
La movilización opositora ante el Congreso durante el debate de la Ley Bases dejó a la CGT en medio de una tormenta interna a raíz de las diferencias entre el ala dialoguista y el bloque moyanista-kirchnerista, pero también externa: el diputado nacional K Carlos Castagneto criticó este jueves en duros términos la actitud del sector cegetista que decidió no convocar a la concentración callejera.
“El pueblo va a seguir estando en la calle y no quiero que los dirigentes se escondan. Quiero que los dirigentes pongan la cara, que la gente sepa quién votó de una manera u otra. Y también le pido a algunos sectores que ayer no movilizaron que estén a la altura de las circunstancias porque les van a sacar todos los derechos”, dijo el legislador de Unión por la Patria en declaraciones a Radio 10.
Pero enseguida precisó sus acusaciones: “Sacando a SMATA, a Camioneros y otros gremios, hubo muchos sectores de la CGT que no movilizaron. Si la CGT se hubiera movilizado, no hubiera pasado lo que pasó porque la organización que tienen los sindicatos no la tiene nadie. Y después de esta reforma van por los sindicatos”, advirtió Castagneto, quien durante la marcha ante el Congreso fue uno de los diputados kirchneristas agredidos con gas pimienta por las fuerzas policiales.

El dirigente kirchnerista cuestionó al sector dialoguista de la CGT que no se movilizó este miércoles, a diferencia de Pablo Moyano y los gremialistas K, pero algunos jefes cegetistas decidieron responderle y justificar la decisión de no haber convocado a la concentración callejera contra la Ley Bases.
El secretario adjunto de la CGT, Andrés Rodríguez (UPCN), quien integra la fracción sindical moderada, afirmó a Infobae que la central obrera “es una institución con mucho prestigio que efectivamente cuando realiza una movilización garantiza su seguridad y su tranquilidad sin generar violencia” y agregó: “En esta ocasión, como somos respetuosos de las decisiones del Congreso, la CGT había decidido no movilizarse, producto de que muchas de las negociaciones que modificaron el espíritu de la reforma laboral y del empleo público se lograron a partir de negociaciones”.
Acerca de la decisión de Pablo Moyano de cortarse solo para movilizarse al Congreso, señaló: “En eso no nos vamos a meter porque lo habíamos permitido cuando decidimos en la mesa chica de la CGT que había libertad de acción de cada gremio para sumarse, pero no podían hacerlo como CGT”.

Por su parte, el secretario de Políticas Educativas de la CGT, Sergio Romero (UDA), aliado del sector dialoguista, apeló a la ironía para contestarle a Castagneto: “La CGT es sabia porque maneja los tiempos, pero mientras nosotros movilizábamos este año miles y miles de personas, en enero y el 1° de mayo, por ejemplo, algunos diputados dormían la siesta”, sostuvo a Infobae.
Hubo dirigentes cegetistas, en realidad, que prefirieron no responderle directamente a Castagneto. “La actual situación política y social y económica del país tiene tantas aristas importantes para debatir que no me parece que ese sea el eje de lo que deba tratarse. Si fuera político me preguntaría muchas otras cosas y sus correlativas responsabilidades”, consideró el líder de un importante sindicato.
Uno de sus colegas tampoco quiso entrar en una polémica, aunque hizo veladas críticas a la oposición: “A Castagneto lo queremos y respetamos -destacó-, pero mejor que le pregunte a los senadores y diputados que dieron el voto a esta ley. Nosotros no tenemos diputados ni senadores”.

Más allá de esta controversia, el sector de la CGT que llamó a movilizarse quedó debilitado por los graves incidentes que se produjeron este miércoles ante el Congreso. Pablo Moyano se fue de la zona con una columna del Sindicato de Camioneros apenas comenzaron las refriegas, aunque varios de sus colegas le facturan en privado haber dejado a una parte de la CGT asociada con la violencia callejera.
A su vez, el sector dialoguista salió fortalecido tras los disturbios porque la CGT estaría ahora pagando el costo político de haber salido a la calle junto con activistas que sólo querían generar el caos para impedir la sanción de la Ley Bases. Su reticencia a movilizarse le brinda una acción de oro ante el Gobierno para iniciar un eventual diálogo que encarrile la traumática relación que mantienen.
En la CGT fue creciendo la tensión interna luego de que Pablo Moyano decidió cortarse solo para convocar a la movilización ante el Congreso: el primer gesto desafiante se registró el lunes 3 de junio, cuando el camionero hizo un acto propio en la sede de Azopardo 802 atribuyéndose la potestad de reunir por su cuenta a las delegaciones regionales para aprobar la protesta contra la Ley Bases.

Lo hizo sin el aval del resto de la cúpula de la CGT, llenando el salón Felipe Vallese de militantes sindicales, funcionarios K (Walter Correa), ex ministros de Alberto Fernández (Gabriel Katopodis), dirigentes de movimientos sociales como Alejandro Gramajo, titular de la Unión Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), y viejos enemigos de la central obrera como el trotskista Alejandro Crespo, titular del Sindicato del Neumático (SUTNA) o el metrodelegado Néstor Segovia (cuyo gremio es un archirrival del dirigente de la CGT y líder de la UTA, Roberto Fernández).
Ese acto dejó a la CGT en un estado de virtual fractura porque, hasta entonces, la mesa chica cegetista había resuelto dejar en libertad de acción a los sindicatos para sumarse o no a la movilización, pero Pablo Moyano, empujado por Cristina Kirchner y su hijo Máximo, usó la estructura de la central obrera para llamar a la protesta callejera, asociado con los adversarios históricos del sector dialoguista.
En la CGT todos se oponen al gobierno de Javier Milei, pero tienen miradas muy distintas sobre cómo enfrentarlo. Los dialoguistas, donde figuran “los Gordos”, como Héctor Daer, y los independientes Andrés Rodríguez (UPCN), Gerardo Martínez (UOCRA) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), más aliados como Sergio Romero (UDA), Jorge Sola (seguro) y Julio Piumato (judiciales), entre otros, apostaban a no movilizarse para no romper con el Gobierno y, a la vez, no ser funcionales a la estrategia de Cristina Kirchner. La fracción más combativa, en la que militan Pablo Moyano y sindicalistas alineados con el kirchnerismo como Mario Manrique (SMATA), Abel Furlán (UOM) y Sergio Palazzo (bancarios), quiere entablar una guerra total contra el Presidente para desgastarlo. Los graves hechos de violencia que se produjeron ante el Congreso, paradójicamente, los terminaron desgastando a ellos.
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