Desafío pendiente, activar la continuidad e inversión productiva de las pymes

Así como el RIGI busca construir la Argentina exportadora de las próximas décadas, podría evaluarse la creación de un régimen específico orientado a inversiones pyme que no debería replicar mecánicamente el esquema destinado a grandes proyectos sino teniendo en cuenta diferentes necesidades y montos

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En un contexto de menor inflación, persisten dificultades estructurales para financiar inversiones productivas, y las pymes continúan enfrentando una coyuntura que profundizan la exposición al riesgo y dar continuidad a su actividad
En un contexto de menor inflación, persisten dificultades estructurales para financiar inversiones productivas, y las pymes continúan enfrentando una coyuntura que profundizan la exposición al riesgo y dar continuidad a su actividad

La estabilización macroeconómica y el RIGI constituyen avances relevantes, pero miles de pequeñas y medianas empresas siguen enfrentando el desafío de sostener su actividad e invertir.

El crecimiento sostenible requiere un programa específico que impulse el acceso al financiamiento de inversiones de las pequeñas y medianas empresas, responsables de la mayor parte del empleo privado argentino.

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Un régimen específico para pymes podría convertirse en el puente entre la estabilización y el crecimiento.

El RIGI y la apuesta por la Argentina exportadora

La aprobación del RIGI marcó uno de los hitos económicos más importantes de la actual administración con el claro objetivo de atraer grandes proyectos de inversión capaces de transformar la estructura exportadora argentina durante la próxima década.

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El Gobierno apuesta a que sectores como energía, minería, petróleo, gas, infraestructura, economía del conocimiento y determinadas actividades industriales generen un salto cuantitativo en materia de exportaciones, ingreso de divisas y crecimiento económico.

El crecimiento sostenible requiere un programa específico que impulse el acceso al financiamiento de inversiones de las pequeñas y medianas empresas

Desde esa perspectiva, el RIGI constituye una herramienta lógica dentro de una estrategia orientada a recuperar la inversión privada luego de más de una década de estancamiento económico, elevada inflación, controles cambiarios, inseguridad jurídica y pérdida de competitividad.

Resulta imperioso cuestionar la necesidad de atraer grandes inversiones que Argentina necesita para ampliar su capacidad productiva, generar empleo privado, aumentar exportaciones y recuperar credibilidad frente a los mercados internacionales.

El escenario económico actual indica que la performance macro mantiene un perfil positivo en inflación, situación fiscal y cambiaria, pero con expectativas negativas referidas al nivel de actividad, empleo y consumo.

Esta dualidad en la dirección y velocidad de las actividades industrial y financiera, así como entre grandes empresas que aplican al RIGI versus las el universo de pymes que carecen de opciones para financiamiento productivo, indican que el gobierno debería ofrecer con urgencia un plan estratégico de largo plazo (5/10 años), que responda a la gravedad del contexto económico, y genere confianza para la continuidad frente a la incertidumbre de cambio de dirección en el próximo gobierno 2028-2031.

Ningún proceso de crecimiento sostenido puede desarrollarse sobre la irracionalidad económica

El logro de la Argentina exportadora y competitiva de los próximos diez años no puede esperar los tiempos de RIGI-Grandes Proyectos, requiere incorporar con urgencia a miles de pequeñas y medianas empresas en un nuevo Régimen RIGI-Pymes, para revertir las expectativas insatisfechas que se están acumulando.

Estabilizar no siempre alcanza para “saltar el charco”.

Durante los primeros meses de gestión, el Gobierno concentró sus esfuerzos en estabilizar las principales variables macroeconómicas.

La reducción del déficit fiscal, la desaceleración inflacionaria, la recomposición del equilibrio monetario y la eliminación gradual de múltiples distorsiones constituían objetivos razonables y necesarios con amplia demanda de la sociedad.

Ningún proceso de crecimiento sostenido puede desarrollarse sobre la irracionalidad económica, con inflación crónica, déficit fiscal financiado con emisión permanente, elevada presión impositiva sobre el sector formal que alienta la informalidad superior al 40/50% de la actividad, elevado riesgo país sin acceso al mercado de crédito externo y flujo de inversiones para inversión, entre otras limitaciones.

