
La confirmación de un caso de tuberculosis zoonótica en un primate rescatado en Panamá llevó a las autoridades sanitarias y ambientales a activar los protocolos correspondientes, luego de que el Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE) informara que una hembra de mono araña negra (Ateles fusciceps) murió tras contraer la enfermedad presuntamente por contacto con un ser humano infectado.
El ejemplar había sido decomisado por tenencia ilegal y permanecía bajo atención médica en la Clínica Veterinaria de Fauna Silvestre de la institución, donde especialistas intentaban estabilizar su estado de salud.
La mona fue recibida en noviembre de 2025 en la clínica veterinaria tras ser retirada de un entorno de mascotismo, práctica prohibida por la legislación panameña.
A su ingreso presentaba múltiples complicaciones de salud, entre ellas abundante secreción nasal, tos persistente, alopecia, irritaciones cutáneas por el uso prolongado de pañales desechables y obesidad, síntomas que alertaron a los veterinarios sobre posibles enfermedades infecciosas asociadas al contacto humano.
Durante su permanencia en la clínica, el primate fue sometido a evaluaciones médicas y tratamientos especializados con el objetivo de estabilizar su condición y mejorar su recuperación.
Los veterinarios mantuvieron al ejemplar bajo observación permanente, aplicando protocolos clínicos para detectar posibles enfermedades respiratorias o infecciosas, que suelen ser frecuentes en animales silvestres mantenidos como mascotas.
Como parte de los exámenes médicos, los especialistas realizaron una prueba de PCR para detectar Mycobacterium, bacteria responsable de la tuberculosis, una enfermedad infecciosa considerada zoonótica y altamente contagiosa.
El resultado confirmó la presencia de tuberculosis zoonótica, y los análisis posteriores determinaron que el contagio habría ocurrido de humano a animal, lo que sugiere que el primate estuvo en contacto con una persona infectada antes de su rescate.
A pesar de los esfuerzos veterinarios, el estado de salud del animal continuó deteriorándose debido a las complicaciones de la enfermedad, y finalmente la mona no logró sobrevivir.
Tras confirmarse el diagnóstico, MiAMBIENTE activó protocolos interinstitucionales bajo el enfoque de “Una sola salud”, que integra a autoridades ambientales y sanitarias para evaluar posibles riesgos epidemiológicos asociados al caso.
Dentro de este protocolo, las autoridades de salud iniciaron el proceso de rastreo y muestreo de las personas que pudieron haber tenido contacto directo con el primate, con el fin de descartar posibles contagios o identificar la fuente de la infección. Este procedimiento forma parte de las medidas preventivas aplicadas cuando se detectan enfermedades zoonóticas que pueden circular entre humanos y animales.
La fuerte presión de cacería, la elevada deforestación de los bosques donde habita y el tráfico de especies, han puesto en peligro la conservación de la especie. Esta especie está presente desde Costa Rica, pasando por Panamá y en varios países de América del Sur como Ecuador, Venezuela, Colombia, Paraguay, Argentina, Brasil y Perú.

Especialistas en salud pública han advertido que la tuberculosis no es la única enfermedad que puede transmitirse entre humanos y animales, especialmente cuando especies silvestres son mantenidas como mascotas.
Entre las infecciones que los seres humanos pueden transmitir a primates y otros animales salvajes se encuentran la influenza, el sarampión, la varicela, infecciones respiratorias bacterianas y ciertos parásitos intestinales, enfermedades que pueden tener consecuencias graves para especies que no han desarrollado defensas naturales contra patógenos humanos.
En el caso de los primates no humanos, los riesgos son particularmente altos porque comparten una gran similitud genética con los humanos, lo que facilita la transmisión cruzada de virus y bacterias.
Investigaciones científicas han documentado casos de contagio de tuberculosis, gripe, herpes simple e incluso COVID-19 en primates, muchos de ellos asociados a contacto cercano con personas o a la crianza ilegal como mascotas.
Los expertos señalan que los animales silvestres criados en ambientes domésticos suelen vivir en condiciones sanitarias inadecuadas, lo que aumenta la probabilidad de contagio de enfermedades tanto para los animales como para las personas.
El estrés, la mala alimentación y la falta de atención veterinaria especializada pueden debilitar su sistema inmunológico, facilitando la propagación de patógenos entre especies.

Ante este escenario, MiAMBIENTE reiteró que la tenencia de fauna silvestre está prohibida en Panamá, ya que representa riesgos para la salud pública, el bienestar animal y la conservación de las especies.
La institución recordó que muchas enfermedades zoonóticas pueden transmitirse en ambas direcciones, de humanos a animales y viceversa, lo que convierte al mascotismo en un problema sanitario y ambiental.
Las autoridades ambientales instaron a la ciudadanía a reportar cualquier caso de tenencia ilegal de fauna silvestre a través de la línea 311 o mediante las redes sociales oficiales de MiAMBIENTE, con el fin de proteger a las especies y prevenir riesgos de salud pública.
El caso del mono araña negra, señalaron, refuerza la importancia de evitar el contacto indebido con animales silvestres, especialmente cuando son mantenidos fuera de su hábitat natural.
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