
En tiempos ancestrales, los habitantes del Tahuantinsuyo mantenían una conexión profunda con su entorno, considerándolo un organismo vivo en constante interacción con diversos elementos y fenómenos naturales, a los cuales atribuían cualidades divinas. En esta cosmovisión, las enfermedades se percibían como desequilibrios en la relación con estas divinidades, manifestando así una visión holística del mundo
Los relatos de cronistas como Bernabé Cobo y Peralta o Inca Garcilaso de la Vega destacan el papel crucial que desempeñaban los curanderos, individuos ancianos con vasta experiencia y profundo conocimiento de las enfermedades y de las prácticas herbales. Estos expertos eran venerados por su habilidad para utilizar plantas medicinales en el tratamiento de dolencias.
Dentro de la cultura incaica, las dolencias, enfermedades e incluso la muerte, eran interpretadas como consecuencias de la mala voluntad de personas o divinidades, ya sea por algún pecado, negligencia en el culto o por encuentros fortuitos con espíritus malignos. Esta concepción atribuía a lo sobrenatural el inicio de todas las enfermedades, por lo que su curación estaba ligada a prácticas mágicas o religiosas.
Aunque se empleaban hierbas y otros remedios de valor terapéutico, se creía que su efectividad residía en su carácter mágico, reflejando la profunda conexión entre lo material y lo espiritual en la medicina andina. Sin embargo, entre estas prácticas ancestrales, destaca el uso de la lúcuma, conocida como el “oro de los incas”, una fruta que se ha revelado eficaz en el tratamiento de la anemia y la desnutrición, incluso en tiempos modernos.
El superalimento de tiempos antiguos que se usa hasta la actualidad

En el imaginario andino, la lúcuma ocupa un lugar destacado con raíces que se adentran en la historia milenaria de la región. Una antigua leyenda cuenta la historia de una diosa que resistía al amor, hasta que un ser mitológico, oculto bajo la apariencia de un mendigo, la conquistó ofreciéndole una fruta de lúcuma, símbolo de fertilidad y abundancia en la mitología incaica.
Las civilizaciones precolombinas, como la Mochica, que floreció a lo largo de la costa norte del Perú entre los siglos II y V d.C., atestiguan la importancia de la lúcuma en su cultura. Esta fruta y sus semillas se encuentran representadas en su cerámica, así como en las tumbas de sus líderes y la nobleza, revelando su valor simbólico y su consolidación en la vida cotidiana y ceremonial de la época.
Conoce las propiedades de la lúcuma

La lúcuma, apodada el “oro de los incas”, está captando cada vez más la atención mundial como uno de los superalimentos peruanos más destacados, gracias a sus propiedades nutricionales y su versatilidad en la cocina. Este fruto, nativo del Perú y botánicamente conocido como Lúcuma obovata, pertenece a la familia de las sapotáceas y se encuentra en un rango altitudinal que va hasta los 3 mil metros sobre el nivel del mar, prosperando en condiciones de temperatura que oscilan entre los 8 °C y los 27 °C, y con niveles de humedad que alcanzan entre el 80 % y el 90 %.
Esta fruta se presenta como una baya redondeada, cónica o ligeramente achatada en la base, con una cáscara delgada que varía entre tonos verdes y amarillo bronceado. Su pulpa, de un amarillo intenso, le otorga el sobrenombre de “oro de los incas” y posee una textura harinosa con una consistencia suave, acompañada de un sabor y aroma sumamente agradables.
Desde el punto de vista nutricional, la lúcuma es una fuente importante de carbohidratos y está cargada de minerales y vitaminas esenciales. La pulpa constituye entre el 69 % y el 82 % del fruto en su totalidad. En su forma fresca, proporciona alrededor de 99 kilocalorías, mientras que en forma de harina, este valor aumenta significativamente hasta alcanzar las 329 kilocalorías.
Entre sus componentes vitamínicos se destacan las vitaminas del complejo B, como la niacina (B3), la tiamina (B1) y la riboflavina (B2), fundamentales para el desarrollo muscular, así como la vitamina C o ácido ascórbico, que promueve la producción de colágeno y contribuye a la elasticidad de los tejidos.
Además, la lúcuma contiene minerales esenciales como el calcio, el fósforo y el hierro, relevantes para la prevención de la anemia, la desnutrición y el fortalecimiento del sistema inmunitario. El potasio, presente en esta fruta, contribuye a la salud cardiovascular y ayuda a reducir el riesgo de ataques cardíacos.
Asimismo, la presencia de betacaroteno, precursor de la vitamina A, confiere a la fruta propiedades antioxidantes, esenciales para reparar el daño celular provocado por los radicales libres y estimular el crecimiento de nuevas células saludables, incluyendo las de la piel.
Otro beneficio importante de este superalimento radica en su bajo índice glicémico, lo que favorece la estabilidad del azúcar y la insulina en la sangre, haciéndolo una opción recomendada para personas con diabetes.
¿Dónde crece la lúcuma?

En diversas regiones del Perú se cultiva la lúcuma, destacando áreas como Ayacucho, Áncash, Arequipa, Cajamarca, Huánuco, Moquegua, Piura y Lima.
Sin embargo, son los fértiles valles de Cañete, Huaral, Huacho y Chincha, ubicados en la provincia de Lima, los que sobresalen por la producción de lúcuma de alta calidad destinada principalmente a la exportación. Estas zonas han implementado tecnologías avanzadas que garantizan la obtención de frutos de excelencia, posicionando a la lúcuma como un producto estrella en el mercado internacional.
¿Quiénes ejercían la medicina en el imperio de los incas?

En el antiguo Imperio Inca, la salud estaba en manos de una variada casta de médicos, quienes no solo curaban a los enfermos con hierbas y productos naturales, sino que también oficiaban ceremonias de sanación. Entre ellos, destacaban los ‘ichuris’, médicos-curanderos que compartían sus habilidades con la población. Para los habitantes comunes, los ‘Comascas’ eran los encargados de velar por su bienestar, mientras que la nobleza inca confiaba en los servicios de los ‘Amaucas’.
El Watuk, con su habilidad diagnóstica, evaluaba enfermedades y estilos de vida. El Hanpeq, especie de chamán, desplegaba sus artes curativas en ceremonias religiosas. El Paqo se ocupaba de curar el alma, creyendo que el corazón albergaba este elemento vital. El Sancoyoc, sacerdote cirujano, intervenía en casos de extremidades rotas, abcesos y problemas dentales. El Hampi Camayoc, químico del estado inca, salvaguardaba los recursos médicos naturales, mientras que el Collahuaya proveía plantas medicinales y amuletos para fortalecer la salud.
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