
En la historia del Perú muchos se han ganado el derecho a ser llamados ‘héroes nacionales’ por el hecho de defender a la patria y defenderla hasta con la propia vida hasta el ‘último cartucho’, como diría Francisco Bolognesi.
Sin embargo, no todos perdieron la vida en batalla, sino que supieron conservarla para seguir haciendo historia en otros ámbitos y meterse por la puerta grande a la historia de nuestro país.
Ese es el caso de Andrés Avelino Cáceres Dorregaray quien no solo dejó su marca en el plano militar, sino también en el político, pues tanto era su amor por el Perú que luego de pelear en la Guerra del Pacífico, se convirtió en presidente de la República hasta en dos ocasiones. Y esta es su vida.
El origen de la leyenda

Nacido en Ayacucho el 10 de noviembre de 1836, el que luego sería Mariscal del Perú dejó una marca indeleble en las crónicas de nuestro país, pues protagonizó una vida cargada de gestas militares y travesías políticas.
Pero su proeza no se limitó al frente de batalla, sino que se inmortalizó al liderar la resistencia en la sierra central contra la ocupación chilena, en la conocida Campaña de la Breña, como (1881-1883).
Y es que en esta parte del enfrentamiento con los chilenos, y dotado del dominio del quechua, Cáceres forjó una conexión única con la población indígena, creando un ejército regular respaldado por guerrillas o montoneras. Apodado “Taita Cáceres” por sus propios soldados y “El Brujo de los Andes” por sus contrapartes sureñas, su habilidad para evadir las maniobras enemigas y parecer omnipresente en el campo de batalla le valió una reputación legendaria.
Somos la resistencia

Durante la Campaña de la Breña, logró el triple triunfo de Pucará, Marcavalle y Concepción. Aunque la derrota en Huamachuco supuso un revés, Cáceres no claudicó. Se retiró a Ayacucho, desde donde continuó organizando la resistencia y alentando a los montoneros a enfrentar al ejército chileno.
En diciembre de 1883, las tropas chilenas se vieron obligadas a retirarse a Lima, desocupándola en agosto de 1884, marcando así el fin de la guerra según el Tratado de Ancón.
Cambio las armas por la política

Tras la guerra, Cáceres no se retiró a la sombra. Más bien, se sumergió activamente en la política, fundando su propio partido, el Partido Constitucional, de orientación derechista.
Esta victoria, en Jauja, allanó el camino para el asedio a Lima, donde las fuerzas de Cáceres sitiaron el Palacio de Gobierno, forzando la renuncia de Iglesias en 1885. Convocadas elecciones, Cáceres emergió como el claro vencedor.
Yo presidente

En su primer periodo como mandatario constitucional (1886-1890), Cáceres enfrentó la monumental tarea de la Reconstrucción Nacional, enfocándose en la recuperación económica. Abolió el billete fiscal devaluado, implementó nuevos impuestos y buscó descentralizar la tributación. Para abordar la abrumadora deuda externa, firmó el Contrato Grace, entregando los ferrocarriles a los acreedores.
Tras un breve lapso, retornó a la presidencia en 1894 en elecciones cuestionadas, desatando otra guerra civil, esta vez en contra de la Coalición Nacional liderada por Nicolás de Piérola. La violenta confrontación culminó con el asalto a Lima, llevando a la renuncia de Cáceres en 1895 y su posterior exilio a la Argentina.
Y así volvió a la vida política peruana, pues en 1901 fue ele elegido senador por el Callao hasta 1906. En 1905 también se convirtió en ministro plenipotenciario en Italia (hasta 1909) y Alemania (1911-1914).
Eso no fue todo, pues Cáceres siguió influyendo en la política nacional, ya que en la convención de partidos en 1915 contribuyó a la elección de José Pardo y Barreda como presidente. Sin embargo, su postura cambió en 1918 al conspirar contra Pardo y respaldar el golpe de Estado de Augusto B. Leguía en 1919, marcando el inicio del Oncenio.
Mariscal del Perú

En reconocimiento a su liderazgo en la resistencia contra Chile, la Asamblea Nacional lo honró con el título de Mariscal del Perú mediante la ley N.º 4009 del 10 de noviembre de 1919, otorgándole una renta anual. Se retiró a Ancón, donde falleció el 10 de octubre de 1923, a los 86 años, rodado de sus familiares más cercanos desatando una jornada de duelo nacional.
De esta manera, Andrés Avelino Cáceres es recordado como un símbolo de la resistencia, un héroe indomable que desafió las adversidades. Su figura, aún hoy 100 años después de su muerte, perdura en la memoria colectiva de la sierra peruana, transmitida a través de tradiciones orales y manifestaciones culturales.
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