
“Lo único que aprendimos de la historia es que no aprendemos nada de la historia” (Georg Hegel)
El domingo pasado un peronismo sorprendido de sí mismo por su vigoroso renacimiento le dio una paliza a Milei en las urnas. Pero no fue casualidad ni capricho del destino, un pueblo silencioso y pacífico en un acto de defensa propia le dijo basta a las políticas de ajuste y al sistema de corrupción orquestado por los voraces Menem. Mientras tanto el poder real acompañaba y se regocijaba, con el apoyo del poder mediático, de la crueldad de los hermanos Milei durante este año y medio.
Sin embargo, en la Argentina, cada vez que las políticas neoliberales intentaron avanzar con recortes y fundamentalmente con quita de derechos, en este caso con una experiencia extravagante y bizarra, el pueblo respondió con lógica de supervivencia y memoria histórica. A una nostalgia trucha, que intentó imponer Milei de una Argentina inexistente de fines del siglo XIX, se opuso la nostalgia real de una memoria viva en materia de derechos. Por eso, debemos tomar conciencia de que el voto no fue ideológico, sino práctico, de sentido común y de supervivencia. También de rechazo a la corrupción. El peronismo fue la herramienta para decir: “Hasta acá, Milei”.
Los hermanos Milei, sin logros sostenibles pensaron que la erosión por goteo de la democracia, la violencia verbal, el discurso de odio, la estigmatización de trabajadores del Estado, científicos o minorías, los insultos a los adversarios políticos, periodistas y hasta líderes políticos internacionales podía sostenerse y tener éxito. Pero quedó claro que Milei fue elegido para resolver dos traumas de nuestra sociedad: la inflación y el precio del dólar. Los argentinos necesitamos resolver eso para vivir tranquilos, pero el resto del programa de Milei y su “batalla cultural” estaba condenado al fracaso.
Lo cierto es que el resultado electoral no se entiende si no ponemos el foco en los intendentes. La “primera ventanilla” hacia la gente. Ellos fueron quienes resistieron y amortiguaron en las ciudades y los barrios el impacto de las políticas de ajuste, de pérdida de empleo, aumentos de precios de alimentos y servicios y desmantelamiento de las políticas públicas nacionales. Sin obras y con recursos recortados, como podían, los intendentes mantuvieron la cohesión social y sus comunidades los reconocieron. Eran dos fuerzas que se enfrentaban: las “centrífugas”, en términos sociales, de las no-políticas nacionales de Milei; y las fuerzas “centrípetas” de los intendentes, junto en este caso, al gobernador de Buenos Aires.
El gobernador Kicillof no sólo contuvo sino que marcó con firmeza un discurso y un rumbo alternativo. Cristina, injustamente condenada, desde su lugar de liderazgo mantuvo permanentemente la línea de defensa frente a un gobierno cuyo único objetivo es modificar la matriz productiva y una matriz social construida por décadas en nuestro país.
El gobierno de Milei, en términos políticos está terminado. Se quedó sin músculo. Al rechazo social se le suman ahora los ex aliados y oportunistas. Lo cierto es que dar una batalla cultural contra la clase media, las pymes, contra el Estado necesario -no el burocrático-, contra los derechos, la memoria, no iba a tener éxito. Quiso borrar la identidad colectiva. Se equivocó.
Sin embargo, también es preciso hacernos una pregunta: ¿dónde estaba la dirigencia política mientras éramos unos pocos los que alertábamos sobre el daño que estaba haciendo el Gobierno? Muchos de los que hoy pasaron al bando de los críticos votaron las leyes de ajuste, acompañaron los DNU, convalidaron el desmantelamiento del Estado. Pero, una vez más, la sociedad se adelantó a los dirigentes. La gente marcó el límite. El oportunismo político se nota mucho. El voto popular y la democracia, esa que no le gusta a los Milei, se defendió a sí misma.
Hoy muchos preguntan sobre el futuro del peronismo. Yo prefiero hablar del peronismo del futuro. La diferencia no es semántica. Porque el futuro del peronismo es encerrarse en discusiones sobre personas y posibilidades electorales. Hablar del peronismo del futuro es desafiar a la reinvención para responder a los desafíos de este tiempo y a la elaboración de un programa. Se necesitan nuevos liderazgos y, sobre todo, un programa de gobierno acorde a 2025. Que combine memoria histórica con innovación. Justicia social con interpretación de esta nueva modernidad.
Estos ejes no pueden faltar:
1. Un modelo de desarrollo productivo, con la incorporación del cambio tecnológico, los recursos naturales y nuestras capacidades un modelo industrial del siglo XXI.
2. La deuda demanda otro tipo de solución, así no hay desarrollo posible.
3. Baja inflación y equilibrio fiscal, son un mandato social que llegó para quedarse.
4. Nueva geopolítica global, comprender que el mundo cambió, China y el sur global son las grandes oportunidades para el futuro.
5. Estado inteligente, suficiente y profesional, más que nunca un Estado necesario sin burocracia, con un marco regulatorio claro y concreto.
6. Justicia social, oportunidades y derechos, es el corazón de la política. Para qué y quiénes se gobierna.
7. Crecimiento con inclusión, porque no hay bienestar sin expansión de la economía y distribución justa de los beneficios.
El peronismo del futuro no se refugia en la nostalgia ni en la resistencia, debe proponer un horizonte de país. La sociedad además espera nuevos liderazgos, discursos frescos que conecten con las diferentes generaciones y con los distintos sectores. La renovación siempre es necesaria.
La elección bonaerense fue un punto de inflexión. Así como muestra un gobierno agotado en términos de respuestas políticas y económicas, también comenzó una nueva etapa. El futuro del peronismo ya no puede pensarse en clave defensiva, el desafío es animarse a diseñar y concretar el peronismo del futuro.
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