El camino a la reelección presidencial, que no se discute puertas adentro de Olivos, depende en gran medida del diseño de una ingeniería electoral que disperse el voto opositor. Para eso tiene que eliminar las PASO como herramienta de ordenamiento político en los espacios sin jefatura, como el peronismo de estos tiempos. También bloquea las chances del PRO de Mauricio Macri de definir candidatos propios y los obligaría a vestir nuevamente camperitas violetas. El mal paso de Provincias Unidas en las elecciones pasadas tampoco augura su sostén como opción y sus integrantes terminaron generando el club de aliados de los libertarios. Milei intentará arrasarlos. Con ellos coqueteó Javier Madanes Quintanilla, el dueño de Fate, cuando los invitó a un acto en la fábrica de Aluar en septiembre del año pasado, en plena crisis política oficial tras la derrota en territorio bonaerense.
“Seguramente habrá varios guiños de campaña”, sostiene un dirigente libertario. “Si consigue la reelección va a ir a fondo, este es el momento de ser más negociador”, especulan cerca del Presidente. En los círculos libertarios creen que la etapa del consenso tiene sus límites en el segundo semestre, cuando comienza a reacomodarse el panorama electoral.
Merma en el apoyo popular
La fortaleza política que el Gobierno exhibió esta semana no parece traducirse en apoyo popular inmediato. La mayoría de las encuestas muestran una baja considerable en la imagen presidencial. Milei tocó su piso histórico, alrededor del 40%. La preocupación económica pasó a ser el principal problema y las expectativas son aún peores: volvieron al piso de septiembre, tras el tembladeral político que significó la derrota en la provincia de Buenos Aires. Aún así, es un piso alto.

El último relevamiento de la consultora Alaska y Trespuntozero marcó una baja de 8 puntos desde el mejor momento del Presidente cuando ostentó 48,8%. Su imagen buena o muy buena es de 40,7% mientras que la mala y muy mala bajó a 58,4%. Muestra también un alto nivel de mileístas desencantados. Si se compara la imagen de gestión con el voto 2023, el 21,5% de sus votantes ahora lo reprueban. La desocupación ocupa el segundo lugar de las preocupaciones sociales con el 22,1%, solo superada por la corrupción, que se ubica en 33,4%. También aparecen al tope la pobreza, en tercer lugar, con el 15,5% y la inflación en el cuarto, con 13,6%. Respecto del futuro, sólo un 25,3% mejoró sus expectativas económicas mientras que el 50,5% las empeoraron.
También mostró una caída, aunque menos pronunciada, el índice de confianza que elabora la Universidad Torcuato Di Tella con una baja de 0,6% en febrero, ubicándose en 2,38. De todas maneras, se mantiene cerca del promedio de la gestión Milei, que es 2,44 puntos.
Los números de AtlasIntel marcan un retroceso. El 55,3% desaprueba la gestión de Milei mientras que la aprueba un 41,5%. Viene de dos meses de caída. La encuesta hace foco en la reforma laboral. El Gobierno se llevó la ley pero no pudo encontrar un eje discursivo para ganar el debate público, al punto que de este relevamiento se desprende un alto nivel de conocimiento sobre la ley, del 70%, y rechazos altos sobre propuestas como la baja en el cálculo de las indemnizaciones (71%), el banco de horas (60%), limitación del derecho a huelga (59%) o vacaciones fragmentadas (56%). Lo más dramático: un 55% cree que aumentará la informalidad.
El Gobierno espera que el paso del tiempo agote los reclamos gremiales. Apuesta al desgaste, como en Fate, donde dictó la conciliación obligatoria para calmar las aguas en pleno debate de la reforma laboral. Pero ya hay más de 300 trabajadores de la empresa que aceptaron las indemnizaciones y el número podría ampliarse. Para muchas familias trabajadoras, esperar no es una opción. La provincia de Buenos Aires también mira de cerca el caso. No va a aceptar intervenir con la policía ante una orden de desalojo (quedan 60 trabajadores adentro), y en la última audiencia se retiró como actor para guardarse la carta e intervenir con otra conciliación una vez que venza el plazo fijado por la Secretaría de Trabajo nacional. Asï; garantizarían el pago de dos o tres meses de salarios. Todos los actores involucrados saben que el cierre es el único camino. Los trabajadores fueron a pedirle a Kicillof que estatice la empresa, algo que no está en los planes del gobernador.
