
La dinámica inflacionaria en la Argentina (en donde los tres dígitos anuales de inflación ya son parte de nuestra realidad) no permite darle real importancia a los datos del mes anterior, sino más bien que nos hace esforzarnos por intentar comprender que es lo que viene por delante. Todo lo que nos puedan contar sobre lo que haya ocurrido hace un mes atrás seguramente no se alejara demasiado de la percepción que tuvimos cada uno de nosotros cada vez que visitamos un supermercado, pagamos la cuota de un colegio privado o intentamos salir a comer a algún restaurante. Casi una constante de lo que viene pasando hace un tiempo en la Argentina donde la inflación ya no solo resulta un dato sino que la gente lo sufre cada día mientras ve pulverizarse su ingreso.
Los salarios en la Argentina están en uno de sus peores momentos históricos. Esto genera que cada salto inflacionario tenga un impacto directo en muchas familias argentinas. Incluso cada mes son miles aquellos que caen por debajo de la línea de pobreza. La inflación nos empobrece cada vez más y aquel que tal vez ayer podía cubrir sus necesidades básicas, hoy ya no logra hacerlo. Muchas veces parecen exageradas algunas descripciones de la realidad argentina, sin embargo hoy un tercio de los empleados en relación de dependencia es pobre y muchas veces ni siquiera logra darse cuenta de ello: jamás en la historia del país había ocurrido semejante fenómeno.
La inflación en la Argentina parece ser parte de nuestra idiosincrasia. Nos acompaña de manera sostenida desde hace 80 años (salvo raros paréntesis como aquel brindado por la Ley de Convertibilidad). Hemos atravesado hiperinflaciones, cambios de signos monetarios, quita de ceros a nuestra moneda: por desgracia ya no parece hacernos falta un informe que nos diga cuánto fue la inflación tiempo atrás.
Lo realmente importante del dato de inflación que el INDEC da a conocer cada mes, independientemente de su magnitud o su tendencia, son las causas del mismo. Nadie parece estar en la sintonía correcta para poder esperar en un futuro una merma en los aumentos de precios.

Las recetas hasta aquí han sido las que sistemáticamente han fracasado en la Argentina: controles de precios, controles cambiarios con tipo de cambio atrasado a los valores de mercado, congelamiento en las tarifas de servicios públicos y paritarias salariales como una gran fantasía que la inflación no le gana a los salarios. Todo un gran desaguisado con el que increíblemente seguimos insistiendo como receta para frenar los brutales incrementos de precios.
El nivel de emisión monetaria, un Banco Central quebrado y gente que ya no quiere tener pesos en sus bolsillos parecen no ser temas que el gobierno entienda como posibles causas de desastre inflacionario en el que estamos inmersos. Hasta aquí Alberto Fernández desde que asumió como Presidente de la Nación ha logrado duplicar la inflación interanual: es evidente que tenemos que dejar de insistir con los mismos fracasos.
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