Sobre la base que la economía es una ciencia social, donde no se dispone de la capacidad para predecir exactamente qué pasará en el futuro, e incluso más, aun cuando se puede predecir una dirección sobre la cual se enmarcan las variables o los hechos, hay altas probabilidades también de equivocarse.
Las expectativas de la sociedad, empresas, consumidores, gobiernos, inversores juegan un rol determinante en cualquier economía, y en la Argentina tienen un importante peso relativo.
El Gobierno tiene puesto el eje de sus decisiones de política económica en distintos puntos. La principal batalla librada hasta ahora se encuentra enfocada sobre la inflación, lo que implica, bajar la misma y sostener esta baja en un sendero continuo y sólido a lo largo del tiempo.
El resultado que se ha visto hasta ahora, no solamente en lo discursivo, sino en los hechos, reafirma que se está en un proceso de desinflación mes a mes, medido desde el pico de diciembre último.
Considerando el historial argentino de elevados niveles inflacionarios, el cual limitó y limita para realmente ser confiables en el mercado local y más aún en el internacional, si el Gobierno logra sostener el proceso de desinflación, hasta llegar a una tasa de un digito anual y consolidar ese valor a lo largo del tiempo, implicará un positivo e importante cambio de expectativas.
Las decisiones personales y de la misma forma las gubernamentales, implican priorizar objetivos. Cuando esto ocurre, no solamente hay que medir los beneficios, sino también valuar los costos que generan las decisiones priorizadas. Estos costos se reflejan sobre aquellos objetivos no alcanzados o no priorizados y las respectivas consecuencias.
En este aspecto otra meta importante del gobierno está enfocada sobre el levantamiento del cepo cambiario. Pues conseguir este objetivo implicaría avanzar fuertemente sobre la normalización de la economía, permitiendo libremente acceder a importar, exportar, girar dividendos, recibir inversiones, acceder a los distintos mercados internaciones y generar una genuina apertura comercial, entre otras cosas.

Una condición necesaria, aunque no suficiente para salir del cepo, está relacionada con la capacidad de acumular reservas internacionales por parte del Banco Central y tener poder de fuego para sostener la demanda de divisas que eventualmente podría surgir por parte de la economía.
Nuevamente, sobre la base de continuidad y solvencia temporal en el stock de reservas evitando a futuro caer otra vez en la trampa de otro cepo cambiario. Por ende, apurar el proceso y salir antes que las condiciones estén dadas, tendría sin duda muchos más costos que beneficios.
Si se considera entonces como válido el argumento que el gobierno necesita acumular reservas y teniendo presente que las exportaciones son una fuente importante para este objetivo, los exportadores deberían tener incentivos para liquidar operaciones, ya sea porque encuentran precios rentables de sus productos y/o un tipo de cambio que los mismos consideren favorable.
La receta argentina durante muchos años estuvo basada en atrasar el tipo de cambio real. Desde la devaluación de diciembre 2023, el Gobierno quiere sostener una devaluación mensual del tipo de cambio oficial de 2% mensual, para cuidar y preservar el primer objetivo: mantener a raya el proceso de desinflación.
Esta medida genera costos. Por un lado, los exportadores no encuentran incentivos para exportar, pues no consideran tener un tipo de cambio favorable para liquidar sus operaciones. El Gobierno se ve limitado en su capacidad para acumular reservas. Por el otro, los importadores como el tipo de cambio oficial se atrasa, ven favorable incrementar sus compras generando presión sobre las reservas.
Las posibilidades de crecimiento se ven limitadas
La apuesta del gobierno para acumular reservas está centrada en: el blanqueo de capitales para que el sector privado ingrese sus dólares blanqueados al sistema; remonetizar la economía y generar una masa crítica de divisas, la cual debería sostener en el tiempo para salir definitivamente del cepo.
En este sentido la apuesta es muy fuerte, pues el sacrificio sobre el resto de las variables económicas es elevado. El nivel de actividad aún no logra consolidar un proceso, aunque sea tenue, el EMAE de junio 2024 desestacionalizado cayó con respecto a mayo 0,3 por ciento.

Otro pilar del gobierno está centrado sobre el equilibrio fiscal, con el argumento, válido claramente, que el déficit fiscal financiado con emisión monetaria es inflacionario y no quiere repetir la historia en este sentido. Mantener el equilibrio fiscal sobre la base de licuar pasivos no es sostenible, en este aspecto, la “Licuadora” le dio al gobierno inicialmente frutos, pero solo temporal, no permanente.
El repunte de la actividad económica en este sentido es importante para generar mayor recaudación y mantener las cuentas equilibradas.
Los desafíos sobre las prioridades del gobierno posiblemente encuentren un importante desafío de timing en las decisiones. En este sentido, relajar algunas metas como por ejemplo el proceso de desinflación, podría darle un poco más de aire a la actividad económica y a la genuina acumulación de reservas con un tipo de cambio real más competitivo.
Lo importante en las decisiones no es la velocidad, sino la dirección.
El autor es Economista, director de Authentica Consulting
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