Entre los actores políticos parece naturalizado que Milei va camino a la reelección. Pero en círculos empresarios, y sobre todo del extranjero, todavía se preguntan cuánto puede durar. Es lo que escuchó no hace mucho un hombre cercano al Presidente que fue en busca de inversores. El dólar barato y la oposición desdibujada están haciendo bastante por la estabilidad presidencial. El poder de Cristina Kirchner languidece. La estocada se la dio Patricia Bullrich esta semana, al despojar al peronismo de autoridades en el Senado. La jugada para ubicar en la vicepresidencia del cuerpo a la jujeña Carolina Moisés la cocinó el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz con la mesa política del Gobierno. El lunes ella se fue del interbloque y el martes, en la reunión de labor parlamentaria, Bullrich se lo comunicó a José Mayans. “Tengo 47 votos”, le avisó. Ups. Desde el oficialismo dicen que el jefe del peronismo venía sin presentar una propuesta, e incluso se negó a integrar las comisiones, como pasó en diciembre con el inicio del debate laboral. En el kirchnerismo lo niegan y cuentan que habían propuesto a Lucía Corpacci para ese lugar. “Esto no es un Congreso, es un cuartel”, se queja una integrante del espacio opositor.

El peronismo parece noqueado por el avance de Bullrich, aunque algunos acuerdos se respetan. En la noche del viernes, cuando quedaba sancionada definitivamente la reforma laboral, la jefa del bloque libertario les tiró un soga. Si un puñado de senadores de su espacio votaban con el kirchnerismo, la reforma quedaba aprobada con el artículo de las licencias por enfermedad incluido. Es que no se votó por sí o por no a la reforma, sino por los cambios que se habían hecho en Diputados. Al rechazarlo, se rechazaban esos cambios y quedaba en pie la iniciativa original salida del Senado. “Es absolutamente razonable lo que dice Mayans, acá estamos discutiendo un proyecto y nosotros vamos a votar que sí y ellos que no, está bien que voten que no y que se interprete que es no al proyecto, sino van a quedar como que votan por un proyecto que no quieren votar y me parece injusto eso”, les aclaró Bullrich y les cumplió.
Fuego amigo
La senadora hace equilibrio en medio del fuego amigo. En su entorno sospechan de los dardos que surgen del ala karinista por su alto perfil y tomaron nota de la foto que esta semana difundió Adorni, como jefe libertario en territorio porteño, entregando a la legisladora Pilar Ramírez los proyectos para presentar este año. En el bullrichismo dicen que no le interesa el distrito porteño y que, a diferencia de lo que hizo en el PRO, donde disputó liderazgos, ella esta vez hará lo que le diga Milei. Siempre que a Milei le vaya bien. Tiene un problema. En la mayoría de las encuestas mide igual que el Presidente, y eso puede generar recelo liberatrio.
Karina Milei por ahora acompaña. Se pone al frente de la negociación política, como cabeza de una mesa más ordenada que le deparó triunfos legislativos contundentes. La secretaria general se expande. Esta semana colocó a Martín Piazza, un alfil de Eduardo Lule Menem en la Auditoría General de la Nación. Dejó afuera al PRO del organismo que controla la gestión, y ubicó a un radical aliado, Luis Naidenoff, en representación del Senado. En la Casa Rosada cuentan con estos dos votos, sumados al de Rita Almada, como propia y Pamela Calletti como aliada, que responde a Gustavo Sáenz. Del grupo de gobernadores cercanos, el de Salta es el que más cargos cosechó en su alianza con Milei. Fue también el primer verano que Sáenz no compartió vacaciones con Sergio Massa.
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