
Mauricio Macri puso en juego sus últimas reservas de paciencia política para evitar que la estrategia obstruccionista de Emmanuel Macron colocara en una vía muerta al acuerdo Mercosur-Unión Europea. El presidente argentino aceptó que Macron presente una nueva propuesta técnica sobre carne bovina que satisfaga los intereses del lobby agropecuario galo, un palanca clave para ganar las elecciones y preservar el poder en Francia. Esa concesión estratégica debe ser ejecutada por Macron en tiempo récord, ya que hay comicios en Paraguay y Brasil, y la ventana de oportunidad se puede cerrar cuando empiece la carrera presidencial para suceder a Carles y Michel Temer.
Macri y Macron coinciden en la necesidad de apuntalar la agenda global con acuerdos multilaterales destinados a fortalecer la libertad económica, pero el presidente francés optó por proteger su capital político y puso en el medio a las vacas de sus electores cuando se estaba a metros de cerrar una acuerdo que se negoció en términos maratónicos.
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Ambos mandatarios exhibieron una sintonía común durante su reunión en el Palacio Elíseo. Los dos buscan construir una agenda propia en temas claves de la agenda global y apuestan a profundizar su relación personal. Por eso anoche, en el restó Guy Savoy –tres estrellas Michelin—, la cena y la conversación entre Macri y Macron, y sus esposas Juliana y Briggite, sucedieron como si fueran viejos amigos del trabajo o la facultad.

La alianza estratégica que propone la Casa Rosada al Palacio Elíseo permitió contener la impaciencia que provoca en Macri las negociaciones internacionales. El presidente sufre los circunloquios diplomáticos y no para de quejarse en privado cada vez que un movimiento florentino extra lo aleja de sus objetivos primarios. Sucedió cuando quiso expulsar a Venezuela del Mercosur en la Cumbre de Mendoza –debió esperar hasta a la reunión del Grupo Lima en Brasilia-, y se repitió en la previa al encuentro que mantuvo ayer con su colega francés a pocas cuadras de la tumba de Napoleón.
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Macri es apoyado por Brasil, Paraguay y Uruguay y asumió la responsabilidad de Canciller del Mercosur en la negociación del acuerdo con la Unión Europea. Ese rango de canciller es idéntico al que asume Ángela Merkel cada vez que representa a Europa en sus negociaciones con China, Estados Unidos o el propio Mercosur. Se trata de un mandato tácito, no formal, pero todos los negociadores saben que Macri (o en su caso Merkel), siempre hablan en nombre de sus socios regionales.
Merkel ya negoció los términos políticos del convenio entre la Unión Europea y el Mercosur: es más, para la canciller alemana es hora de firmar un declaración que inaugure el proceso institucional entre los dos bloques y que a su vez empuje el último tramo de ajuste técnico para satisfacer los intereses económicos de todas las partes del juego.
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Pero Merkel no pudo ordenar a Macron, que está muy apretado por su política doméstica y su ambición personal de suceder a la líder alemana como Canciller tácita de Europa. Por eso, Merkel se corrió del escenario, Macron ocupó su lugar y a continuación recibió a Macri en el Palacio Elíseo, que en esta coyuntura representa a los intereses de los cuatro países del Mercosur.

Ayer en París, Macron no era sólo el presidente de Francia, sino además el negociador de la Unión Europea. Y lo mismo sucedió con Macri: no llegó al Elíseo solo como jefe de Estado de la Argentina, también debía ejercer el mandato otorgado por Brasil, Uruguay y Paraguay.
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Ambas delegaciones tenían claro esta peculiar situación diplomática, adonde cada uno de los principales interlocutores tenía "dos gorros". Y así fue su ejecución en la escenografía del poder: en la primera parte de la audiencia, donde sólo se hablo del Mercosur y la UE, estuvieron Macri, el canciller Jorge Faurie y el secretario Fulvio Pompeo, mientras que Macron fue acompañado por su canciller y un de sus asesores de confianza. Treinta minutos más tarde, cuando se agotó la negociación, ingresó el resto de los funcionarios para tratar una agenda que incluyó la economía y la defensa militar.
Macri y Macron asumen que es su momento histórico en sus respectivas geografías políticas. Y buscan enhebrar una relación de largo aliento con una agenda global que incluya el cambio climático, la igualdad de genero, la educación, la seguridad mundial y los recursos energéticos. Sin embargo, primero deben contribuir a resolver la ecuación política y económica que aún pone en suspenso el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.
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No hay mucho tiempo por delante. Todo podría caer en los Idus de marzo.
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