
La confirmación de Kamala Harris como candidata a la Casa Blanca despierta interrogantes en política internacional y respecto acuerdos de libre comercio. Como senadora demostró no ser una proteccionista tradicional al negarse a apoyar el NAFTA por no incluir suficientes normas sobre el cambio climático. En otros temas de la política exterior ha dado una imagen pragmática con inclinaciones globalistas y, en general, ha estado en sintonía con la agenda de Joe Biden. En la Conferencia de Seguridad 2024 de Múnich, por ejemplo, ha respaldado por tercer año consecutivo a Kiev frente a Moscú destacando la defensa de la integridad territorial de Ucrania y la plena vigencia del artículo 5 de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (que establece que un ataque a un miembro representa una agresión a toda la OTAN), conceptos que reiteró en la Cumbre en Suiza sobre la paz en Ucrania.
En otras cuestiones sensibles como sería el caso de la relación con Israel, Kamala Harris podría tener enfoques ligeramente diferenciados con la Administración Biden a pesar de haber sido considerada parte del ala proisraelí del gobierno y estar en contra de un embargo de armas a Israel. Sin embargo, las críticas a la actuación militar israelí en la Franja de Gaza y la ausencia en la sesión del 24 de julio en el Congreso (que ella debió presidir como titular del Senado) en la que intervino el primer ministro israelí, permitiría interpretar que podría alentar una posición que diera más espacio a las preocupaciones palestinas, por lo menos durante la campaña electoral o mientras Benjamín Netanyahu sea primer ministro.
El grado de la competencia con China también podría distinguir matices con la gestión del Presidente Biden. En la última reunión de la APEC en Bangkok, Kamala Harris mantuvo un encuentro con Xi Jinping en la que habría enfatizado la necesidad de mayor comunicación reciproca e incluso sugerido respaldo ante las dificultades económicas domesticas chinas. Ese enfoque menos confrontativo con China no impidió que Harris enfatizara una actitud pro-Taiwán, denunciara los riegos expansionistas chinos y expusiera las violaciones de los derechos humanos de Beijing.
La prensa china no ha mostrado por ahora mayor entusiasmo con la candidatura de Harris al haberse pronunciado a favor de un aumento sustantivo del presupuesto de defensa y promover un mayor acercamiento con la India como contrapeso a China. Tampoco con el candidato a vicepresidente, el ex gobernador de Minnesota Tim Waltz que vivió en China en tiempos de las protestas de Tiananmen.
La problemática migratoria del triángulo norte en América Central (Honduras, Guatemala y El Salvador) ha sido responsabilidad especial de Kamala Harris en los últimos cuatro años. En general no parece haber cosechado mayores ponderaciones ni se habría notado un compromiso personal con los temas candentes de la subregión ni con México en el marco especial de NAFTA. Menos aún con el resto de América Latina. No obstante, en la Cumbre de las Américas del 2021 considero imperativo promover la democracia, el buen gobierno y la seguridad hemisférica. En ese contexto, ha demandado que se respete la voluntad de las elecciones en Venezuela.
Pese a estas referencias, es poco lo que se conoce, por el momento, de las orientaciones geoestratégicas de Kamala Harris. En diversas intervenciones internacionales, se ha pronunciado a favor de las Naciones Unidas y de la diplomacia multilateral. También de la agenda 2030. En la Cumbre Climática de la ONU en Dubái consideró al cambio climático como una prioridad significativa para la supervivencia del planeta y, en otro ejemplo, en la Comisión de la Mujer de la ONU, señaló que habría que expulsar a Irán de dicho órgano por la política discriminatoria contra las mujeres.
La candidatura de Kamala Harris en general transmite continuidad en política internacional, comercio exterior y seguridad internacional. También su perfil permite pensar que cuenta con un bagaje diplomático que puede sorprender. Las raíces familiares fortalecen esa conclusión al ser el resultado de un ramillete de culturas, nacionalidades y religiones que pueden tener impacto en sus orientaciones geopolíticas y en la lectura de los problemas globales.
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