Los que no celebran el Día del Trabajador: empleo juvenil en caída

160 mil jóvenes dejaron de trabajar en los últimos cinco años por falta de oportunidades y mayores dificultades para capacitarse. Cada año sin trabajar, compromete 1% de sus salarios

Guardar
trabajo - desempleo
trabajo - desempleo

Este 1 de mayo, mientras algunos celebran el Día del Trabajo, hay un grupo cada vez más grande que no tiene mucho que festejar: los jóvenes. Si bien el empleo en el Perú aumentó en más de 600 mil puestos en los últimos cinco años, en ese mismo periodo dejaron de trabajar 160 mil jóvenes de 15 a 29 años. De ellos, 90 mil incluso ya no buscan empleo, reflejando una pérdida de esperanza frente a un mercado laboral que cada vez los excluye más.

Conseguir un trabajo en adecuadas condiciones es un reto para muchos, pero para los jóvenes las barreras son aún más elevadas. El 77% de jóvenes trabaja en la informalidad, una proporción mayor al 69% de los adultos mayores de 30 años. Además, incluso cuando logran acceder un empleo formal, la posición de los jóvenes sigue siendo precaria: uno de cada cuatro jóvenes con empleo formal cae en la informalidad al año siguiente, según estimaciones del IPE.

Estos desafíos se han agravado en los últimos años. Tras la pandemia y la lenta recuperación económica, el mercado laboral se ha vuelto más retador para los jóvenes. Las empresas formales ahora prefieren contratar a mayores de 30 años cuatro veces más que a jóvenes menores de esa edad. Antes del 2020, ocurría lo opuesto: se buscaba contratar el doble de jóvenes que adultos mayores. Este cambio en las preferencias de las empresas respondería a la búsqueda de trabajadores con mayor experiencia y estabilidad, en un contexto de incertidumbre económica.

Con menores puestos ofrecidos por las empresas, los propios jóvenes han comenzado a sentir que no tienen oportunidades antes siquiera de intentar entrar al mundo laboral. De hecho, cuando se les pregunta por qué ya no están buscando trabajo, el 20% dice que es por su edad y otro 15% responde que no lo hace por falta de experiencia.

Otro aspecto que limita la empleabilidad de los jóvenes son las barreras para acceder a una buena educación o capacitación. Con el deterioro de los ingresos de los hogares, afectados por la pandemia y la recesión del 2023, se ha vuelto más difícil para muchos jóvenes continuar con sus estudios. Como consecuencia, ha aumentado el número de “Ninis”, es decir, los jóvenes que no estudian ni trabajan. Al 2023, son 200 mil Ninis más que en 2019, y tres de cada diez no estudia por problemas económicos en su hogar.

Estas cifras deberían preocuparnos no solo por lo que significan hoy, sino porque comprometen la productividad de quienes sostendrán al país en el futuro. Hoy vemos menos jóvenes trabajando y estudiando, pero mañana veremos trabajadores con menos experiencia y habilidades. El IPE estima que cada año de educación superior puede aumentar el salario de una persona en más de 10%, y cada año adicional trabajando puede aportar un incremento de hasta 1%. Si no actuamos ahora, en diez o quince años tendremos una fuerza laboral menos productiva, con menores ingresos y con mayores dificultades para mejorar la calidad de vida de sus hogares.

La empleabilidad de los jóvenes debe ser una prioridad económica. Es urgente implementar medidas que efectivamente mejoren el acceso a una educación superior de calidad, conecten a los jóvenes con una primera experiencia de trabajo en condiciones adecuadas, y reduzcan los desincentivos a la contratación formal que hoy genera nuestra normativa laboral. Solo así el Día del Trabajo podrá ser una fecha que también pueda celebrar nuestra juventud.