
Cada octubre, los caminos del norte peruano se llenan de pasos y plegarias. Desde hace siglos, hombres y mujeres, muchos descalzos, otros avanzando de rodillas los últimos metros, atraviesan kilómetros de polvo y frío serrano hasta llegar a Ayabaca, un pequeño pueblo escondido entre montañas de la región Piura. Allí, frente a un retablo de madera, miles de promesas, angustias y agradecimientos se concentran ante la imagen del Señor Cautivo, el Cristo moreno vestido de púrpura y espinas que, según la tradición, fue tallado por ángeles y permaneció escondido antes de revelarse como protector de la población.
Para la fe popular, el Señor Cautivo de Ayabaca es milagroso, un símbolo de esperanza en los momentos de mayor dolor, y la peregrinación a su santuario es una de las manifestaciones religiosas más grandes y complejas del país; en cada edición, según cifras del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, congrega a más de 80,000 peregrinos de todo el Perú y de países vecinos como Ecuador.
Ayabaca se convierte durante el mes central de la festividad en un escenario de fe, economía y política, donde confluyen comerciantes, autoridades, penitentes y curiosos, moldeando una tradición que ha cruzado generaciones. La devoción ha sido reconocida como Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura, debido a su profundo impacto en la identidad regional y nacional, así como por su capacidad de articular expresiones indígenas y cristianas en un rito que trasciende sus propios orígenes coloniales.
Pero ¿qué sabemos realmente sobre el verdadero origen de esta festividad? ¿Cuál es la historia detrás de la imagen y de la fama de milagros y cautiverio que le da nombre? Las respuestas a estas preguntas, los detalles que el tiempo, la leyenda y la memoria fueron entretejiendo, encuentra nuevos caminos en la reciente investigación periodística La ruta de los cautivos. Publicada este año, la obra arroja luz sobre zonas hasta ahora desconocidas gracias a una revisión exhaustiva de archivos en Piura, Trujillo, Lima y España, y a una mirada sincera sobre el sentido profundo de la devoción que ha movilizado a comunidades enteras durante generaciones.

El libro, escrito por el periodista peruano Gerardo Cabrera Campos, es el resultado de más de una década de viajes, búsquedas en diferentes archivos y conversaciones con peregrinos y estudiosos del tema. Cabrera, quien ha participado él mismo en la peregrinación, intercala episodios personales con hallazgos documentales que nunca antes se habían presentado, como registros inéditos del siglo XVIII y detalles sobre el modo en que la fe y la política local configuraron la tradición actual. Al respecto, mencionó que “este libro no hubiese sido posible sin el apoyo de diversas personas, tanto en sus ánimos como en su impulso logístico para viajes o trámites, como los ayabaquinos César Morocho Marchán y Segundo Saavedra Curay, un emprendedor y cocinero natural de Sicacate (distrito de Montero, Ayabaca), ahora haciendo patria en Suiza”.
La investigación, prologada por la historiadora Ruth Rosas Navarro, aporta pistas que enriquecen la memoria colectiva: muestra los sufrimientos y motivaciones de los caminantes, el papel del culto en la economía regional, la influencia de procesos históricos nacionales e, incluso, la importancia que ha adquirido la festividad en comunidades migrantes fuera del Perú.
De acuerdo con testimonios recogidos y fuentes oficiales, la ruta que conduce a Ayabaca es, en sí misma, un símbolo de resiliencia. Los fieles recorren a pie hasta 250 kilómetros, en jornadas de ocho a diez días, cruzando pueblos donde la figura del Señor Cautivo permanece presente en altares domésticos, canciones y relatos orales. Estos trayectos están marcados por todo tipo de desafíos, físicos y espirituales, y terminan fundidos en la gran celebración del mes de octubre, cuando la imagen recorre el pueblo y recibe las ofrendas de los devotos llegados de los Andes, la costa y el extranjero.
La importancia de la investigación plasmada en La ruta de los cautivos ha sido destacada por especialistas como la periodista Sonaly Tuesta, quien considera el libro “un valioso aporte a la memoria colectiva y una prueba de la urgencia de investigar y narrar nuestro patrimonio inmaterial”. El trabajo de Cabrera abre una ventana sobre la persistencia de tradiciones que no solo sobreviven al tiempo, sino que se renuevan en el diálogo entre generaciones y entre memoria e historia.

¿Dónde conseguir el libro?
El libro está disponible en Librería de Lima (Jr. Cailloma 843 – Centro Histórico, detrás de la Plaza San Martín), y en Casa Tomada (Av. Petit Thouars 3506 – San Isidro). Pronto estará en más librerías de la capital, Piura o Ayabaca, incluso se prevé en Madrid, capital de España.
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