La estrategia económica actual asume que el crecimiento generado por las grandes inversiones terminará derramando progresivamente sobre el resto del entramado productivo

La estabilización macro per se representa solo una condición necesaria, pero la persistencia de desequilibrios estructurales que persisten y se agudizan impiden convertir lo positivo de los cambios 2024/2025 en un proceso sostenible de inversión y generación de empleo.

Las pymes en su gran mayoría atraviesan coyunturas preocupantes, debiendo elegir con frecuencia entre mayor deuda de corto a tasas abusivas que superan la capacidad de repago, debiendo acudir al potencial endeudamiento adicional para enfrentar la mora y no caer en default.

Los agentes económicos en el orden local y externo no conocen aún el significado de la confianza de largo plazo en el caso de Argentina, donde solo puede aceptarse la confianza a plazos breves (18/24 meses) como un factor central para atraer inversión productivas.

Tal es el período que suele aceptarse para la toma de decisiones en diversos negocios financieros o de la economía real, a menos que se incluyan garantías y seguros que puedan hacer frente a riesgos disruptivos.

Esta situación constituye uno de los principales desafíos pendientes, donde las compañías corporativas o de mayor tamaño suelen contar con modelos de gestión de riesgos y capacidad para apuntar a ciclos económicos más largos que las compañías pequeñas y medianas, salvo excepciones.

En un contexto de menor inflación, persisten dificultades estructurales para financiar inversiones productivas

Las pymes viven una realidad completamente diferente, pues mientras los grandes proyectos suelen planificarse para madurar en cinco o diez años, las pequeñas y medianas necesitan resolver graves problemas de corto plazo, básicamente contar con capital de trabajo, acceder a garantías financiamiento productivo de corto plazo, y con frecuencia hacer frente a los gastos corrientes con capital propio, o descubierto bancario que puede ser equivalente a 3 o 4 veces la inflación o las tasas de interés.

Supervivencia cada vez más compleja

La estrategia económica actual asume que el crecimiento generado por las grandes inversiones terminará derramando progresivamente sobre el resto del entramado productivo.

La restricción de mayor relevancia en dicho supuesto es que los plazos de inversión, desarrollo, puesta en marcha y finalmente derrame son superiores al plazo en que miles de pymes y puestos de trabajo dejen de existir.

El escenario más probable en ese sentido, conduce a que el modelo concentrado en RIGI-Grandes Proyectos debería modificarse hacia un enfoque más amplio e inclusivo de sectores y empresas, es decir, teniendo en cuenta las diferencias intertemporales, tecnológicas y financieras que deberían tender a equilibrarse, si el objetivo es el de apuntar al modelo del “derrame”.

Las pymes argentinas no cuentan con capacidad financiera para proyectos plurianuales. Para muchos sectores el período de espera ya se ha prolongado en exceso a la capacidad de respuesta.

Durante décadas, las pymes argentinas enfrentaron una combinación adversa de presión tributaria, inflación, costos financieros elevados, y escaso acceso al crédito de largo plazo.

Mientras el régimen vigente fue concebido para inversiones de gran escala, un programa pyme podría contemplar proyectos comprendidos entre USD 3 y USD 20 millones

Incluso hoy, en un contexto de menor inflación, persisten dificultades estructurales para financiar inversiones productivas, y las pymes continúan enfrentando una coyuntura que profundizan la exposición al riesgo y dar continuidad a su actividad.

RIGI-Pyme para acelerar la inversión productiva

Por ello resulta razonable plantear una discusión complementaria al RIGI actual.

Así como el RIGI busca construir la Argentina exportadora de las próximas décadas, podría evaluarse la creación de un régimen específico orientado a inversiones pyme, “RIGI-Pyme”, el cual no debería replicar mecánicamente el esquema destinado a grandes proyectos sino teniendo en cuenta diferentes necesidades y montos.

Mientras el régimen vigente fue concebido para inversiones de gran escala, un programa pyme podría contemplar proyectos comprendidos entre USD 3 y USD 20 millones, dependiendo del tamaño de la empresa y del sector económico involucrado.

