
La brecha cambiaria inferior al 20% y la acumulación de USD 11.000 millones de reservas sugieren que el tipo de cambio se mantiene competitivo. La liquidación de la cosecha gruesa seguramente convalidara dicha percepción. Sin embargo, hay factores de carácter transitorio -la fuerte recesión y el pago en 4 cuotas mensuales de las importaciones- que podrían exagerar dicha percepción.
Con la inflación mayor a la tasa de crawling peg (2% mensual), el proceso de apreciación cambiaria se profundizará y puede en los próximos meses comprometer al principal sector generador de divisas e impulsor de la reactivación.
Ante dicha eventualidad, el Gobierno tiene varias opciones para preservar la competitividad cambiaria:
- Disponer un ajuste discreto del tipo de cambio;
- Subir la tasa de crawling peg; y
- Aumentar el porcentaje de exportaciones que se autoriza a liquidar por el mercado libre (20% en la actualidad).
En el primer caso, el riesgo es descarrilar la trayectoria de desinflación; debido a la inflexibilidad descendente de los precios, el shock devaluatorio induce un proceso de acomodamiento de precios relativos en que todos los precios suben.
En el segundo caso, la suba de la tasa preanunciada de deslizamiento cambiario sube el piso a la tasa de interés que el Gobierno quiere bajar para ayudar a reactivar la economía.
La tercera parece ser la mejor opción para el equipo económico, porque de esa forma logra una devaluación encubierta pero menos inflacionaria -por cuanto hay precios que se forman más teniendo en cuenta el nivel del precio del dólar libre que el del oficial mayorista que informa el Banco Central.
El cepo
El actual mix de políticas -fijación simultanea del tipo de cambio y tasa de interés- es posible porque el cepo financiero limita la movilidad de capitales. Por ello, resulta acertado conservar el cepo financiero para tener más grados de libertad mientras se reduce la inflación y se acumulan reservas. A ello se suma la ventaja que da el cepo para seguir cobrando el Impuesto PAIS (7,9% de la recaudación tributaria).

La eliminación del cepo es una de las reformas estructurales más importantes para eliminar distorsiones al comercio exterior y mejorar la asignación de recursos. Con la normalización del pago de importaciones y el aumento de las exportaciones que se liquidan por el mercado de contado con liquidación ya se ha avanzado en la eliminación del cepo comercial. La eliminación del cepo financiero debe esperar la reducción de la inflación y la acumulación de reservas internacionales.
La menor inflación reduce el riesgo que ante la salida del cepo la volatilidad cambiaria se propague dando lugar a un aumento de la inflación. El Gobierno parece bien encaminado. La rápida reversión de flujos de exceso de demanda de bienes / exceso de oferta de dinero tras el drástico ajuste fiscal y monetario funciona como el principal ancla nominal para frenar la inflación.
En la medida que el cambio sea percibido como el paso a un régimen creíble, los precios los forma el mercado en función de la oferta y la demanda sin incorporar una memoria inflacionaria atada a una historia de convalidación monetaria de ajustes preventivos de precios.
El timing de desinflación dependerá de la graduación en el tiempo del ajuste de tarifas de energía que si bien a la larga es antiinflacionario -vía reducción de subsidios. en el corto plazo tendrá también un passthrough a inflación.
La credibilidad del programa de estabilización depende de la determinación del Gobierno de llevar adelante una política de equilibrio presupuestario, de la normalización de precios relativos, y, sobre todo, de la institucionalización del cambio de paradigma fiscal a través de una agenda de reformas estructurales avaladas como proyectos de leyes votados por el Congreso.

Tanto la factibilidad política como económica requieren secuenciar en el tiempo las reformas que se intenten aprobar. Por ejemplo, la estabilidad macroeconómica exige una profunda reforma del Estado que baje la carga tributaria. Ello junto con una flexibilización del régimen laboral que baje el costo del trabajo son precondiciones para la apertura de la economía.
La otra condición para la salida del cepo, una importante acumulación de reservas internacionales en el BCRA es necesaria para reducir el riesgo asociado con una devaluación. Para llegar a eso se requiere un tipo de cambio competitivo y una tasa de interés y política fiscal que fomenten el ahorro doméstico. De este modo, en la dinámica del ajuste los factores contractivos como el fiscal-monetario y la licuación de ingresos (debido a la inflación) serán compensados por factores expansivos como el aumento de exportaciones, sustitución de importaciones, recomposición de ingresos vía menor impuesto inflacionario y eventualmente la recuperación del crédito y la inversión privada.
Flotación y cambio fijo
El miedo a flotar la moneda a la salida del cepo podría llevar a adoptar una política de tipo de cambio fijo. Ello implicaría perder la autonomía de la política monetaria impidiendo, por ejemplo, implementar un programa de metas de inflación. La principal y única herramienta de estabilización sería la política fiscal.
Hay argumentos sólidos para la adopción de un tipo de cambio fijo en el contexto de un área de monedas óptima con elevada movilidad de factores productivos, shocks simétricos y una política fiscal centralizada. La Argentina está lejos de alcanzar acuerdos con países para conformar un área de monedas optima.
La flotación del tipo de cambio permite: mantener una política monetaria autónoma que facilita la reducción de la inflación y mejorar el ahorro doméstico (superávit de cuenta corriente); lidiar con la incertidumbre del tipo de cambio de equilibrio; y responder flexiblemente ante distintos tipos de shocks.
Un buen stock de reservas internacionales permitiría intervenir en caso de shocks transitorios sin alterar la esencia del régimen de flotación que seguirá respondiendo a shocks permanentes o cambios en los fundamentos macroeconómicos.
El autor es economista. Ex economista líder del Banco Mundial y ex gerente del BCRA
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