
América Latina se ha consolidado como una de las regiones más emprendedoras del mundo. Según el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), un 24,6% de los latinoamericanos están involucrados en alguna actividad emprendedora. Estos datos parecen alentadores, pero también esconden una realidad compleja: emprender en nuestra región implica enfrentar desafíos considerables, y para muchas personas, especialmente mujeres, las barreras para desarrollar un proyecto son mucho más altas de lo que deberían ser.
En nuestra región, el emprendimiento aparece como camino, tanto por la necesidad de algunas personas de generar nuevos ingresos ante una realidad económica en constante inestabilidad; y también como oportunidad, en el caso de quienes buscan potenciar o desarrollar nuevos negocios. Lo importante es que, en ambos casos, los emprendimientos deben tener la posibilidad de crecer, ser sostenibles y generar un impacto positivo en la sociedad. Sin embargo, para que esto ocurra, es indispensable contar con espacios que acompañen y potencien a los emprendedores, con una mirada basada en la equidad y en cerrar las brechas de desigualdad.
Las mujeres en América Latina siguen enfrentando una brecha importante en materia de emprendimiento. Según datos del Banco Mundial y el BID, un tercio de las mujeres en la región quiere emprender, pero se topa con obstáculos significativos, como la falta de acceso al financiamiento, la escasez de mentorías y el tiempo limitado para dedicarse a sus proyectos. Aunque el 40% de los negocios liderados por mujeres tiene un alto potencial de innovación, muchas veces estas emprendedoras se quedan sin apoyo para llevar sus ideas al siguiente nivel.
Según un informe de KPMG, a pesar de la caída en la inversión global de capital de riesgo en 2024, América Latina sigue siendo un lugar de gran dinamismo emprendedor. Pero los fondos no están distribuidos equitativamente, y las mujeres emprendedoras suelen estar subrepresentadas en los sectores que más financiamiento reciben, como la tecnología y las finanzas. Esto es preocupante, ya que los estudios muestran que los negocios liderados por mujeres tienen un enorme potencial para generar valor social y económico.
Emprender no siempre tiene que ver con crear un negocio para venderlo o alcanzar grandes cifras en materia de ingresos. A menudo, el emprendimiento con propósito busca algo mucho más profundo: mejorar la vida de las personas a su alrededor. Por eso es tan importante que apoyemos a las emprendedoras y emprendedores que quieren generar un impacto positivo, ya sea a través de pequeñas tiendas locales, servicios comunitarios o proyectos más ambiciosos.
¿Qué es emprender con propósito? Que todas las propuestas que llevamos adelante las abordemos pensando en algo mucho más grande que nosotros mismos. Transformar la vida de las personas, mejorar la calidad educativa o la empleabilidad de las personas en cada rincón del mundo. El propósito tiene valor, pero no tiene precio. Es aquí donde cada emprendedor debe priorizar cómo arma su estructura y cómo incorpora a nuevos actores a su proceso de toma de decisiones.
Necesitamos un ecosistema que les brinde las herramientas y recursos para que puedan hacerlo. América Latina ha demostrado tener espacios valiosos para acompañar a quienes emprenden, pero necesitamos fortalecerlos. Es clave que estos ecosistemas ofrezcan acceso a mentorías, asesoramiento, formación empresarial, aceleradoras y esquemas de financiamiento adecuados a los objetivos de cada proyecto. Entender cómo ayudar a los demás a ser mejores profesionales es fundamental.
Para emprender no basta con tener una buena idea. Quienes eligen este camino necesitan redes de apoyo y acceso a recursos que les permitan superar los desafíos estructurales que enfrentan. En este sentido, en ocasiones las sinergias no se dan únicamente desde lo financiero, sino desde relaciones a largo plazo que ayuden a tener socios estratégicos y a compartir experiencias que potencien cada proyecto.
Cerrar la brecha de género en el emprendimiento es vital, tanto por su impacto social como también por su capacidad de generar enormes beneficios económicos para nuestra región. Si más mujeres emprenden, América Latina podrá aprovechar un potencial que hoy está desperdiciando. Es momento de actuar, cerrar las brechas y asegurarnos de que todas las personas tengan la posibilidad de convertir sus ideas en proyectos que mejoren la calidad de vida de todos.
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