Si el esquema contemplara beneficios equivalentes al 10 o 15% de la inversión efectiva, el costo fiscal bruto podría ubicarse entre USD 50 y 75 millones anuales

El objetivo sería complementar al RIGI existente mediante instrumentos financieros podrían convivir dentro de una misma estrategia nacional de inversiones.

  • Las grandes inversiones generarían transformaciones estructurales de largo plazo.
  • Las inversiones PyME aportarían capilaridad territorial, generación de empleo, innovación y fortalecimiento de cadenas productivas.
  • Entre los beneficios posibles podrían considerarse,
  • sistema de amortización acelerada
  • estabilidad fiscal por períodos determinados
  • devolución rápida de créditos fiscales asociados a inversiones productivas
  • incentivos para exportaciones incrementales
  • facilidades de acceso al financiamiento a través del mercado de capitales y sistemas de garantías, con el rol de asesoramiento y orientación de la Comisión Nacional de Valores, Bolsas y Mercados Argentinos ByMA.
  • diseñar incentivos que premien la inversión efectiva y resultados productivos, evitando mecanismos de subsidios indiscriminados.

El costo fiscal y la oportunidad económica

Ejemplo ilustrativo base. Supongamos que ingresan al régimen unas 50 pymes por año, con proyectos de inversión promedio de USD 10 millones cada uno. Esto implicaría inversiones nuevas por aproximadamente USD 500 millones anuales.

Si el esquema contemplara beneficios equivalentes al 10 o 15% de la inversión efectivamente realizada, el costo fiscal bruto podría ubicarse entre USD 50 y USD 75 millones anuales.

Sin embargo, ese cálculo refleja únicamente el costo inicial de los incentivos. Si cada proyecto generara entre 30 y 50 empleos directos permanentes, el programa podría incorporar entre 1.500 y 2.500 puestos de trabajo directos por año, además del empleo indirecto asociado.

El verdadero debate no debería centrarse en el costo fiscal, la cuestión central consiste en determinar qué velocidad de crecimiento debe alcanzar la Argentina

A ello habría que sumar mayor actividad económica, incremento de la recaudación tributaria, aportes previsionales, expansión de proveedores locales y, en muchos casos, nuevas exportaciones.

Por lo tanto, el costo fiscal neto probablemente sería significativamente inferior al costo bruto inicialmente estimado, especialmente si los beneficios estuvieran condicionados al cumplimiento efectivo de metas de inversión, empleo, producción y exportaciones.

Comparado con los montos involucrados en los grandes proyectos del RIGI tradicional, un programa de estas características representaría una carga fiscal reducida y permitiría extender los incentivos a un universo mucho más amplio de empresas distribuidas en todo el territorio nacional.

La Argentina necesita una estrategia de inversión de doble velocidad

El verdadero debate no debería centrarse exclusivamente en el costo fiscal, la cuestión central consiste en determinar qué velocidad de crecimiento debe alcanzar la Argentina.

Si el país, como es de suponer, requiere su recuperación económica, necesitará mecanismos que permitan movilizar simultáneamente tanto grandes inversiones como inversiones medianas y pequeñas.

La experiencia internacional muestra que los procesos exitosos de desarrollo rara vez descansan sobre un único tipo de agente económico.

Los países que lograron expandir sostenidamente sus exportaciones combinaron grandes empresas líderes con extensas redes de proveedores, contratistas, empresas tecnológicas y pymes innovadoras.

El desafío pendiente consiste en evitar que la recuperación económica dependa exclusivamente de grandes proyectos cuya maduración puede requerir varios años, esperando indefinidamente que los beneficios futuros lleguen por mecanismos indirectos.

La Argentina necesita una estrategia de inversión de doble velocidad: una orientada a los grandes proyectos capaces de transformar estructuralmente la economía y otra destinada a miles de pequeñas y medianas empresas que necesitan invertir hoy para sobrellevar la realidad y crecer a futuro.

El desafío consiste en construir ambas al mismo tiempo, y hacerlo efectivo antes de que la brecha entre la estabilización macroeconómica e inversión productiva continúe convirtiéndose en el principal límite para el crecimiento y supervivencia pymes.

El autor es doctor en Economía de la UBA