
En tiempos marcados por la crisis climática, la desigualdad social y la desinformación, las universidades tienen un rol protagónico. Son faros de conocimiento y pensamiento crítico, pero también deben ser motores de transformación hacia el desarrollo sostenible. Este desafío implica actualizar la oferta académica y mejorar la gestión operativa de los impactos ambientales, sociales y de gobernanza.
En Argentina, varias universidades —públicas y privadas— han incrementado la oferta académica vinculada a la sostenibilidad. Carreras como las licenciaturas en Ciencias Ambientales llevan décadas formando profesionales. A nivel de posgrado, la oferta incluye temas como economía circular, energías renovables, diversidad, integridad y gestión sostenible. Incluso, dentro de algunas maestrías en administración de empresas, finanzas, recursos humanos, psicología, entre otras, se han incorporado cátedras referidas a sostenibilidad.
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En cuanto a la gestión operativa sostenible de instituciones académicas, algunas universidades han comenzado a medir su huella de carbono —como la Universidad Nacional de Cuyo y la Universidad Austral— y a implementar planes de eficiencia energética y gestión de residuos.
A nivel mundial no existe una regulación que defina qué implica ser una universidad sostenible. Sin embargo, diferentes redes de universidades a nivel global, regional y local, como la Red UAGAIS (Universidades Argentinas para la Gestión Ambiental y la Inclusión Social) entre otras, promueven activamente la integración de la sostenibilidad en el ámbito universitario. Al mismo tiempo, los rankings internacionales se han convertido en una herramienta clave para visibilizar avances y compromisos. Participar en ellos es cada vez más habitual y estratégico.
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Existen al menos tres rankings de sostenibilidad para el sector educación superior. Los más relevantes son el GreenMetric, promovido por la Universidad de Indonesia; el University Impact Ranking, de Times Higher Education; y el Ranking QS de Sostenibilidad, elaborado por Quacquarelli Symonds.
En este contexto, el Ranking QS de Sostenibilidad evalúa las buenas prácticas implementadas en las instituciones de educación superior de todo el mundo y es uno de los más utilizados por las universidades argentinas.
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Participación limitada, potencial inmenso
En la edición 2025 del Ranking QS de Sostenibilidad, participaron 11 universidades argentinas: menos del 10% del sistema universitario nacional. De ellas, nueve son públicas y dos privadas. La UBA se ubicó en el puesto 378, dentro de las primeras 900 de las 1.794 evaluadas a nivel global.
Las universidades públicas rankeadas son la Universidad de Buenos Aires (378), la Universidad Nacional de Cuyo (931-940), la Universidad Nacional del Litoral (1021–1040), la Universidad Nacional de Córdoba (1081–1100), la Universidad Nacional de La Plata (1081–1100), la Universidad Nacional del Comahue (1451–1500), la Universidad Nacional del Sur (1451–1500), la Universidad Nacional de Mar del Plata (1501+) y la Universidad Nacional de San Martín (1501+).
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Mientras que desde el sector privado las únicas dos han sido la Universidad Austral (1451–1500) y la Pontificia Universidad Católica Argentina (1501+).
Estos datos demuestran que hay espacio para incrementar la participación argentina en el ranking, especialmente entre las universidades privadas.
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A nivel regional, la Universidade de São Paulo (puesto 70) es la única latinoamericana entre las 100 primeras. Le siguen la Universidad Nacional Autónoma de México (145) y la Pontificia Universidad Católica de Chile (168). Mientras Brasil, México y Chile posicionan múltiples universidades en los primeros tramos del ranking, Argentina aún no logra consolidar una estrategia institucional articulada para participar activamente.
El QS de Sostenibilidad no mide solo reputación académica. Evalúa dimensiones concretas como la producción científica vinculada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), las estrategias ambientales (reducción de gases de efecto invernadero, uso de energías renovables, y metas de carbono neutral), los aspectos sociales (inclusión, empleabilidad, salud y bienestar) y de gobernanza institucional.
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Por qué participar en los rankings de sostenibilidad
No se trata solo de prestigio. Participar de los rankings de sostenibilidad es una decisión estratégica con múltiples beneficios, ya que permite detectar brechas, orientar esfuerzos (medir para mejorar) y comunicar logros. Destacarse en ellos es también una forma para atraer talento de estudiantes y docentes (locales e internacionales) que valoran el compromiso institucional con los desafíos actuales.
Incluso, permite acceder a mejores formas de financiamiento.
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El primer paso para cualquier institución es reconocer que ya se están implementando prácticas con impacto ambiental, social y de buen gobierno, que aún no están siendo medidas ni comunicadas adecuadamente. Elaborar un diagnóstico, establecer líneas de base, definir metas, responsables y plazos, son condiciones necesarias para lograr que la sostenibilidad permee la gestión, la docencia, la investigación y la vinculación con la comunidad.
Integrar buenas prácticas de sostenibilidad en los planes estratégicos de las universidades es una necesidad urgente. De cara a los desafíos globales actuales, resulta clave que cada vez más universidades argentinas —públicas y privadas— reconozcan el valor de diagnosticar, medir y comunicar con vistas a la mejora continua.
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