
Cristina Kirchner tuvo que frenar su discurso muchas veces esta noche, en el Salón de la Ballena Azul del fastuoso palacio del ex Correo donde hoy funciona el CCK. Rodeada de ex mandataros regionales y juristas amigos, que acababan elogiarla durante dos horas seguidas, la vicepresidenta sonrió cada vez que los dirigentes y militantes que se habían congregado en el auditorio para escucharla le dedicaron los ya clásicos, encendidos cantos de “Cristina Presidenta”. En una de las primeras interrupciones, la ex presidenta inclusive se puso de pie, para devolver el gesto a sus seguidores.
Cristina Kirchner ingresó al auditorio pasadas las 19.30, junto al ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, uno de los presidenciables de su espacio político que espera su aval para avanzar hacia las Primarias. Fue un gesto de cercanía con el referente camporista moderado y uno de sus dirigentes los más cercanos. Minutos antes habían hecho su entrada, juntos a pesar de las diferencias subterráneas que los atraviesan, el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y su ministro de Desarrollo bonaerense, Andrés Larroque. Máximo Kirchner el titular de La Cámpora, eligió no participar. Había pasado casi una hora desde el horario en que estaba previsto que hablara para cerrar la segunda jornada del Foro Mundial de Derechos Humanos.
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El discurso de Cristina Kirchner contuvo, como se esperaba en un encuentro gestado para hablar exclusivamente de “lawfare”, fuertes críticas a la Justicia, a los medios de comunicación y a Mauricio Macri. Y al igual que en la Universidad de Río Negro, hace menos de dos semanas, la vicepresidenta hizo referencia al concepto de “economía bimonetaria” que viene repitiendo en sus mensajes desde hace dos años.
Se preveían esas referencias, entre las cuales llamó a resolver los problemas de la Argentina en conjunto con los otros espacios políticos y pidió garantías constitucionales. Pero la gran incógnita era, y sigue siendo, sobre sus definiciones electorales. Si bien la vicepresidenta no respondió a las dudas sobre si se presentará como candidata en las PASO, ni nombró a un delfín, tampoco negó que sostenga, en algún punto, la ambición de volver a competir por el sillón de Rivadavia a pesar de su “proscripción”.
“No me importa si me van a meter presa, sino que volvamos a reconstruir un estado democrático en el cual las garantías que establece la Constitución no sean cartón pintado. Se trata de volver a construir un país como el que alguna vez tuvimos. Se puede hacer porque alguna vez lo hicimos”, dijo en el pasaje más aplaudido de su alocución, donde, a diferencia de las anteriores, evitó criticar, siquiera solapadamente, a Alberto Fernández. No era el contexto adecuado, y los mandatarios que la acompañaban, con quienes el primer mandatario se esmera en construir una relación desde hace tres años, habían dedicado varios pasajes a reivindicar al Presidente. Inclusive, por defender a Cristina Kirchner.

Aunque no dijo qué papel tendrá a la hora de cerrar las nóminas, o a quién bendecirá -esta vez no mencionó ningún nombre, hace dos semanas había nombrado a De Pedro y a Sergio Massa-, la vice dejó la puerta al menos abierta a una candidatura propia, al reivindicar, en repetidas ocasiones, su propia gestión y la de Néstor Kirchner. “Cuando me tocó asumir en 2007, en el Congreso había oficialismo y oposicion, y las leyes se votaban sin amenazas, según la convicción de cada uno. Y también le tocó a él reconstruir un Poder Judicial que tenía la mayoría automática que habia denunciado”, dijo.
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Además, Cristina Kirchner alimentó el operativo clamor en torno a su figura, que tomó como tarea central La Cámpora. Denunció, esta vez rodeada de ex presidentes y líderes de izquierda miembros del Grupo de Puebla -Evo Morales, Rafael Correa, José “Pepe” Mujica, Ernesto Samper, José Luis Rodríguez Zapatero- y de juristas, como su amigo Baltasar Garzón, que está sometida a una ”persecución” con el objetivo “no solo volver a imponer un modelo económico, sino también disciplinar” a “los dirigentes del campo popular y nacional”.
Sobre el final de su alocución, sembrada de coqueteos con el pasado, hizo una pregunta sugerente, que respondió de manera abierta, y que representa el eje de los interrogantes a lo largo y ancho de su espacio: “¿Quién se va a animar otra vez a, por ejemplo, tareas como recuperar las AFJP, o recuperar YPF o decirle no al Fondo Monetario Internacional?”, dijo. Una militante le contestó con un grito: “Vos, Cristina”.
Aunque la vice no pareció escucharla, se contestó a sí misma, a medias: “Esto no es tarea de una persona, esto es tarea de una sociedad y de fuerzas populares y democráticas que deben organizarse con convicción y con fe. La verdad siempre sale a flote”, dijo, dejando abierto el juego de la interna, una vez más, cuando faltan tres meses para el cierre de listas.
Y remató: “Son los riesgos de la política, porque cuando uno decide jugar de un lado, sabe que no es gratis. Si vas con los otros y con los medios, no hay problema. Te ven rubia y con los ojos azules. El problema es cuando uno decide jugar del lado del pueblo y de las grandes mayorías populares”, finalizó.
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