Cuatro elecciones claves para el conflicto de Medio Oriente

Estados UnidosLos comicios en Estados Unidos, Reino Unido, Rusia e Israel podrían modificar el equilibrio político global

Guardar
Caricaturas de Donald Trump, Keir Starmer, Vladimir Putin, Benjamin Netanyahu, Casa Blanca, Big Ben, cúpula de la Duma, edificio del Knesset, banderas.
Caricaturas de Donald Trump, Keir Starmer, Vladimir Putin y Benjamin Netanyahu frente a edificios emblemáticos y banderas de sus naciones. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La guerra que se desarrolla en Medio Oriente pese a la tregua, influirá en los procesos electorales que tendrán lugar en la segunda parte de 2026 y en los países más involucrados en el conflicto. Comenzando por Estados Unidos, que tiene su elección de medio mandato el 3 de noviembre. Estos comicios no son relevantes políticamente, salvo en circunstancias particulares. Tal es el caso de Estados Unidos, donde el último presidente en ganar una elección de medio mandato fue Bush hijo. La conmoción creada por los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono del 11-S crearon una situación excepcional que explica el voto oficialista en este caso.

Ahora la guerra de Medio Oriente es una de las causas que podrían hacer perder la elección a Donald Trump. Dos de cada tres estadounidenses están en contra de esta guerra y por ahora no votarían por su partido. Por esta razón, el presidente estadounidense se muestra ansioso por terminar la guerra y que este tema no influya demasiado en el resultado electoral.

PUBLICIDAD

Eso explica por qué Trump está haciendo concesiones favorables a Irán en las negociaciones e incluso contradictorias con las mantenidas hasta hace pocas semanas. Sabe que el conflicto puede definir el resultado de la elección de medio mandato. En ella se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes, que tiene medio millar de integrantes, y un tercio del Senado. El partido republicano controla ahora ambas Cámaras, pero hubo votaciones respecto a la guerra con Irán que no han sido ganadas por el oficialismo, representado por Trump. El Senado, con el voto de cuatro republicanos, decidió ordenar al Ejecutivo la retirada del despliegue militar en Medio Oriente, pero en cuarenta y ocho horas la Cámara anuló la decisión, evitando una derrota política importante para Trump.

A mediados de julio el Parlamento británico deberá elegir un nuevo primer ministro. Los votantes serán sólo los parlamentarios laboristas, que son mayoría en la Cámara de los Comunes. Keir Starmer había ido perdiendo apoyo en su propio partido por el malestar de la población respecto al tema económico-social. Pero la guerra ocupa un segundo lugar. Con el primer ministro conservador Boris Johnson, que buscaba imitar a Winston Churchill, el gobierno británico apoyó una política de fuerte apoyo a Zelenski en su guerra con Rusia, más comprometida que la de Estados Unidos. Con Starmer, en cambio, este compromiso bajó y en la guerra de Medio Oriente no acompañó la posición estadounidense contra Irán. Hoy la imagen de Starmer en la población es muy mala y lo mismo sucede en el promedio de la opinión pública inglesa con el partido laborista. El futuro primer ministro será decidido por los parlamentarios de este partido, los que se inclinan por Andy Burnham, actual diputado y alcalde de Manchester. Ganó días atrás su banca de diputado en Makerfield. Se trata de un político de hábitos sencillos que es popular en su partido. Probablemente no tenga contrincantes. La elección tendrá lugar el 16 ó 17 de julio. Cabe recordar que en la última elección legislativa el laborismo fue derrotado a nivel nacional. Para la oposición, Starmer ha fracasado en inmigración y la apertura petrolera para explotar en el Mar del Norte.

PUBLICIDAD

Es el sexto primer ministro en nueve años, lo que demuestra una fuerte inestabilidad política en el Reino Unido. Por otro lado, el último trabajo de Pew Research sobre la imagen del presidente Donald Trump en el exterior da cuenta que tres de cada cuatro británicos (74%) no confían en él ni en su forma de manejar los asuntos globales.

El 20 de septiembre tendrá lugar una elección legislativa en Rusia, en la que se pondrán en juego 450 escaños de la Duma Estatal, la cámara baja de la Asamblea Federal. En los rankings internacionales de calidad democrática, Rusia está calificada como autoritarismo. Es decir que no se descartan irregularidades que favorezcan al oficialismo, sobre todo en el interior del país. En estas zonas, como es el caso de Siberia, el esfuerzo y colaboración con la guerra es más alto que en los grandes centros urbanos. Pero cuatro años y medio de guerra sin perspectiva creíble en una solución militar más o menos rápida, está produciendo una situación de cansancio en el ruso medio. En estas regiones Putin obtendría más votos que en Moscú.

Esto podría cambiar y con ello el voto promedio en Rusia por el oficialismo, que ha rondado el 70% en las elecciones anteriores, podría disminuir. El deterioro de la economía, que ha dejado de crecer y hoy está en menos del 1%, concurre al descontento. Cuanto más dure la guerra con Ucrania, mayor será el descontento respecto a Putin, pero su gobierno autoritario podrá mantenerse. La única resistencia que ha encontrado hasta ahora fue el grupo Wagner, los mercenarios que intentaron sublevarse hace un par de años. Esta será una elección legislativa, sólo de medio mandato.

En Israel, la próxima elección legislativa será el 27 de octubre y se pondrán en juego 120 escaños del Knesset, el parlamento unicameral israelí. La guerra de Medio Oriente será decisiva en el resultado. Cabe recordar que el Congreso tiene la potestad de nombrar al primer ministro. Netanyahu tiene un apoyo en los sectores más ortodoxos, sostenido por la guerra contra Hamas. La propuesta de Trump para la paz en Irán ha generado malestar en estos sectores, que la consideran excesivamente “blanda” con el extremismo islámico, representado entre otras expresiones por la Guardia Republicana iraní. La guerra con Estados Unidos ha favorecido en términos políticos a los sectores más radicalizados del régimen iraní. Hasta ahora se han considerado los procesos electorales en Israel como válidos. Esto podría modificarse en la situación de guerra con Hamas. Una derrota de Netanyahu debilitaría políticamente a los sectores más extremistas israelíes en la guerra con Irán. Su eventual caída favorecería a los sectores moderados que hoy son partidarios de un acuerdo. Pero éste puede tener efectos ambivalentes en la opinión pública israelí.

Es claro que Netanyahu hará campaña con la bandera de continuar la guerra y no ceder frente a las pretensiones de Irán y sus aliados regionales. Esto va a polarizar a los votantes israelíes, pero probablemente será una situación inevitable. No está claro cómo se organizará finalmente la oposición a Netanyahu, que deberá encontrar un candidato que reúna la opinión disconforme con la continuación de la guerra y buscar una negociación. La misma encuesta de Pew Research citada más arriba señala que actualmente el 66% de los israelíes confía en la forma en la que Trump está manejando los asuntos internacionales, frente a un 33% que dice no tener confianza en él.

En los próximos meses las elecciones de diverso tipo que se realizarán en el Reino Unido, Rusia, Israel y Estados Unidos, moldearán el clima político en torno al conflicto de Medio Oriente e incluso en el de Ucrania.