
La reciente decisión del gobierno de la provincia de Buenos Aires de eliminar la repitencia en la escuela secundaria plantea una serie de interrogantes sobre el futuro de la educación de nuestros jóvenes. Si bien es evidente que la escuela secundaria y las cifras alarmantes de deserción escolar en nuestro país demandan una transformación urgente, abordar el problema de manera aislada, sin una visión integral, no solo puede resultar ineficaz, sino también contraproducente.
Desde hace más de una década, la educación secundaria en Argentina ha estado clamando por una renovación profunda que abarque todos los aspectos de la vida escolar. Sin embargo, centrarse únicamente en la acreditación de materias, como propone la eliminación de la repitencia, no constituye una transformación real y significativa. Por el contrario, esta medida puede entorpecer el proceso de aprendizaje del alumno y agravar los problemas existentes.
El régimen académico de la escuela secundaria de Buenos Aires debe ser objeto de una reforma integral que considere múltiples aspectos fundamentales. Es imperativo migrar a un diseño basado en capacidades y competencias, con unidades curriculares integradas que reflejen las demandas del siglo XXI. Un currículo moderno debe darle a los estudiantes habilidades prácticas y conocimientos relevantes para su desarrollo personal y profesional.
Necesitamos una estructura que incluya un Ciclo Básico tradicional y un Ciclo Superior con trayectos electivos de formación, permitiendo a los estudiantes concluir su educación con una orientación profesional clara y definida. Este formato flexible debe adaptarse a las diversas necesidades y talentos de los alumnos.
Es fundamental implementar el trabajo por proyectos interdisciplinares, nuevos escenarios de aprendizaje que promuevan el pensamiento crítico y profundo, y experiencias formativas obligatorias como prácticas profesionalizantes y talleres formativos. Este enfoque, al estilo de una “pasarela educativa”, prepararía a los estudiantes para el mundo real.
Es crucial migrar hacia un sistema en el que los docentes tutores concentren horas y acompañen la trayectoria escolar de los estudiantes, planificando proyectos interdisciplinarios. Esto no solo mejora la calidad educativa sino que también proporciona un apoyo más personalizado a los alumnos.
Asimismo, es necesario modificar el sistema de evaluación para acreditar áreas curriculares en el Ciclo Superior, potenciar la evaluación formativa y colegiada, y trabajar en la acreditación de saberes socio-laborales. Esta reforma debe ser la culminación de un proceso integral de cambio y no una medida aislada.
Este cambio supone una lógica totalmente diferente y, lamentablemente, lo único que se ha implementado hasta ahora es la modificación en la evaluación, sin haber trabajado en un nuevo formato para la escuela secundaria. Persisten muchos problemas sin resolver. El gobierno promete trabajar el próximo año en nuevos diseños curriculares, pero esto es como poner el carro delante de los caballos. Proponen cambiar primero la evaluación y luego el diseño curricular y la organización escolar. Esta secuencia es desprolija y carece de lógica. Podemos prever que así las cosas, lo que va a suceder es un caos en la implementación con el formato actual de la escuela secundaria.
Es sabido que la repitencia no implica necesariamente mejores resultados escolares o trayectorias más exitosas. Este es un debate que se ha estado dando en el mundo desde hace mucho tiempo. Sin embargo, la eliminación de la repitencia, tal como se propone ahora, no es la solución.
Es imprescindible repensar la escuela secundaria en su totalidad, priorizando un nuevo diseño curricular y una nueva organización escolar antes de cambiar la forma de evaluar. Solo con una transformación integral, que contemple todos los aspectos de la educación, podremos garantizar una formación de calidad para nuestros adolescentes y un futuro promisorio para nuestra sociedad.
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