
La decisión del ministro de Educación de la Nación, Jaime Perczyk, de agregar más horas de clase en las escuelas primarias, aunque tomada a destiempo, va en la dirección correcta.
Es indiscutible que en un país donde el 51,4% de los menores de 14 años son pobres, la educación es la herramienta más poderosa que tenemos y el legado más importante que le debemos a las próximas generaciones para poder forjarse un futuro.
Estoy segura de que, si bien la medida no fue implementada aún, ninguna provincia podría estar en desacuerdo con esta decisión de seguir fortaleciendo las trayectorias educativas de los chicos.
Por eso, es incomprensible que todavía haya voces provenientes del sindicalismo docente que insistan en poner palos en la rueda y hacer política con el futuro de los chicos.
Porque la situación es muy grave: según datos recientes del Observatorio de Argentinos por la Educación, a nivel nacional solo el 16% de los chicos termina la escuela a tiempo, y con los conocimientos elementales (estadística que se ve significativamente mejorada en la Ciudad de Buenos Aires, donde 7 de cada 10 chicos finalizan sus estudios secundarios en tiempo y forma). Y, es por eso que, aunque no resuelve el problema de fondo y llega tarde, la decisión del Gobierno de aumentar las horas de clases, es una medida más que esperada.
Por todo esto es que hoy celebro también, con muchísimo orgullo, estar representando en el Congreso a la Ciudad de Buenos Aires, a una provincia que entendió hace mucho lo importante que es promover y defender como principal bandera, la educación de nuestros chicos.
Lo entendió durante la pandemia, cuando de un día para el otro el Gobierno nacional decidió cerrar todas las escuelas, dejando afuera del sistema educativo entre un millón y un millón y medio de chicos, unos 4.100 por día. Frente a esa tragedia, fue el único distrito que salió a pelear por el derecho de todos los niños a estar en sus aulas, con sus compañeros y sus docentes, avalados por la experiencia en los países más desarrollados del mundo y la evidencia científica.
Pero también, la Ciudad entendió la centralidad de la educación mucho antes de eso, en el momento en que se empezó a trabajar para que el 60% de las escuelas contara con jornada completa, cuando se decidió implementar la jornada extendida obligatoria para 6° y 7° grado, cuando se dispuso la escuela de verano y la de invierno.
Y cuando llegó la pandemia intentamos resarcir el enorme daño que sufrieron nuestros hijos durante más de un año fuera de las aulas, adelantando el inicio de clases y extendiendo el calendario escolar a 192 días.
Y está claro que cantidad no es sinónimo de calidad. Por eso, hace años que nos esforzamos para que los contenidos que reciben los chicos y chicas en la Ciudad sean contenidos que les sirvan para la vida, para conseguir su primer trabajo, para definir su vocación y llegar tan lejos como así lo deseen.
Y así se continuó robusteciendo las currículas con contenidos innovadores, adaptándolas al nuevo mundo que les espera a los chicos, incorporando robótica e inglés.
Por todo esto, agradezco que este anuncio del Ministro de Educación sirva para seguir expandiendo los horizontes de muchos chicos que hoy necesitan más y mejores oportunidades. Lamento eso sí, que haya sido a destiempo, porque no hay agenda más urgente que la inversión en el desarrollo del futuro de nuestro país. Una agenda que el oficialismo, enmarañado en peleas de poder, pareciera no estar priorizando.
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